Crónicas de un viaje a Copenhague sin gastar un duro.

¡Buenos días!

Dicen que los japoneses con sus métodos de ahorro, son los que menos gastan –en el fondo esta frase me la acabo de inventar- pero creo que no nos habían visto a nosotras…

Y aquí estoy un día más relatando nuestro último viaje, que no pudiendo salir peor, y aún siendo un disappointment como la copa de un pino, tuvo tantas risicas que merecen ser recopiladas. Esta entrada podría ser también una guía sobre cómo sobrevivir sin apenas gasto, así que voy a poner todo lo que nos gastamos y cómo lo gastamos (65-70€),  para que veáis cómo se puede viajar muy barato, que no hace falta ser rica para ir de viaje –aunque si lo fuera tampoco estaría mal-. Como introducción diré que la comida nos la llevamos de Lille para comprar lo mínimo e imprescindible allí, yo llevaba: un kilo de zanahorias y otro de manzanas, un paquete de pan bimbo, jamón york y queso, galletas príncipe de vainilla marca LIDL, chocolate con fresas, ratas, galletas TUC y tres pastillas de avecrem.

Yo ya decidí que debería parar un poquito este mes, que debería disfrutar un poco lo que pago de residencia; pero es que no me puedo resistir a Ryanair y sus ofertas tentadoras… Además el viaje a Copenhague era un viaje que queríamos realmente hacer y cuando vimos que a una semana la ida y vuelta costaba 20€ no pudimos decir que no. Ya sólo quedaban los Flibcos, que con tan poca antelación nos salieron por 28€ ida y vuelta desde Charleroi con una gran noticia: como nuestro vuelo salía a las 7 am, teníamos que coger el autobús de las 3:30am, que iba lleno… y claro, ¿cuál era el autobús de antes? El de las nueve y media de la noche… y así es como tres valientes chulillas pasaron una noche de locura y desenfreno en Charleroi. Durmiendo cual vagabundas en medio del pasillo hasta que un “”buen”” hombre nos despertó a patadas y nos echó, trasladándonos entonces a los bancos del interior.

En el vuelo como siempre, durmiendo, hasta que un niño aterrizando me despertó chillando: “VAAAAAAACA, VAAAAAAACA”. Y allí estábamos en el aeropuerto de Copenhague a las nueve de la mañana. Cogimos un tren que costaba unos 5€ –a robar carteras que no hay pasta para comeeeeh– y aparecimos en la estación central. No pensamos en ningún momento en dejar el equipaje en consigna, así que íbamos cargando con las mochilas y Ari con una maleta –y todo lleno de comida, que Copenhague es muy caro-. Encontramos un café take-away por 1€ y nos compramos uno de la emoción.

Lo primero que hicimos fue un free tour, que sale desde la Plaza del Ayuntamiento a las once de la mañana. Vimos todo el casco histórico y lo más emblemático, y después de unas tres horas y algo nos habíamos liquidado casi toda la ciudad. Comenzamos hablando del Ayuntamiento y la estatua de Carlsberg, y su casa; de Tivoli, que es el parque de atracciones más antiguo de Europa; pasamos por el Palacio de Justicia y la vieja y nueva plaza que se cruzan con la calle comercial más larga de toda Escandinavia; seguimos pasando por lo que fue la casa de Andersen y el Teatro de comedia; y hablamos mucho de lo caro que era todo y las cosas raras que hacen los daneses: como dejar solos los carritos de los bebés, con los bebés dentro, fuera de las tiendas y cafeterías, y entrar y salir como si nada. Pasamos por Nytorvlas típicas casitas de colores donde todo el mundo se hace fotos- e hicimos una parada en el Barissimo, que se ha convertido en nuestra cafetería oficial. Después paseamos hasta el Palacio real y terminamos el tour en la ÓperaEl guía, como siempre: genial, nos contó muchísimas pero muchísimas cosas –nos costó retenerlas todas- y le dimos la generosa propina de 3.33€ cada una.

Tras preguntarle unas cuantas cosas que hacer, nos dirigimos a ver la “”grandiosa”” sirena de Copenhague, y sí, como dicen: una de las grandes decepciones de Europa, porque no tiene prácticamente nada… salvo que bueno, nos la habían pintado tan mal que la vimos hasta grande. Allí no dudamos en hacernos la foto postureo –obviamente sólo íbamos a eso- y comimos al sol, que hacía un día de esos que no se ven en Lille. Os ilustro la situación: Laura con su mochila naranja de Agatha Ruiz de la Prada –la típica que te regalan por la comunión, más grande que tú y se convierte en tu mochila de piscina, aunque nadie la conserva salvo Laura- y un bolso negro grande, abre su bolso y empieza a sacar pan bimbo, pechuga de pavo y queso; Ariadna con una mochila y una maleta que parece un maletín lleno de billetes, abre la maleta rebosante de comida y saca un fuet del Pozo y pan bimbo; yo, con mi viajera mochila vaquera que un día de estos revienta –otra vez- y la mochila de Nord-Pas de Calais con toda la ropa dentro, saco el pan bimbo que no llevo ni un día de viaje y ya está cual acordeón. Y ese ha sido nuestro pan de cada día este viaje.

Esa tarde fuimos por la Citadelle danesa hacia la Catedral, que es muy bonita por cierto, pero lo mejor de la catedral son las sillas donde nos pegamos la mejor siesta de dos minutos de nuestra vida.

Después de una parada en nuestro Barissimo, un paseo por la calle comercial y una parada en McDonald’s con un café gratis por guapas y reinas, fuimos a la estación donde habíamos quedado con Stiffen, un viejito de setenta y cuatro años que nos acogería dos noches.

Yo no he tenido muchas experiencias con Couchsurfing, pero lo de este hombre era flipante: vivía en una casa bastante grande con unas cinco habitaciones, dos baños, una cocina, un salón y un estudio. Como vivía solo, se dedicaba a acoger a couchsurfers y llegaba a tener 16 personas en su casa, así llevaba seis años y habían sido ya 367 personas las que habían pasado por su casa; lo mejor, que el hombre no pedía nada a cambio, ni de hecho utilizaba couchsurfing para viajar. De hecho, si era necesario hasta dormía en un colchón en el suelo en su estudio. Además nos dejó una tarjeta para que los viajes en tren al centro nos salieran a la mitad de precio. Vamos, que su casa era prácticamente un hostal orientado a Couchsurfing y aún nos seguimos preguntando el porqué.

