Cómo aprobar Derecho en Lille sin morir en el intento.

¡Buenos días a todos!

Como muchos sabréis por el follón que he dado por Snapchat y algunos por Whatsapp, estas últimas semanas –del 4 al 15 respectivamente– he estado llena de exámenes.

Ahora podría llenar mi post de fotos de mi escritorio lleno de libros y poner: “lo que no te cuentan del Erasmus”, “yop con un subrayador en la boca: los Erasmus también estudiamos”, blablabla… pero me limitaré a decir que sí, que en el Erasmus también hay que estudiar. Pero para nada al nivel de España, con una pasimonia y una tranquilidad absoluta. De esto que te quedan sesenta páginas y el exámen es en ocho horas… pero no importa, porque ante todo, eres Erasmus.

No sé cómo será en otras universidades, ni en otros países, ya que yo hablo de Francia, de Lille y de Lille 2 en Derecho. He visto gente llena de trabajos, exámenes que salen de debajo de las piedras, pero luego estábamos nosotros, que no teníamos nada.

El mejor momento es el día que llegas a la Université Lille 2, después de haber subido unos ochenta pisos para llegar a Relaciones Internacionales, y encontrarte a una mujer que parece que vive contenta y te explica cómo va la universidad; después de haber rellenado ochenta papeles y haber caído en la cuenta que te has dejado el cráneo con el Learning agreement para nada. Porque ahora las diez asignaturas que te habías programado, no existen, o bueno si existen pero con nombres diferentes, y parece ser que están en el segundo cuatrimestre. Porque claro… aún no saben cuales son las asignaturas del segundo cuatrimestre y tampoco saben cuando serán las fechas de los exámenes.

En este momento, bendices la Universidad de Murcia y su organización.

Así que bueno, tienes que estar dos semanas haciendo un tour para ir a clase y probar las asignaturas que has decidido cogerte, equivocándote de clase, habiendo cogido asignaturas que no tienen nada que ver con lo que se supone que tienes que dar; que tienes que cambiar la matrícula de España, que en España pasan de ti… pero aún así, todo se soluciona y vuelve al principio del segundo cuatrimestre. Aunque bueno, ante todo, calma.

Al final tienes tus asignaturas, consigues apuntes del año pasado para al menos hacer que sigues las clases, haces un amigo de cada clase –al que luego acosarás para conseguir apuntes-, no vas ningún viernes a clase porque la resaca te lo impide, vas al último día haciendote la interesada por la materia, intentas tomar apuntes pero fallas en el intento, no entiendes por qué sigues yendo a clase si no entiendes nada, y así en círculo vicioso.

También ves que, como eres Erasmus, no tienes TD-que son unos trabajos tipo prácticas pero muy extensos-, y que en el fondo sólo tienes que ir a las clases magistrales no obligatorias y que acaban el 20 de noviembre y tienes casi dos meses de vacaciones, aunque al final parece que vives de vacaciones. Así que te pasas casi todos los meses sin hacer nada, yendo de vez en cuando a la biblioteca a ver qué se cuece, quejándote de que en el fondo tienes mucho que estudiar… pero al fin y al cabo, vives de vacaciones.

Aunque al final no es todo tan maravilloso porque a mitad de diciembre te llega un correo con las fechas de los exámenes… y ves que tienes uno el 4 de enero, dos el 12 a la misma hora, otro el 13 y otro el 15. Pero claro, es navidad, es tiempo de estar con la familia, con los amigos, de estar en casa unos días… y vuelves a Lille con el tiempo a contrarreloj, teniendo que estudiarte unas sesenta páginas al día para llegar bien a cada exámen. Y bueno, el agobio se multiplica, pero con café, té y la sala de estudio de la resi se lleva todo mucho mejor.

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Y llega el cuatro de enero –porque y lo maravilloso que es no tener reyes pero sí un examen el cuatro de enero– y con él, el primer examen: escrito, sobre contratos mercantiles. Entonces aparece tu compañero de Benidorm rayadísimo, que parece que sólo ha venido a Lille a hacer esa asignatura porque es la más difícil de toda la carrera, y no sabes cómo va a ser el examen, pero confías en que será fácil aunque la materia no lo sea. Y allí llegas, sin estar en ninguna lista –porque los Erasmus somos los alumnos fantasmas de la facultad-; y te entregan un folio en el que pone dos opciones, a elegir una, para hacer una disertación y no sabes ni de lo que habla. Así que decidís decirle a la profesora que no entendéis nada –porque los Erasmus ante todo, somos tontos-, y os dice que le habléis de la venta comercial y las leyes que la rigen –aka todo el temario a modo resumen-, y en ese momento es cuando bendices estar en Lille y no en Murcia, donde te hubieran acompañado a la puerta.

