Viajes a París y la simpatía francesa.

¡Buenas tardes a todos!

He vuelto dos semanas después para contaros qué tal me va por aquí… la verdad que estas semanas parece que mi vida se ha normalizado -ya era hora- y estoy estudiando, ya que me lo tomo todo a risa y ya veremos en enero. Pero bueno, ya que eso no es un capítulo muy importante en mi vida aquí, voy a contaros qué cosas interesantes he estado haciendo estas semanas.

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El jueves 8-qué lejos queda, no puedo dejar esto tan abandonado- tuvimos una fiesta de bienvenida internacional de Nord Pas de Calais, sí estas fiestas nunca acaban, que organizó el gobierno regional y venía gente de toda la región y universidades: Lille, Dunkerque, Calais… La verdad que estuvo bastante bien, había un sitio donde habían juegos de mesa antiguos, una pizarra donde podías firmar, juegos varios, stands de la ópera, un photocall, un buzón donde podías enviar postales gratis etc… Además estuvieron toda la noche los del Carnaval de Dunkerque, que son algo así como las chirigotas de Cádiz pero menos salaos y con un toque de “Que trabaje Rita”. También hicieron concursos con los que podías ganar viajes a dónde quisieras, así tal cual, a cualquier lugar del mundo; creo que nunca olvidaremos un mexicano que escogió un viaje a París –pobre mexicano-. Nos dieron miles de regalos, y además las cosas que se supone que había que ganárselas las cogimos tal cual… así que sí, miles de regalos. La cena también fue gratis-VIVA NORD PAS DE CALAIS!!!-, vamos que nos dieron de todo, y nosotros más felices que nada. Esa noche bebimos en Bas-Liévin unos cuantos y luego salimos, como siempre, a la Latina.

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Aquí estamos Manolo, Sabrina (una brasileña) y yo posando en el photocall.

Aprovechando que os he hablado de la simpatía de los franceses regalándonos cosas, vengo a desmontar los “clichés” sobre los franceses que tantos años hemos arrastrado en España. Antes de venir aquí no me preocupaba lo antipáticos que eran los franceses, ya que había venido a Francia antes y me llevé una experiencia bastante buena y venía al norte –aquí no es como en España, la gente más maja y simpática está en el norte-. Aunque desde que llegué, no paro de llevarme buenas impresiones de los franceses, está claro que siempre hay excepciones, pero uno de los factores que han hecho que me sienta tan bien aquí es la simpatía de la gente. No hay ni un día que me haya perdido y al preguntar me hayan ignorado, de hecho, algunos me acompañan un poco y me guían o se meten en Google maps y me enseñan el camino. Y pensaba que era por ser el norte, pero estos dos fines de semana he estado en París y también me han ayudado bastante. Ya no sólo en preguntar dónde está tal sitio o el otro, también hay gente que se interesa por ti, que de donde vienes, que cómo es tu cultura etc… en efecto, Francia no es como nos lo venden en España; quizás hay algo de rivalidad en cuanto a deportes se refiere, pero tampoco es muy relevante. Y ahora viene la mejor historia que representa la simpatía de la gente: el jueves por la noche me había dejado la llave en la habitación de Manolo y él se había ido a casa de un amigo y no volvería hasta una hora y media después, por lo que literalmente estaba en la mierda. Así que decidí esperarlo en la puerta del bâtiment de la residencia hasta que volviera, bajo el frío lillois y con un sueño que me moría… hasta que apareció un francés desconocido que volvía a su habitación, del que aún seguimos buscando su identidad para agradecerle lo que hizo por mi, que me acogió en su habitación. Además, no me ofreció su suelo, me dejó su cama para que yo me tumbara una hora, que fue lo que tardó Manolo, y él se tumbó en el suelo… porque me decía que, también le gustaría que si algún día estuviera en el extranjero, le trataran así. Flipante, por cosas como estas de vez en cuando sigo creyendo en la humanidad.

Ahora pasaré a hablaros de los viajes a París: el sábado 10 salimos a las 8 am un grupillo de españoles a visitar la capital francesa un día, los billetes costaban 2€ ida y vuelta así que fue un “aaaaah amonoooh”. La verdad es que fue bastante bien y visitamos bastantes cosas: Notre Damme, vimos el Petit y Grand Palais por fuera, cruzamos el Puente de Alexandre III, comimos en los Inválidos, vimos la Torre Eiffel, subimos a un mirador, también vimos la ópera por fuera y subimos al Sacre Coeur para ver unos fuegos artificiales. Aunque finalmente vimos pocos fuegos artificiales, ya que eso era un agobio y teníamos que volver a la estación en poco tiempo, de hecho los vimos con el estrés de que teníamos que pasar entre miles de personas para bajar al metro; al final, Laura y yo perdimos al grupo, y aunque nos fue difícil volver a la estación, lo conseguimos, que parecía eso una película de 007. Además, el de Megabus se hizo la picha un lío y nos dijo que el bus iba con tres horas de retraso y luego al final eran quince minutos, pero pudimos volver a casa, que es lo importante.