Esa noche estuvimos hablando con unas lituanas y cenamos una rica sopa de avecrem con fideos hechos de trozos de espaguetis y zanahorias, que nos supo a gloria por cierto.

Al día siguiente fuimos al Aldi a comprar algunas cosas, y unos bombones para Stiffen que se había portado genial con nosotras, gastándonos unos 3-4€Bajamos a la ciudad y buscamos una parte que se supone que esta llena de graffitis, pero no vimos nada o si lo vimos no era lo que esperabamos. Paseamos de nuevo por el centro histórico, haciendonos unas cuantas fotos chulillas para nuestros books viajeros, y acabamos comiendo en Nytorv al sol, luego obviamente fuimos a nuestro Barissimo donde nos sentamos a calentarnos en un solarium –también conocido como la barra de la cafetería que daba a la calle donde daba un resol que daba gusto-.

 

Tras nuestra parada, fuimos a Christiania, una ciudad libre dentro de Copenhague al más modo ciudad sin ley, anarquista y donde puedes comprar droga como si fuera el Mercadona, de hecho tienen el hachís expuesto que parece Toblerone. La ciudad está llena de graffitis y casas muy alternativas-hippies, y lo único que te piden es: que no corras y no hagas fotos donde está la droga, y que te lo pases bien; de hecho, los camellos están casi todos detrás de una telilla o con la cara semi-tapada por el tema de la policía secreta. La policía se supone que no puede entrar, pero hacen unas dos redadas al año y la secreta entra para ficharlos y pillarlos por la ciudad de Copenhague, donde la droga está prohibidísima. Por tanto, una ciudad bastante curiosa y muy muy chula, además pese a no haber policía, ni control alguno, no hay inseguridad y muy buen rollo. Pese a que temimos por nuestra vida, por una historia cuanto menos graciosa, las tres aventureras conseguimos escapar y salvar nuestra vida de los gambianos.

Volvimos a casa después de una parada en McDonald’s y otra para sacar cien coronas para darle a Stiffen por el transporte, que nos salió al final por 5€ porque somos un poco chanchulleras y tramposas. Tras volver a casa nos compramos un paquete de Digestive por menos de 1€ para sobrevivir al día siguiente. Cenamos junto a otras españolas que acababan de llegar a casa de Stiffen y una austriaca, y ya después de firmar en el gran cuaderno de los couchs de Stiffen y hacernos la foto de familia, nos fuimos a dormir.

IMG_20160217_232502 [31355]

Al levantarnos el último día estaba todo nevado, y como estábamos muy perezosas nos pasamos toda la mañana haciendo el vago hasta que a la una de la tarde decidimos salir de la casa. Como ya no teníamos la tarjeta de Stiffen, decidimos hacer autostop, pero nadie nos paró y acabamos colándonos en el tren –donde menos mal que no nos pillaron porque son cien euros de multa-. Este ya, último día, lo pasamos dando una última vuelta por la ciudad: fuimos perdiéndonos a un parque donde está el castillo de Rosenburg, el cual se supone que inspiró a Shakespear para escribir Hamlet, y allí comimos. Después de una última parada en el McDonald’s y un encuentro con los Gambettas, volvimos a la estación para coger un tren que nos llevaría al aeropuerto por el precio de 5€

Nuestro avión con destino Charleroi saldría con veinte minutos de retraso, pero llegó puntual. Después nos sentaríamos donde el primer día dormimos para terminar con la poca comida que nos quedaba, y ya cogimos el Flibco que nos llevaría a Lille.

Y así es como termina otro viaje, ¿que qué opinamos de Copenhague? ¡Copenhague una mierda! No, tampoco eso, yo como fiel defensora de la ciudad diré que es muy muy normalilla, no tiene mucho de especial y si vas con las expectativas altísimas –como es nuestro caso- pues te llevas un disappointment. Tiene sus paisajes bonitos, como cualquier ciudad, pero los precios altísimos y el frío no nos han entusiasmado mucho; igualmente decir que Christiania es flipante, y dudo que vuelva a ver algo así por el momento. Además, el estilo de vida danés, la conciencia social y su simpatía te encariña con la ciudad; obviamente allí el niño de tres años y el anciano de noventa habla inglés sin problema. Así que tiene puntos a favor, que no todo es malo, ni muchísimo menos.

Pero, como siempre, destacar las risas y la compañía junto con el estilo ratero que hemos llevado este viaje y el hambre que también nos acompañaba continuamente; todo esto ha hecho que los recuerdo sean bastante buenos y graciosos, pese a que dudo mucho que vuelva a esta ciudad.

SONY DSC

Las reinas de Copenhague

Me llena de orgullo y satisfacción decir que he logrado poner el blog al día y que ya dejaré de dar el follón hasta dentro de un tiempo.

Un besazo enorme.

SONY DSC

Marini.

 

 

 

 

 

Carnaval de Dunkerque

¡Buenas tardes de nuevo!

Lo primero, sigo con el plan de poner el blog al día, porque no quiero abandonar esto.

Lo segundo, esto ya no es un viaje –por el momento, que este mes no he parado- y os voy a contar una fiesta que aquí se celebra de una forma bastante particular y donde me lo pasé como una niña pequeña. Se trataba del Carnaval de Dunkerque, que es una ciudad costera al norte de Lille, pero en el mismo Nord Pas de Calais. Este día la gente se disfraza de forma bastante estrafalaria, llena de colores, pelucas, maquillaje y todo lo que pillen de su casa –literal- y salen por las calles de la ciudad, llueva o nieve, borrachísimos –¡cómo no!-. Y claro, nosotros, amantes del carnaval y de toda aquella fiesta que se haga en la calle, no podíamos faltar. Para poneros en situación os animo a que leáis esto con esta canción de fondo.

 

El carnaval dura un mes, desde finales de enero a finales de febrero. Y si lo he entendido bien, los domingos lo montan bien, y dentro de los domingos hay dos fuertes: el domingo de las bandas y los vals, que es al que fui y yo, y el último. He intentado informarme un poco de qué va realmente y tiene muchísima historia, y es de los más famosos de toda Francia, así que además de hablar de la fiesta, intentaré contar un poco cómo va esto –aquí os dejo un enlace en francés por si queréis leerlo, ¡viva wikipedia!-. Supongo que me equivocaré en muchas cosas, pero bueno… lo importante es participar y que lo pasamos muy bien.

En este carnaval puedes ir como quieras, pero siempre maquillado y disfrazado, y a poder ser de la forma más estrafalaria posible. Y puedes unirte a la banda (el pasacalles) cuando quieras, que van cantando y tocando música todo el día.