Y celebras, lo celebras todo, porque cualquier excusa es buena para una pequeña celebración. Celebras el roscón lejos de casa, pero con buena gente y galette de rois rellena de manzana. También te comes un kebab para celebrar los reyes, pierdes la tarjeta de la residencia, te enteras de que vale 200 euros una nueva; lloras, pero el kebab te devuelve la tarjeta el mismo seis de enero y decides que a Nord Pas de Calais también vienen los reyes. Sales un viernes pese a que la semana siguiente tengas cuatro exámenes, prometes no volver tarde y llegas a las cinco de la mañana.

 

También han habido exámenes orales, que además de que te ayudaban bastante, eran muy pasables y siempre podías tener más suerte -no en mi caso, obviamente, la ley de murphy se creó para mi-. Ante todo tú viniste a Francia sin saber nada de francés, has trabajado mucho y has mejorado mucho, tu familia está orgullosísima de ti y eso es lo que tienen que saber todos los profesores. Además de que, ante la duda, lo entiendes pero no sabes cómo explicarlo en francés.

Y que bueno, pese a tenerlos hasta el mismo día y hora y todos concentrados en una semana, lo hemos conseguido, hemos terminado los exámenes e incluso me atrevería a decir que aprobado.

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Gloriosos, tras haber acabado –y ciegos también-

Bueno quería dar las gracias a todos mis compañeros de Lille 2 que han sufrido lo mismo que yo esta temporada de exámenes y nos hemos apoyado mutuamente: a mi compañero de Bas-Liévin Manolo que siempre le caía lo que mejor se sabía y que podía dormir con la incertidumbre del qué caerá; a Javi el conde del Alfaz del Shit, siempre tan rayado y preocupado; y a Ainara por las fiestas en épocas de exámenes son la mejor solución a haberlo dejado todo para el último día y los agobios por whatsapp. El segundo semestre, repetimos.

Y ya, finalmente, como siempre después de los exámenes del primer cuatrimestre, te prometes a ti mismo que esto no te volverá a pasar y que vas a estudiar antes y más… pero ¿a quién vamos a engañar? Si no lo cumplimos en Murcia… ¿vamos a cumplirlo de Erasmus?

Un besazo enorme y volveré para contaros mis viajes post-exámenes.

Marini.

 

 

Navidades sorpresa.

¡Buenas noches a todos!

Y sí, volví a casa por navidad, como el turrón.

Aunque mi propósito era pasar las navidades aquí en Lille, que ya se ha convertido totalmente en mi hogar, y volver en enero tras los exámenes; un mes antes decidí volver a casa. Pero, como tengo complejo de papá Noel y me gusta ir por la vida dando sorpresas, decidí volver sin decírselo a nadie -salvo a unos pocos que me ayudaron con la sorpresa-. Y todo esto después de haber mandado Christmas a toda la familia y amigos, y aunque algunos llegaron demasiado a destiempo, la sorpresa no podía salir mal.

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Así que, el 17 de enero, un día después de haber vuelto de Polonia, después de haber acabado con todas las reservas de comida de mi casa -patatas y algo de ratatouille del Auchan-, me embarqué en un Blablacar con destino Beauvais, donde volaría a Alicante. Pese a haber cogido el vuelo con poco tiempo de antelación, el precio fue de 23 € y si lo hubiera sacado un día antes me hubiera salido por 10€ menos. Aunque el coche llegó algo tarde, una media hora, y el hombre no contestaba -cosa que desembocó en que casi me diera un ataque de nervios en mi querida Porte de Douai- llegé a tiempo al aeropuerto y sin ningún problema. El vuelo además de ir petado, me hizo comparar el escándalo que montamos los españoles con el silencio del avión lleno de polacos y belgas del día anterior.

Al aterrizar a las once de la noche, me llegó un whatsapp de mi amiga Sofía, que decía que estaba mirando vuelos para venir a verme… que no aguantaba un año sin verme -¡pobre ingenua!-. En el aeropuerto me esperaban Manolo e Ismael que me llevarían a Atalayas, porque claro… después de estar casi cuatro meses sin pisar mi tierra y mi casa, tenía que llegar por todo lo alto: en la Nochevieja universitaria y ya era demasiado tarde para llegar a casa.

La verdad que me hizo muchísima ilusión el reencuentro sorpresa con todos mis payicos juristas, a los que llevaba sin ver desde los exámenes de julio o incluso antes -además en un sitio como es Atalayas, nuestra casa los jueves-. Pero más ilusión me hizo el reencuentro con Sofía, que se puso a llorar nada más verme porque obviamente lo último que me esperaba era verme allí.

1604706_10208596155890604_2099880399045245321_nDespués de una noche trambolika, llena de risas, de reencuentros, de recuerdos y después de que obviamente nos echaran de Teatre al ritmo de Raphael,  decidí ir a ver a mi amiga Pilar. Mi amiga Pilar es aquella que, pese haberle mandado Christmas y haberle dicho mil veces que no iba volver, ella estaba convencidísima de que seguro que volvía. Así que llamé al telefonillo a las siete y media de la mañana –porque para Pilar el día empieza a las cinco de la mañana aprox-, desayuné con ella y me llevó a mi casa donde se supone que estaría mi madre.