Yo feliz en el mirador

Ya para completar la semana, el domingo por la tarde fuimos a un bar que se llama “Le cheval blanc” que está en Wazemmes y que os recomiendo fuertemente a todos, por si algún día os dejáis caer por aquí. Los domingos tocan música típica francesa en directo y todo el mundo está super ciego, cantan y bailan; la verdad que da bastante buen rollo y es un muy buen plan después del mercado un domingo, siempre y cuando te sientas con ganas de salir y no hayas volcado el día anterior.

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Esta última semana hemos celebrado el cumpleaños de Laura, hicimos una cena con los italianos y fuimos a una fiesta de Lille 2 que acabó algo trambolika. Pero lo más remarcable de esta semana es que volví a París… resulta que José Marcos venía a visitarme y yo había programado un fin de semana parisino de lo más completo, pero en el último momento mientras yo viajaba en mi querido Megabus a las 6 am me llegó la noticia de que tenía el DNI caducado y no podía volar… así que recordad mirar siempre vuestro DNI antes de volar, y así os evitáis ir sin identidad por la vida y provocar atentados; es algo que segurísimo no nos vuelve a pasar nunca más. Pero bueno, aunque el chasco fue enorme, ha sido mi primer viaje sola y, dentro de lo que cabe, ha salido mejor de lo que pensaba. El sábado paseé por los Campos Elíseos, el Jardín de las Tullerías y el Louvre; entré al Museo de Orsay, que por cierto europeos de 18 a 25 años, todo lo cultural en París la entrada es gratuita presentando el DNI; y después, dando un paseo por el Sena, baje a Notre Damme y llegué al Panthéon, me perdí bajando hacia Montparnasse y decidí coger el metro. Como nunca había visto el Moulin Rouge, pues me acerqué a verlo; y como tampoco había visto la Torre Eiffel de noche, pues también fui para allá.

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El domingo fui a Montmatre para verlo bien ya que nunca lo había visto y, una enamorada de Amélie como yo, es algo que no puede perderse. Además, fui visitando los sitios de la película cual friki, incluso el Canal de Saint Martin donde hace rebotar las piedras, pero me hizo muchísima ilusión, al final terminé en el Sacre Coeur contemplando París cual bohemia solitaria. Ese día sí que pude entrar al Panthéon, visita que recomiendo ya que te cuenta la historia de Francia de un modo diferente y curioso, y paseé también por los Jardines de Luxemburgo –aka el Retiro francés-. Como veis, viajar solo es una experiencia a la que os animo a todos, la verdad que yo siempre había querido pero nunca había tenido la ocasión… claro está que este fin de semana no era mi intención viajar sola, pero dadas las circunstancias y sacando el lado positivo: me ha gustado mucho y repetiré. Además de que puedes hacer lo que te da la real gana: comer andando porque no tienes tiempo, pero luego pararte quince minutos a escuchar a un hombre tocando el piano; no dependes de nadie, sigues el camino que quieras y es una experiencia de lo más gratificante.

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Por lo demás esta semana tiene pinta de ser más tranquila, ya no porque el lunes comienza la semana de tous les saints-una semana de vacaciones gratuitamente aquí- y nos vamos a Bélgica, sino porque ya estoy más centrada. Pero tampoco mucho, que ayer tuvimos una “Soirée des étudiants” en la Gare Saint Saveur, ¡que hay tiempo pa’ tó! Y no podemos ahora olvidarnos de la fiesta, que estamos de Erasmus y hay que hacer honor a eso, no vaya a pensar la gente que hacemos algo más que salir de fiesta y viajar.

Y eso es todo, espero que no se haya hecho muy largo y que no me haya dejado nada, pero es que tenía mucho que contar. Espero volver la semana que viene para contaros nuestro tour por Bélgica y no dejar olvidado esto, que parece que ya no tengo tiempo para nada.

Un besazo enorme.

Marini.

Cómo salir de fiesta por Lille y no morir en el intento.