_DSC0352

Véase la super integración en la banda.

Tuvimos que coger un tren, ya que no había blablacar, a las nueve y media de la mañana. Así que Manolo y yo, resacosos, y abandonando a Teresa a su suerte en Bas-Liévin, huimos a la Gare Lille Flandres bien temprano. En el tren ya nos cruzamos con los primeros que iban al carnaval, que iban ya o borrachos o eso parecían, y entró la policía a echarlos porque no llevaban billete. Nosotros, nos la jugamos comprando un billete con tarifa joven sin tener la tarjeta que creo que es necesaria, pero no pasó ningún revisor. Estuvimos todo el viaje intentando pintarnos la cara como si hubiésemos salido del día del orgullo gay y bueno, algo conseguimos. Ya al llegar, nos reencontramos con el resto mientras nos seguíamos pintando la cara. Aquí os muestro dos make-ups de lo más currados y que próximamente subiré un vídeo a mi canal mostrando: cómo pintar la bandera de Andalucía junto con unos ojos de cajera del Coviran –porque al-Ándalus mi rasa-, y los colores del barça en la frente para un look casual-underground para bajar a comprar el pan:

El resumen del día podría ser: bailar con desconocidos, meternos en ollas y no poder salir, saltar, hacer que nos sabemos todas las canciones francesas, acoplarnos al pasacalles como si fuéramos un nordpascalesiano más… Como se ve en las fotos nos lo pasamos muy bien y mereció muchísimo la pena, además queda comprobado: la gente del norte es la mejor. Es la mejor porque parece que viven borrachos, te integran como si fueras uno más y hacen que te sientas como en casa. Y ya como dato curioso, en el carnaval como llevan las caras pintadas, se saludan con picos y a mi dos franceses me metieron un morreo en la trompa de mi querido disfraz de elefante, pero vamos… lo que me importó.

Tras estar haciendo el canelo por el centro del pueblo, mientras llovía, granizaba y hacían dos grados, fuimos a ver el puerto y después de algunas bajas nos incorporamos: Laura, Ari, Ana y yo al pasacalles. El pasacalles terminaba en la plaza del ayuntamiento donde el alcalde disfrazado salió al balcón y toda la plaza se llenó de gente; entonces, empezaron a tirar arenquesenvasados, menos mal- y la gente cual Bando de la huerta matando por longaniza se tiraba a por ellos, esto es literal: en el vídeo se ve muy bien. Nosotras no conseguimos ninguno, pero una chica nos escuchó hablando español y le hizo a un amigo suyo darnos a probar mientras chillaba: “PROFITAAAR DE LA VIDAAAA”, lo dicho: la gente del Norte es la mejor.

Al final fuimos a descansar al McDonald’s antes de coger el Blablacar, mientras seguíamos bailando con franceses randoms. Así que terminamos el día en la otra punta de Dunkerque, con un frío considerable, después de todo el día bailando y empapadas, con un olor a pescado muerto; pero fue uno de esos días en los que te alegras –aún más si se puede- de haber escogido esta ciudad para hacer el Erasmus y en los que sientes que ya Nord-Pas de Calais ya es más parte tuya. Lo dicho, estoy últimamente muy romántica.

_DSC0245

Por el resto, los días en Lille han transcurrido bastante normales: hemos salido como siempre –rememorando un poco el inicio del Erasmus-, estamos yendo a la universidad y me he apuntado a miles de deportes, así que he empezado a considerar el cambiarme de Derecho a CAFD. No, en serio, no sé a quien pretendo engañar habiéndome apuntado a unas seis horas de deporte semanales. También estos últimos días hemos estado conociendo a muchos franceses, cada cual más raro y guay que el anterior, y nos están enseñando sitios cada cual más raros y guays.

Volveré muy pronto porque me he vuelto a ir de viaje –ooops I did it again- y creo que debería contaros cómo ir a Copenhague y gastarse 65-70€ en tres días, sin morir en el intento.

Un besazo enorme.

_DSC0351

¡ VIVA NORD-PAS DE CALAIS!

Marini.

 

Intermegabus del guasoneo

¡Buenas tardes a todos!

Como estaba viajando poquísimo este mes pues dije: “¿Por qué no ir a Marsella, Lyon y París con Teresa?”. Y así es como comenzó nuestro particular “”interrail francés, en autobús y con demasiadas historias que contar.

Bueno, en realidad, no fue así. Teresa Belén quería venir unos quince días –no vaya a ser que venga menos días y le falten- así que yo la acogí unos diez, y como Bea, una amiga suya, estaba en Marsella quería bajar a verla. Decir que Lille y Marsella están a unos 800 km de distancia, que es carísimo ir y que o te coges un TGV o mueres en el camino. Yo, al principio, le dije que no iba a acompañarla peeeeeeero, –y menos mal que pero porque me llevo historias para hacer ocho entradas de blog- se me ocurrió mirar los desplazamientos con mon chèri Megabus y esto fue lo que encontré (precio para dos personas una semana antes del viaje): Lille-París gratis, sí, gratis porque para qué pagar un Megabus; París-Marsella diez euros, y once horas chulichulis de bus; Marsella-Lyon tres euros; Lyon-Paris gratis; y Paris-Lille gratis. Como veis todo por 13.50€ gastos de gestión incluidos, y claro… ¿cómo voy a decir que no a eso?

Así que Terebe, que es mi gran hamija desde hace ya algunos años, cogió un avión de Poznan a París –y directo a tu corazón- con una mochila como maleta de mano para diez días -aún no sé cómo-; y yo comencé el Intermegabus con dirección a París, donde nos encontraríamos en el metro. Mi autobús tardó más de lo esperado y dejé a Teresa abandonada en Bercy, mientras que la gente pensaba que era una vagabunda y la invitaban a conciertos de David Guetta. Pero la compensé con una gran cena en la súper estación de autobuses compuesta por bocadillos con pan luxury, latas de ensalada mexicana que sólo sabía a vinagre y chocolate con fresas; y así las más aventureras nos subimos en nuestro querido Megabus dirección Marsella… al menos, iba vacío, y las once horas se nos harían algo más cómodas intentando pillar la postura para dormir.

PREMIER ARRÊT: MARSEILLE

El jueves, más guapas y frescas que una rosa, aparecimos en Marsella. Acostumbradas tiempo de Lille y Poznan, allí daban ganas de ir en manga corta, así que empezábamos muy bien. Nos recogió Bea y nos llevó a su casa a dejar las cosas, donde estaba Isa. Desayunamos y comenzamos el turismo.