Y sí, digo se supone porque ese día mi madre decidió que era buena idea ir a Jacarilla –el pueblo de mi abuela, el cual va como mucho una vez al año-, así que cuando fui a sorprenderla, la sorpresa me la llevé yo viendo que no había nadie en casa. Como no llegó hasta la hora de comer, me dio tiempo a seguir viendo a parte de la familia y a observar con asombro mi frigorífico rebosante de comida de calidad –de verdad que, aquellos que vivís fuera, comprenderéis esa sensación-. Mi madre al llegar, se esperaba tan poco verme ahí que creo que aún sigue procesándolo.

Ya para terminar la ronda de sorpresas: el sábado sorprendí a mi querido Paquito en la estación de trenes, después de que el día anterior me dijera que le daba mucha pena que pasara la navidad fuera de casa y que me había mandado un regalo –te quiero-, y cuya cara al bajar del cercanías Alicante-Murcia quedará grabada en mi memoria para siempre; y a mi señor padre, que también se esperaba bastante poco encontrarme en casa y como regalo me ha llenado de combinados estas navidades. Hubo a gente que me faltó por sorprender, Elena, pero volvía demasiado tarde a Murcia.

Y bueno, después de relatar los reencuentros más bonitos, sólo diré que he pasado unas fiestas increíbles haciendo lo que me ha dado la gana… cosa que no hacía desde hace dos años por los exámenes –aunque he tenido que estudiar algo por los exámenes de enero de Lille, pero tampoco es que me preocuparan tanto, ¡que estoy de erasmus!-. He ido a la playa, he salido de aperitivo en Nochebuena, he ido a Republika/ Maraña/ Musik/ las Tablas, he disfrutado con la familia y con los amigos, he comido ensaladilla rusa de mi madre/ croquetas/ paella/ jamón del bueno/ verduras de las de verdad/ cocido/ pollo al curry/ sushi/ chino/ COMIDA EN HORNO, he vuelto a beber bazokas, he encontrado la sala de flamenco de Musik, he tenido cenas hamijales, he ido de compras, he tomado miles de cafés, he vuelto a la estrella levante y las pataticas con limón pimienta y olivas y un largo etcétera… en fin, que he aprovechado las navidades murcianas, además con unos veinte grados y un solazo que ya quisiera Lille.

Agradecer a todos aquellos que han hecho que las navidades sigan sin perder la magia, pese a los exámenes; a mi familia, por demostrar que siempre están ahí, y por el gran día de Navidad en el que nos sentamos a comer a las dos de la tarde y terminamos la sobremesa a las nueve de la noche; y ahora me toca agradecer a mi madre, por los malabares que ha hecho para cocinarme todo lo que quería en los escasos diez días -en los que, además, nunca estaba en casa- aunque ahora no quiera volver a comer hasta 2017 mínimo.

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La vuelta a Lille fue el 29 de diciembre, aunque como ya tenía ganas de volver a ver que me depararía esta segunda parte del Erasmus, no se me hizo dura.

La nochevieja la pasamos con Bellinda, una amiga francesa que estuvo de intercambio en Murcia. En la que Manolo, como no, se ocupó del menú –aunque mis canapés de jamón serrano con tomate salieron muy buenos-. Cenamos canapés, cerdo en salsa de vino blanco y platano con chocolate; y nos tomamos las uvas rodeados de franceses y a contrarreloj porque casi no llegamos a poner las campanadas.

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JAPI NIU YIAAAAR!

Después de eso fuimos corriendo, ya que era el último, pero lo perdimos y como nos quedamos un ratillo en la estación… las puertas se cerraron y no podíamos salir. Tras nuestra heroica salida hicimos botellón en la plaza de Porte de Douai porque unos amigos de Bellinda iban a venir a llevarnos a Roubaix. Ya allí, entramos a una “soirée africaine”, o eso me dijeron al llegar al piso, algo trambolika y random, que consiguió que pasara la nochevieja más inesperada de mi vida. No sé si fue que tuve que abrir la puerta del baño porque una chica potaba, o el chico potando en la bañera, o los marroquíes bailando el paso que bailan todos los marroquíes, o gente meando por el balcón, o la música africana con Bellinda poniendo el perdón…

Pero bueno, tuve lo que quería: una nochevieja diferente, y tan diferente.

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Quitando fiestas y comentarios amorosos a mi hente de España –y de feisbuk, y de tuirer, y de instagrammm- informaros de que: HE EMPEZADO LOS EXÁMENESSSSS! BIEEEEEEN! Porque el Erasmus no podía ser todo salir, viajar y hacer cosas trambolikas y ahora me toca enclaustrarme hasta el 15 de enero –porque aquí empezamos el 4 de enero, los reyes para las cabras-. Pero, volveré, para contaros mis exámenes –porque como sean como el que he hecho hoy, van a dar que hablar- y mis próximos viajes: Ámsterdam y Budapest.

Un besazo muy grande.

Marini, desde su exilio en la salle d’étude de Bas-Liévin.