Buenoas tardes a todos y todas:

Como supongo que habrá algunos que lleguen a este blog buscando por Google: Lille, erasmus, blabla…; o quizás simplemente queréis saber cómo se sale por aquí; o sois mi familia y queréis saber qué hago con mi vida… hoy os traigo una nueva sección que se llamará: “Como (hacer algo) en Lille y no morir en el intento”, y aprovechando que esta semana he hecho poco más que salir, os hablaré de cómo se sale por Lille.IMG_20151006_163650 [109970]

He intentado buscar alguna en la que mi mirada os dijera cómo me sienta salir de fiesta por Lille y he encontrado esta de yop metida en un vaso:

El plan de tranquileo: es decir, el tomarte un par de cervezas en un bar y volverte a casa en plan afterwork-ois que chic me ha quedado-. Señalemos que AQUÍ UNA PINTA POR 3-4 EUROS ES “””BARATO”””. Lo señalo de esta manera porque me sorprendí el otro día diciendo: “oh una pinta por 3.50€ ¡qué barato!”, y me acordé de la Marina murciana del pasado que pagaba máximo un euro por quinto-y le parecía caro, gracias Iberos– y las pintas a como mucho a 2€-gracias Maraña-. Por tanto, si estás a principios de mes, quieres de luxury un día o vas tan ciego que te da igual el precio,que es lo que suele pasar siempre, pues puedes permitírtelo… de todas maneras siempre acabas encontrando bares chulis que tienen buenos precios-siempre comparando con Francia y no con Murcia-. Ahora, también hay que recalcar que aquí pagas por la calidad, no quiero desprestigiar a la Estrella Levante, ni mucho menos, pero la cervezas de aquí están buenísimas, hay muchísima variedad y rondan los 10 grados. Por tanto, un día sales a tomarte unas cervezas de tranquileo, te tomas un par y dices: “uy, pero qué ciego más tonto” y además, la cerveza da resaca, resaca de la buena.

La verdad que aquí hay barecillos bastante bonicos, sobre todo en le Vieux Lille aunque son más caros, y puedes irte de postureo a escuchar música en directo; o puedes irte a bares menos pijillos pero también guays en Wazemmes-aunque yo aún no los he probado- y la zona de Gambetta, en la que hay un bar que es igual que Republika en Murcia.

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Uno de los primeros días que nos creíamos ricachones e íbamos a beber cerveza.

El plan fiesta en casa: que aquí se lleva mucho porque hace mucho frío. Yo por la noche yo ya llevo el abrigo que me sirve para Murcia en invierno, aún no he sacado el plumas porque me parece excesivo, pero no tardaré mucho… En el fondo tengo poco que explicar de este plan porque no tiene mucho misterio: juntas a unos amigos, los metes en la casa o en la chambre de la resi y compráis alcohol.

Siempre nos quedará el Auchan para comprar la cerveza y el vino a precios adsequibles; y también tenemos la ginebra tipo sheriton, que se llama “Hamilton” y cuesta unos 8€ y para unos cubatillas está bien, que hay que darle descanso al hígado.

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El plan botellón: parece ser que no está permitido beber en la calle a partir de las 22h pero tampoco me he enterado muy bien, aunque parece que si no la lias muchísimo no pasa nada. Tampoco es que tenga mucho que explicar pero seguiré la línea de todos los planes… juntas a unos amigos, os vais a un sitio, lleváis alcohol e intentáis no morir del frío. De momento puedes hacer botellón sin morir del frío, a no ser que seas excesivamente friolera, pero no sé cuánto durará esto. Además tienes un moro, aquí no hay chinos y si los hay no son como los españoles, que es 24/7-que no es 24 horas pero él se lo cree-al lado de Network, muy cerca de la calle Solferino y Massena-donde se sale de party jard- que vende cosas a precios no muy altos y para un apuro te salva. Por cierto y una de las cosas más importantes, aquí se bebe sin hielo… pero el moro 24 horas que cierra a las 2-3 am si vende-un punto para él- aunque al final te acabas acostumbrando. Puedes quedarte en cualquier plaza o irte a la Citadelle en plan botellón en parque verde, n’importe où! Siempre y cuando no bebáis en la puerta del bar o discoteca a la que queráis entrar, porque como os vean puede ser que luego no os dejen pasar.

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El plan party jard: que puede darse conjuntamente con el plan botellón o fiesta en casa, o incluso con el plan tranquileo si te han liado demasiado.

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Nosotros cuando nos liamos demasiado.