12642878_10205474954135190_3215089795460732504_n

Las supervivientes del Megabus

Marsella es una ciudad bastante grande, aunque el centro se puede ver andando, y tiene cosas bonitas que visitar. Además tiene playa bonita y clima mediterráneo, así que ya sólo por eso merece la pena ir. Primero, subimos a la catedral en la que se ve toda Marsella desde arriba, entramos a un museo en el que se veía el puerto, paseamos mucho y fuimos a comer un italiano muy rico que se llama Vapiano. Después fuimos a casa a dormir la siesta, ya que el bus nos había pasado factura –el Megabus, mi droga-.

Esa noche, después de cenar, fuimos a la habitación de unos amigos de Bea e Isa a beber vino. Íbamos a ir a un karaoke pero se nos hizo tarde… una lástima que los marselleses no hayan disfrutado de mi melodiosa voz, pero bueno un plan tranquilo esa noche.

Al día siguiente fuimos a Les Calenques, que es un parque natural en la playa muy bonito donde fuimos muy bloggers y nos hicimos muchas fotos. Hay que hacer un poco de senderismo por caminos un poco trambolikos –donde yo me caí, ¡como no!- pero no es para tanto y merece muchísimo la pena.

Esa noche creo que merece una entrada aparte, o quizás debería no contaros nada… o quizás debería resumirla con palabras clave porque en realidad la ocasión lo merece: botellas de vino, cartas, miles de waterfalls, todas mates de todas, buffalos everywhere, trambolismo extremo, queen victoria, carteras vacías, bolas de billar, el, habibi, cervezas robadas, tienes mucha cara, sofás hechos tarimas, lagunacas nivel extremo, moratones, todo muy random, una dormidita, el english train, la almohada, un bar= dos bares y una casa, salut ma belle al día siguiente, muchísimas risas y cosas a las que aún se les busca explicación. Supongo que no habréis entendido nada, pero también supongo que si Isa, Bea o Teresa están leyendo esto estarán riéndose como yo ahora mismo.

12662643_10205481366175487_5218188358611382680_n

Ya en nuestro último día de turisteo por Marsella, después de levantarnos y “recordar” la noche, nos fuimos a comer al McDonald’s –pa’ la dieta-, y fuimos paseando a Longchamps, que creo que era lo único más turista que nos quedaba por ver. Es un monumento con un jardín muy bonico donde están el museo de Bellas artes y de Historia natural. Pasamos una tarde de chilling y tras otro paseo por las calles de Marsella y un café, volvimos a casa.

Ya la última noche fue más relax, volvimos a hacer el mismo recorrido que la noche del viernes y después de reirnos –y mucho– y una buena recena del McDonald’s, nos fuimos a dormir.

No hace falta decir que el viaje a Marsella será un viaje que recuerde con muchísimo cariño y con muchísimas risas cuando piense en mi Erasmus. Quiero agradecer a Bea y a Isa el acogerme y decir que saben que tienen su casa en Lille para cuando quieran pasarse por aquí; y bueno que si en el Queen Victoria les ponen problemas, volveremos para poner orden.

DEUXIÈME ARRÊT: LYON

El domingo partimos a Lyon para seguir nuestro gran tour. Para ahorrar de hotel, una buena taiwanesa llamada Sylvia –o Champín según su DNI taiwanés- nos acogería en su casa. La sorpresa fue que nos acogía en su habitación del CROUS y que ella dormiría en el suelo en la habitación de una amiga suya, como siempre los taiwaneses tan sorprendentemente serviciales y simpáticos.

A nuestra llegada fuimos con los amigos de Sylvia a cenar, era una curry night y nos hinchamos a comer comida riquísima. Estuvimos hablando de Taiwan, de España, del Erasmus, de Lyon, de Lille, de los viajes, de la comida etc… fue una noche bastante entretenida donde volví a hablar inglés –aunque ahora parezca más una malformación anglosajona que otra cosa-, y se comprueba la teoría de que los taiwaneses son todos un amor y que te ceban a comer. Lo mejor de la noche fue que Teresa y yo para premiar su hospitalidad hicimos una tortilla de patatas que da tanta pena que creo que después de que publique la foto me retirarán la nacionalidad española, pero que conste que: de sabor estaba bien, la sartén no era la adecuada y había demasiada patata para tan poco huevo.

Al día siguiente salimos temprano para hacer turismo por la ciudad. Lyon es una ciudad grande pero asequible para recorrerla andando, se divide en tres partes gracias a los dos ríos que la cruzan: Ródano Saona, los que se unen al final de la ciudad. De esta manera, empezando por el este tenemos: la parte más residencial de la ciudad, el centro y ya la parte más antigua que es preciosa.

12647461_10205491133059653_341085384675891541_n

Y aquí estamos las xuliyas vestidas con los mismos colores porque somos muy gemeliers.

Como nosotras vivíamos al este: recorrimos todas las partes. Cruzamos la place Bellecour y fuimos dirección al Vieux Lyon, subiendo por calles súper monas y parándonos en cada mirador, para acabar en la catedral. Tuvimos bastante suerte porque nos hizo muy buen tiempo y el solecico se agradecía muchísimo. Bajamos por la parte norte de la ciudad haciendo un recorrido por el ayuntamiento, la plaza de la Comedia y la calle comercial; y después de una comida en nuestro querido McDonald’s –en el que ya somos VIPs- dimos un paseo por el Saona, donde pisé una mierda y fue el día con más suerte de mi vida.

La tarde fue tranquila y tras un café en McDonald’s de nuevo, decidimos volver a casa. Nos perdimos muchísimo y aparecimos en la otra punta de la ciudad, pero bueno así vimos la gran universidad de Lyon que la iluminan por la noche y queda de manera que no sabes si es un puticlub o una discoteca.

En nuestro último día en Lyon decidimos ir a París un poco antes, pero el autobusero de Megabus además de que llegó tarde no nos dejó y nos quedamos de turismo por la ciudad. Sylvia nos había recomendado un parque-zoo –como le gustan estas cosas a los franceses- y después de un paseo por la ribera del Ródano y un último por el centro de la ciudad, volvimos a nuestro querido Megabus dirección: París.

TROISIÈME ARRÊT: PARIS

Después de unas seis horas en el maldito Megabus, albaricoques en almíbar, bocadillos y búsqueda de novios leoneses que no volveremos a ver: llegamos a París. Nuestro hostal estaba cerca del Canal de San Martín y se llamaba: Elevator Hostel, el precio fue de 15€ por noche, que estando en el centro de París no es nada caro. Además es bastante lujoso y limpio, lo único malo es que no hay cocina y se supone que no puedes meter comida del exterior y no dan ni desayuno, ni toallas –lo que hizo que utilizáramos un jersey como tal-.

Esa noche cenamos tacos de lechuga con ensalada mexicana porque somos las más sanas –y las más cutres- y nos hicimos hamijas de un marroquí de la habitación. En la misma habitación también teníamos a un viejito que vivía ahí –o eso parecía- que tenía un calentador de agua portátil y se hacía sopas, y que miró a Teresa muy muy raro mientras se comía una mandarina; el buen hombre era un poco rarillo, pero majo, nos dio un mapa y nos indicó qué visitar y por donde evitar pasar.

Tras la suculenta cena, decidimos ir a dar una vuelta paseando por el Canal de San Martin hasta République con nuestro nuevo mejor amigo el marroquí del hostal. Estuvimos hablando con él de muchas cosas en francés-inglés y nos perdimos muchísimo, pero como paseo nocturno estuvo bien.

Al día siguiente nos levantamos mínimamente temprano para hacer el free tour, que salía desde Notre Dame y así veríamos toda l’Île de France. La verdad que como siempre digo, los guías suelen ser un amor, lo explican todo genial y sales enamorada de la ciudad; pero esta vez no sólo salimos enamoradas de la ciudad, sino también del guía, lo que tiene como resultado que ahora seamos unas expertas en París y que esté dispuesta a hacer el tour cincuenta veces más –pese a que esté cansada de ir a París y ver la Torre Eiffel y lo de siempre mil veces-. El guía para vuestra información y por si algún día vais a París y hacéis el tour se llama Hugo y es gallego, el hombre se lo curra muchísimo y se merece que le deis una buena propina –le dimos más de lo que solemos dar y todo-. Pero bueno fuera de bromas ya, nos explicó todo lo que viene siendo el centro de París durante unas tres horas y media, que en ningún momento se hicieron pesadas, y te deja más enamorado de París –sí, es posible-.

Terminamos en el Louvre y fuimos por la Place de la Concorde hasta la Torre Eiffel, pasando por el Pont d’Aleixandre III y les Invalideshaciéndonos las ochenta fotos correspondientes-. Luego fuimos al Arco del triunfo y paseamos por los Campos Elíseos para terminar en un Quick donde comimos a las cuatro de la tarde –que ya está bien- ya que había hambre y llovía.

Después de comer fuimos a ver la Torre Eiffel iluminada y fuimos dando un paseo por el Sena al barrio Latino; allí decidimos ir a Montmatre a ver le Moulin Rouge, ya que parece otro de día y de noche y es bonito ver el contraste. Volvimos a casa con la mala suerte que después de no pagar ni un metro en todo el viaje nos multaron en la mierda de parada de metro del hostal y no pudimos escapar de los revisores, COLONEL FABIEN TE AMO.

12642797_10205531443187381_3073705941928381576_n

Feliz antes de que nos pillaran los fuckings revisores.

Así que esa noche celebramos la multa con unos sándwiches y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, nuestro último día en París, volvimos a Montmatre donde subimos hasta el Sacre Coeurdonde por cierto me encontré con una amiga de la guardería, el mundo es un pañuelo-. Bajamos haciendo el recorrido que haría Amélie y nos comimos una tarta muy rica, para después de ver le Moulin Rouge, esta vez de día. Cogimos el metro y fuimos hasta la Ópera, donde subimos al mirador.

Para terminar nuestra visita fuimos al Louvre; entramos para ver la parte egipcia y de Babilonia –no había tiempo para mucho más- y fuimos a ver la Mona Lisa y la muralla china que la rodea. Comimos en el McDonald’s, donde perdí la tarjeta de crédito, y volvimos al hostal para recoger nuestras cosas e ir al Blablacar en la otra punta de París.

Y ¡cómo no! Llegamos tarde al Blablacar y casi nos dejan en tierra, y ya para rematar hubo un atasco que hizo que llegáramos a Lille tres horas después.

QUATRIÈME ARRÊT: LILLE

Y así fue como un lluvioso jueves llegamos a mi querida Lille a las nueve de la noche. Le preparé a Teresa un bonito Colin de Alaska -una de mis especialidades- y empezamos a beber en Bas-Liévin con Chiqui y Laura. Como era la fiesta de bienvenida Erasmus, cogimos el autobús dirección el centro. Lo malo fue que Teresa no se había tomado la Biodramina y la pobre se mareó mucho, así que al poco rato tuvimos que volvernos a casa.

Al día siguiente Teresa se quedó recuperándose del viaje en autobús y yo lo invertí en cosas provechosas como ir a Auchan y hacer que voy a la Universidad con Manolo y acabar en un kebab. Tengo que decir que le hice a Teresa el mejor cous-cous de su vida –ahora que soy medio mora- pese a que antes intenté hacerle una sopa de sobre y la quemé, que no puedo renunciar a mis raíces de pésima cocinera.

Esa noche después de beber sola –al más modo viaje de estudios- quedé con Ainara en ir al centro a tomar algo; pero, por cosas de la vida, nos encontramos a Ariadna y a una amiga suya francesa y nos llevaron a un antro muy antro donde tuvimos una noche de lo más random y divertida.

Ya si que hicimos turismo por Lille el sábado, le enseñé a Teresa la Citadelle, le Vieux Lille, la Grande Place, l’Opéra y lo más importante: el Rihad y su gran Pizzwich. El Rihad es un restaurante al que vamos siempre que queremos cenar fuera, en relación calidad-precio no hay otro igual en Lille –ni en el mundo- y tienen el Pizzwich: es una especie de pizza riquííííísima que vale seis euros con patatas fritas y comen dos personas, además todo acompañado de une carafe de l’eauaka una jarra de agua gratis- que por cierto, en Francia no pueden negarse a dártela. De esta manera comes bien y barato en el centro de Lille en un restaurante sin pinta de kebab de mala muerte, además con variedad de platos, pero yo es que soy demasiado fiel al Pizzwich como para variar lo que pido.