Creo que aquí es donde más voy a escribir porque es digno de estudio cómo salen aquí. La gente del norte de Francia, y no sé si el resto, bebe muchísimo, pero muchísimo, muchísimo de volcar, y lo mejor es que van tan borrachos desde las 23h hasta las 4-5 am. No sé qué beben, no sé de donde sacan el dinero para emborracharse tanto pero en algunos casos es penoso… gente por los suelos, peleas, policías pegando a gente borracha… porque además aquí ni la policía, ni los porteros de discoteca se cortan un pelo. Es decir, tu estás muy borracho en una discoteca y el portero te ve liándola y va y te echa a patadas, o te coge del cuello, que eso también lo he visto yo, y nadie se inmuta porque parece lo más normal del mundo. Y tú dices “ah pues lo mismo es que la estaba liando mucho…”, pero no sé a mi me dejó bastante impactada la forma de echar a la gente aquí. Y cómo no hablar de los porteros de discoteca que no te dejan entrar porque eres español… esos GRANDES Y SIMPÁTICOS porteros que gentilmente te dicen que mañana podrás pasar pero hoy no, y vuelves al día siguiente y tampoco te dejan pasar porque no; y hay un grupo de franceses haciendo ruido al lado tuya, pero tú no puedes pasar porque el grupo de franceses, que ahora resulta que son tus amigos, están haciendo mucho ruido… pero que cuando ellos van a entrar de repente sí pueden, pero tú no; que no puedes entrar porque te han visto bebiendo en la cola y si entras no vas a consumir… -bueno esto a lo mejor tiene más sentido pero en España no pasa y me gusta quejarme-. Todo esto son historias reales que, aunque algunas no me han pasado a mí directamente, son bastante comunes. Pero claro, el mismo portero que no deja entrar a españoles, otro día vas con franceses y puedes pasar sin problema, e incluso te ayuda a ponerte el abrigo a la salida y todo.

Pero bueno porteros y borrachos aparte, la fiesta aquí está muy bien… las fiestas suelen ser gratis salvo que sea alguna privada de alguna universidad, que a lo mejor hay que pagar 2, 3 o 5 € y te da derecho a copas y cervezas más baratas. Las discotecas suelen estar bastante petadas, a no ser que salgas un miércoles que hay menos gente, pero hay mucha variedad de sitios. Los tipo bares/pub con música alta suelen ser pequeños y mucha gente pide y se sale fuera, también porque aquí fuma mucha gente, aunque cueste un riñón el paquete de tabaco; las discotecas suelen ser grandes, pero como va muchísima gente y la temperatura pasa de ser de 5 grados a 50 en cuestión de segundos, a veces terminas saliendo fuera para respirar. De música te encuentras de todo: hay bares latinos (VIVA LA LATINA) que aunque tienen la música un poco anticuada, los españoles estamos renovando el repertorio; hay discotecas de electro-casi todas porque es lo que más se lleva-; de música guay-alternativa; de pachangueo francés, que nunca te sabes la letra de ninguna pero ves a todo el mundo tan feliz que haces como que te la sabes; de música de los 80; una sala Rojas francesa que se llama “La Relève”-en la que tienes que entrar después de haberte metido-, que es una paranoia de sitio en el que tienes que bajar unas escaleras, llegas a un sótano-antro con luces rojas y da la impresión de que aunque estés cuatro horas no han cambiado de canción; y hay algunas otras que ponen un popurrí de todas las músicas. Resumiendo, que aquí puedes salir a un montón de sitios sin aburrirte, aunque siempre acabes en la latina prometiendo que no volverás jamás.

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Nosotros prometiendo que jamás volveremos a la latina.

Lo bueno también de Lille es que esto es el norte y la gente es muy simpática, por tanto, haces muchísimos amigos de fiesta. Por así decirlo es como cuando sales por Murcia, conoces a unos en una discoteca o un bar y acabas con ellos toda la noche de risicas sin conocerlos de nada. Pues eso aquí pasa mucho, y por lo que he hablado con otros españoles, a todos nos pasa lo mismo: te integras en un grupo de franceses que te oyen hablando otro idioma o francés raro y deciden hablarte en español a lo: “Hooola io hablo espaniol un pokiiito”, acabas yendo de fiesta a un sitio con ellos y estáis un buen rato, los pierdes y nunca más vuelves a saber nada de ellos.

Prototipo de hamijo que haces una noche y que te enseña sitios guays pero nunca lo vuelves a ver :(

Prototipo de hamijo que haces una noche y que te enseña sitios guays pero nunca lo vuelves a ver 😦

Para terminar diré que además de salir he hecho otras cosas esta semana, que no se preocupe mi familia que no me he vuelto una borracha: estoy haciendo deporte, me he apuntado a un curso de fotografía, he visitado un museo y he ido a toodas mis clases, o bueno, casi todas y estoy empezando a subrayar mis apuntes… ¡Qué hay tiempo para todo!

El museo al que fuimos se llama “La Piscine” y está en Roubaix, el precio por entrada ronda los 4€ según lo que he visto; pero los franceses son guays y los primeros domingos del mes todos los museos son gratis. Aquí os dejo una foto de cómo es el museo, y aunque la colección no sea del todo impactante-hay cosas bonitas que no es que la colección sea fea ni mucho menos-, que haya un museo tan bonito dentro de una piscina olímpica del siglo pasado es algo bastante curioso que merece la pena visitar.

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À bientôt!

Marini