Seguimos paseando llegando a la Gare Lille Flandres, siguiendo por la parte comercial de Lille y terminando otra vez en la Grande Place donde quedamos con Ainara. Seguimos hacia Porte de Paris y el ayuntamiento, y fuimos a République donde nos paramos en la Farafina a tomar una cerveza.

reEsa noche fuimos a Le chat qui fume a comer el típico welshcomida obligatoria y más que recomendable aquí en Lille- aunque a mí me gustó más el de la Chicorée. Después se nos unió Manolo para salir un poco esa noche. Nos recorrimos el 80% de los bares de la Vieux Lille y Solférino para tomarnos algo de tranquis, pero estaba todo lleno y acabamos en el Speakeasy tomándonos una cerveza de esas de 10 grados que te dejan tramboliko. Esa noche nos echamos unas buenas risas, ya que era la última de Teresa, y me hicieron un poco de bullying recordando viejas glorias del Erasmus. Acabamos en la Latina y volviendo a casa casi a las cinco de la mañana, recenando un café de la máquina de camino a Bas-Liévin y un cappucino –todo junto, mi droga-, donde decidí que era buena idea hacer rollitos de primavera para la comida del día siguiente.

Y aquí termina nuestros diez días de Interrail francés donde ha habido de todo, tanto bueno como malo, aunque está claro que las risas y los momentazos han hecho que los cincuenta euros de la multa me duelan mucho menos. Un viaje donde ambas pensábamos que íbamos a acabar hartas la una de la otra y que iba a ser mucho más presidio soportarnos, pero está claro que no ha sido así. Voy a recordar con muchísimo cariño este viaje y todo lo que hemos vivido, los paseos hablando francés en los que casi te tiro a la carretera y las LARGAS esperas. Y que está claro que la distancia nunca será un problema para nosotras. Muchas gracias por todo Terebe, y deseando de otro viaje tan xuliyo como éste –aunque sea difícil-.

Hay que ver que melancólica me pongo últimamente con las entradas del blog, a ver si ahora voy a ser una romántica <3.

Un besazo para todos y hasta pronto, que aún tengo muchas cosas que contar.

SONY DSC

Marini.

 

 

Voyage à Budapest

¡Buenas noches mis followers!

Después del viaje a Ámsterdam, tocaba otro viaje planeado desde hacía ya algún tiempo: BUDAPEST. Ariadna encontró unos vuelos muy baratos para enero –por 20€ l’aller-retour– y el flibco de ida nos salió por cinco euros. Y aunque el de vuelta costaba once, Laura y yo –como somos unas xuliyas– cogimos el de una hora y media antes, con la gran incertidumbre de saber si el conductor nos dejaría subir o no, el desenlace está al final de la historia, puede ser que sigamos en Charleroi o de camino en peregrinación a Lille.

JOUR 1: 21 DE JANVIER

A las 6 de la mañana, cinco valientes y somnolientas mozas se montaban en el Flibco dirección Charleroi, mientras que otra lo hacía en Blablacar.

El vuelo fue muy bien –cómo no iba durmiendo– y en dos horas estábamos en el aeropuerto de Budapest. Luego cogimos un autobús que nos llevó a un centro comercial, pasando por los campos húngaros, y allí cogimos un metro que nos llevó a otro sitio guiados por un viejito adorable, finalmente cogimos un metro que nos llevó a la plaza Oktogon donde estaba nuestro hostal. Hay que decir que fue el único billete que pagamos en todo el viaje porque somos unas malotas.

El hostal se llamaba Avenue hostel y estaba genial genial, muy céntrico por 6.90€ la noche en una habitación de doce personas. Además con esa gran cantidad venía incluido: desayuno, toallas, ropa de cama, manzanas, café y té gratis todo el día y la cocina y los baños muy limpios. Después de comer en el McDonald’s fuimos a dar un paseo, acabando en la Plaza de los héroes. Allí vimos uno de los mejores atardeceres de mi vida, dimos un paseo por el castillo y nos refugiamos en el museo –porque hacían unos menos diez grados y estábamos en proceso de congelación-. 

Esa noche cenamos en el hostal y conocimos a dos mozuelos chileno y argentino y quedamos en ir con ellos a un bar de ruinas que se llama Szimpla a tomar algo. Los bares de ruinas están en el Barrio judío y son los típicos que tienen cada cosa de su padre y de su madre –a lo Republika en Murcia pero a lo bestia-. Este bar es el más típico, pero también fue el que más nos gustó, tiene bastantes salas y hay cachimbas, futbolines, vino, cerveza barata etc…

12549129_10208999118963144_820041071662083128_n

Lo mejor es que no estábamos jugando, pero viva el postureo y las caras de concentración.

JOUR 2: 22 DE JANVIER

Esa mañana nos levantamos temprano para ir al Balneario Széchenyi que son las típicas termas a las que todo el mundo va cuando va a Budapest. Son bastante grandes y hay una parte exterior –con el agua ardiendo y que da un gusto que te mueres cuando fuera hacen menos diez grados- y una parte interior -que huele bastante mal y dan un poco de grimilla algunas piscinas-. El precio son unos trece euros y te da derecho a estar todo el día haciendo la ameba ahí.

Así que allí fuimos la Panyagua y yo a ver qué se cocía -y nunca mejor dicho-, y nos topamos con un compañero de habitación mexicano que al final se hizo nuestro más amigo y viene a Lille la semana que viene. Al rato vinieron el resto y comenzamos a explorar todas las piscinas: entramos a las piscinas interiores, en las que había muchas con temperaturas diferentes, a las saunas –que había una con menta que parecía eso el paraíso Vik VapoRub- y al baño turco. El problema es que entre que olía demasiado a humedad y había algunas con el agua verde, pero había un par que estaban bastante bien. Ya, pasamos el día rodeadas de abuelitos húngaros, gente random con gorros de pelo en las piscinas y una mujer con la cara muy rara.

Por la tarde, para ver atardecer, volvimos a las exteriores. Y como hacía tanto frío cuando salías de la piscina podías o bien, morir congelado, o resbalarte con el hielo que había en el suelo; pero pese al frío y a que las toallas no se secaban, ninguna pilló una pulmonía.

IMG_20160122_174133 [27295].jpg

Al final salimos de ahí como si nos hubieran pinchado ocho tranquilizantes y fuimos al hostal a cenar. Esa noche salimos con el grupo latino del hostal, nos juntamos: unos mexicanos, un argentino, un belga random, una americana que hablaba español mejor que yo y se nos unió otra catalana. Fuimos a otro bar de ruinas que nos habían recomendado, pero como nos había gustado más el Szimpla y no había sitio, volvimos a él. Estuvimos un ratillo y volvimos a casa porque estábamos algo cansadas.

12509372_10208999113683012_3972368621860782348_n

JOUR 3: 23 DE JANVIER

Al día siguiente, tras el gran desayuno del hostal, nos fuimos al Free Walking Tour que bueno… la verdad es que no quedamos muy satisfechas, quizás fue porque había mucha gente, pero al menos vimos toda Buda y nos contaron cosas muy curiosas de la ciudad. Nos llevó por el puente de cadenas, subimos al castillo, vimos el bastión de los pescadores y la catedral; vimos también la parte de Buda desde arriba y la parte del Parlamento.

Después fuimos a comer a un sitio que nos había recomendado el guía que se llamaba Fricy Papa y que por seis euros comimos: un champiñón frito, un plato de goulash con noodles –lo típico de ahí que es una carne estofada muy rica- y un postre, con una copica de vino que es buena para la salud y café. La verdad que Budapest es una ciudad muy barata para comer –el alcohol ,bueno para lo que estamos acostumbradas en Francia, también, aunque no tanto como Polonia-. Así que yendo de viaje low cost también nos podemos permitir el lujillo, que merece la pena.

IMG_20160123_151221 [27296]

Sé que en la foto no parece muy apetitoso, pero lo es.

Así que después de la comida y con la fresca nos fuimos Ariadna, Viqui y yo a hacer un tour por el Parlamento y la orilla del río. La verdad que andamos muchísimo, y de repente EMPEZÓ A NEVAR. Yo, murciana, la primera vez que veía nevar y cuajar –en Lille nevó muy poco en noviembre- y estábamos súper contentas aunque hacía mucho frío.

Después de cenar y jugar al Dixit decidimos que estábamos muertísimas para salir. Pero claro, Ariadna quería y decía que llevábamos diciendo todo el viaje que íbamos a salir el sábado para ahora no ver ni cómo es la fiesta en Budapest… y claro, como soy una maldita liada acabamos bebiendo el vino, haciendo miles de vídeos con los súper efectos de mi móvil y yendo al Instant. Es una discoteca muy guay y grande, con sala de reggae, comercial, techno para metíos y techno más normal. Así que sí, menos mal que salimos, porque mereció la pena. Fue una noche muy random, con muchas risas, bailes raros, techno 24/7 y payicos más raros aún, vamos lo que viene siendo una buena noche.

IMG-20160212-WA0043 [28767]

Nosotras emocionadas porque se sale

Pero lo mejor de la noche, sin duda, fue llegar al hostal y ver que en la habitación de doce personas, la payica que dormía encima de Marta había decidido que esa noche era fiesta y claro… les acompañamos todo el polvo nosotras, porque ¿para qué parar si acaban de llegar cinco chicas de fiesta? Además después de la fiesta, roncaban al unísono y pese a que Marta hacía el llamamiento de las cabras para que pararan, no funcionaba mucho.

JOUR 4: 24 DE JANVIER

Esa mañana Laura me despertó y, sorprendentemente, pude levantarme llena de vitalidad –aun nos seguimos preguntando el origen de esa vitalidad pese a no dormir y haber salido-. La verdad que creo que fue porque estaba todo nevado y yo me emocioné cual niña de tres años el cinco de enero por la noche.

Empezamos el tour viendo el Parlamento, que no lo habíamos visto de día, el paseo por el Danubio y subiendo a la Citadella húngara. Laura iba con unas botas con una suela más fina que mis zapatillas de andar por casa –porque en Granada van así por Sierra nevada repartiendo romero- y llevaba los pies calados, pero como somos las más recursos se metió los pies en bolsas de plástico y así impidió que se le engangrenaran y los perdiera. La verdad que aún no sé cómo aguantó la subida… bueno, sí lo sé, porque íbamos haciendo un súper reportaje messy photos y super book para las próximas 800 fotos de perfil de Facebook, al más estilo blogger de moda. Pero es que estaba todo tan bonito, y era tan Narnia, que era inevitable no hacerlo.

Ya quitando la coña de las fotos, mereció mucho la pena subir, las vistas son increíbles y el camino es bastante ameno, aunque luego la niebla te fastidie las vistas.

Ya después del gran paseo, volvimos al hostal y nos tomamos una sopa de avecrem con fideos de trozos de spaguetti –todo cogido prestado del hostal- que al estar toda la mañana a menos quince grados nos puso la cara cual tomate y nos sentó algo mal, pero bueno a caballo regalado no le mires el diente y lo que no te mata te hace más fuerte.

Esa tarde-noche la pasamos en el hostal ya que nos íbamos al día siguiente y hacía demasiado frío para salir, además de que estábamos matadas.

JOUR 5: 25 DE JANVIER

Y así fue como un lunes de invierno a las 4:30 am un taxi se olvidó de recogernos, cogimos otro, el hostal nos dio dinero por si costaba más, costó menos y desayunamos gratis en el Burger King.

Luego fuimos a la parte donde se cogen los vuelos low cost –aka la parte comunista de la otra punta del aeropuerto-, donde te dicen que estás en un polígono industrial y te lo crees. Ya después de la peregrinación al avión y el frío del demonio, nos sentamos en nuestro querido Ryanair. Y como siempre, sin haberlo planeado: desperté en Charleroi.

En el aeropuerto despedimos a Marta, que volvía a España, y sí para los que os interese: ¡pudimos volver a Lille en el Flibco! Bonito desenlace inesperado de la historia, ¿verdad? También pudo volver Ariadna, que como le cancelaron el Blablacar, se la jugó a buscar a unos amables franceses que le llevaran.

Y así ha sido nuestro último viaje Erasmus todas juntas –ya que seguro que viajamos más en otra ocasión-, ya que Marta y Viqui han vuelto a casa por el fin del cuatrimestre. Me ha gustado muchísimo que el último fuera en esta ciudad tan bonita, que me ha enamorado y que recomiendo fuertemente a todo el mundo; aunque hiciera muchísimo frío, me ha encantado y la considero como una de las más bonitas de Europa.

Finalmente, decir que me alegro mucho de este viaje, de haberos conocido a todas, de las risas y todo lo que hemos pasado juntas. Cuando te vas de Erasmus dices aquello de: “pero yo con españoles no ¿eh?” y bueno, se pueden hacer amigos de todos lados, porque hay gente increíble en Brasil o en México, pero también la hay en diferentes ciudades en España y sin este Erasmus no las hubiera conocido. Muchísimas gracias a todas y que sepáis que nos quedan grandes reencuentros, el primero en Murcia para que comprobéis que es la mejor del mundo, pero tengo que conocer: Zaragoza, Barcelona, Estepa, Granada y Torrelodones –siempre y cuando Marta conozca a gente allí-.

Lo dicho, me despido con este pasteloso final y volveré muy pronto con otro viaje.

Un besazo enorme.

IMG-20160212-WA0047 [28771]

Marini

 

 

 

Voyage à Ámsterdam

¡Buenos días!

Ahora llega el momento en que Marina os presenta una entrada cada día porque no quiere abandonar le blog y tiene mucho, pero mucho que contar.

Lo primero, LO HE APROBADO TODO, y con una media de siete. Así que estoy bastante contenta, ya que va a bajarme la media española, pero no tanto como pensaba y además porque los exámenes no me salieron del todo bien, así que a ver que nos depara el segundo cuatrimestre.

Como sabéis por mi anterior entrada, el quince de enero –por fin- terminé los exámenes. Y como quería celebrarlo por todo lo alto, después de una cena en Moulins y un cieguillo bastante gracioso, partimos a Ámsterdam en un autobús a las 4:40 de la mañana.

Día 1: 16 de Enero

El viaje no sé ni cómo fue ya que me dormí a las 4:41 y desperté nada más llegar, así que digamos que bien. A nuestra llegada nos sorprendió un frío –del demonio- que nos acompañaría todo el viaje y que me recuerda que debería de dejar de hacer viajes al norte e irme al sur-que soy de Murcia, eso no lo puedo olvidar-.

Nos dirigimos a la Centraal Station en tranvía para ir al hostal, que estaba bastante bien situado, así que por primera vez en la vida llegamos sin problemas. Como era muy temprano dejamos las maletas en la consigna y nos fuimos de turisteo, llovía y pseudo nevaba así que fuimos a desayunar a Hema –aunque llegamos tarde a la oferta de 2€ el desayuno-. Nos dirigimos hacia la Plaza Damn donde descubrimos que había free tour y en español. Así que nos unimos a un grupo de unas treinta personas, con un guía de Albacete que fue a aprender inglés y al final se acabó quedando. Como siempre los free tour son la mejor opción para conocer las ciudades, aunque nuestro presupuesto siempre es ajustado y cuando vas a darles la voluntad que te piden te miran con cara extraña. El tour duró unas tres horas y media –el hombre se lo curró pero bien- y aunque ya había estado en Ámsterdam, aprendí muchísimas cosas. Así que si algún día vais que os toque el guía de Albacete, porque no me acuerdo ya de su nombre, que aprendes muchísimas cosas y te recomiendan cosas muy guays.

SONY DSC

Después del tour fuimos al Mercadona holandés, que se llama: Albert Heijna comprarnos la comida. Y esa tarde nos echamos una buena siesta rodeadas de indios en nuestra bonita habitación, ya que la noche había sido dura y queríamos salir algo por la noche.

Por la noche se nos unió Manfredi al viaje, y después de cenar lo que nos había sobrado de la comida, fuimos al Barrio rojo, aquel sitio que lo ves de noche y de día y parecen sitios totalmente diferentes. Después de buscar varios bares donde quedarnos y no encontrar sitio, acabamos haciendo un tour por los Bulldogs en el que estuvimos: en dos bares-coffeshop y una discoteca-coffeshop. Y después de unas buenas risas, de hablar sobre el tour de los kebabs de Manolo, del Rihad y de cosas que ya no recuerdo, volvimos a nuestro querido hostal con un frío del demonio.

Día 2: 17 de Enero

Nos despertamos y fuimos a desayunar a nuestro querido Albert. Después de cruzar la ciudad, pararnos en mil escaparates y hacernos otras cuantas fotos llegamos al Mercado de las flores . Y después fuimos al Vondelpark, un parque céntrico donde se respira paz y te dan ganas de hacer footing, y donde curiosamente y para respetar que es el parque hippie de la ciudad, se puede hacer el amor al aire libre –y también mirar-. Allí, con los patos y a la fresca, comimos.

Después de comer fuimos a tomarnos un café y al Reijkmuseum a verlo por fuera y hacernos la típica foto postureo, ya que los museos en esta ciudad son carísimos. Y como no, acabamos en nuestro querido Bulldog, pero otro más grande, tomando un café y algo más. Allí nos echamos más risicas y terminamos la tarde bastante bien.

12633704_943930229032714_4634050691466703507_o

Casi nos subimos a las letras pero nos pasabamos de postureo

 

Como acabamos sobre las 21h y hacía bastante frío, volvimos al hostal y ya pasamos la noche ahí-aunque siempre quedará la historia en la que Marta se caía de la cama de lo ciega que iba y que yo dormí con un negraco-. Estuvimos hablando con nuestros vecinos los indios un rato y nos fuimos a dormir.

Día 3: 18 de Enero

Nos levantamos y fuimos a desayunar a la recepción, ya que había que hacer el check-out y toda la pesca. Mientras Marta solucionaba que había perdido el DNI, nos quedamos de chilling en el hostal rodeados de la gente extraña que parecía que vivía ahí y el café y té gratis.

Después volvimos a las calles de las tiendas que nos había enseñado el guía el primer día, ya que era lo último que nos quedaba por ver, y a subir a un mirador que está dentro de una especie de área comercial. Subir es gratis y se ve todo muy bonito, ya que las casas de Ámsterdam son bajas, y como no había gente nos quedamos sentados un rato al sol.

SONY DSC

Ya para terminar nuestro viaje volvimos al Barrio rojo para verlo bien de día, ya que como he dicho antes: parece otro. Y después de comer en la orilla de un canal, entramos a la Universidad de la Marihuana –sí, existe, y está llena de libros e investigaciones- donde hay un hombre que lo sabe todo, y le puedes preguntar lo que quieras. Nos recomendó unos cuanto coffeshops menos turísticos, y fuimos a despedir Ámsterdam como se merece a uno que se llamaba Green garden que estaba decorado al más estilo al-ándalus e indio todo junto. Y lo dicho, más risas.

SONY DSC

Después de una cena en nuestro querido Burger King con la oferta de menú a dos euros, cogimos el Megabus que nos llevaría de vuelta a Lille. Donde volvimos a casa en bici y con la maleta, porque somos unos deportistas natos.

Sin duda Ámsterdam es una ciudad que por mucho que la visites y aunque sea pequeña, siempre da gusto volver. No sé si es el encanto de los canales, la personalidad de su gente, sus calles que parece que han salido de un cuento o un conjunto de todo; pero es verdad que no todo son drogas y putas, aunque es algo que le da un toque diferente y curioso a la ciudad.

Así que bueno, otro viaje para el recuerdo -aunque nos volvamos a ver en 19 días- y muchísimas risas.

Un besazo y volveré pronto, que aun queda por contar Budapest y el Intermegabus.

Marini.