Voyage à Budapest

¡Buenas noches mis followers!

Después del viaje a Ámsterdam, tocaba otro viaje planeado desde hacía ya algún tiempo: BUDAPEST. Ariadna encontró unos vuelos muy baratos para enero –por 20€ l’aller-retour– y el flibco de ida nos salió por cinco euros. Y aunque el de vuelta costaba once, Laura y yo –como somos unas xuliyas– cogimos el de una hora y media antes, con la gran incertidumbre de saber si el conductor nos dejaría subir o no, el desenlace está al final de la historia, puede ser que sigamos en Charleroi o de camino en peregrinación a Lille.

JOUR 1: 21 DE JANVIER

A las 6 de la mañana, cinco valientes y somnolientas mozas se montaban en el Flibco dirección Charleroi, mientras que otra lo hacía en Blablacar.

El vuelo fue muy bien –cómo no iba durmiendo– y en dos horas estábamos en el aeropuerto de Budapest. Luego cogimos un autobús que nos llevó a un centro comercial, pasando por los campos húngaros, y allí cogimos un metro que nos llevó a otro sitio guiados por un viejito adorable, finalmente cogimos un metro que nos llevó a la plaza Oktogon donde estaba nuestro hostal. Hay que decir que fue el único billete que pagamos en todo el viaje porque somos unas malotas.

El hostal se llamaba Avenue hostel y estaba genial genial, muy céntrico por 6.90€ la noche en una habitación de doce personas. Además con esa gran cantidad venía incluido: desayuno, toallas, ropa de cama, manzanas, café y té gratis todo el día y la cocina y los baños muy limpios. Después de comer en el McDonald’s fuimos a dar un paseo, acabando en la Plaza de los héroes. Allí vimos uno de los mejores atardeceres de mi vida, dimos un paseo por el castillo y nos refugiamos en el museo –porque hacían unos menos diez grados y estábamos en proceso de congelación-. 

Esa noche cenamos en el hostal y conocimos a dos mozuelos chileno y argentino y quedamos en ir con ellos a un bar de ruinas que se llama Szimpla a tomar algo. Los bares de ruinas están en el Barrio judío y son los típicos que tienen cada cosa de su padre y de su madre –a lo Republika en Murcia pero a lo bestia-. Este bar es el más típico, pero también fue el que más nos gustó, tiene bastantes salas y hay cachimbas, futbolines, vino, cerveza barata etc…

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Lo mejor es que no estábamos jugando, pero viva el postureo y las caras de concentración.

JOUR 2: 22 DE JANVIER

Esa mañana nos levantamos temprano para ir al Balneario Széchenyi que son las típicas termas a las que todo el mundo va cuando va a Budapest. Son bastante grandes y hay una parte exterior –con el agua ardiendo y que da un gusto que te mueres cuando fuera hacen menos diez grados- y una parte interior -que huele bastante mal y dan un poco de grimilla algunas piscinas-. El precio son unos trece euros y te da derecho a estar todo el día haciendo la ameba ahí.

Así que allí fuimos la Panyagua y yo a ver qué se cocía -y nunca mejor dicho-, y nos topamos con un compañero de habitación mexicano que al final se hizo nuestro más amigo y viene a Lille la semana que viene. Al rato vinieron el resto y comenzamos a explorar todas las piscinas: entramos a las piscinas interiores, en las que había muchas con temperaturas diferentes, a las saunas –que había una con menta que parecía eso el paraíso Vik VapoRub- y al baño turco. El problema es que entre que olía demasiado a humedad y había algunas con el agua verde, pero había un par que estaban bastante bien. Ya, pasamos el día rodeadas de abuelitos húngaros, gente random con gorros de pelo en las piscinas y una mujer con la cara muy rara.

Por la tarde, para ver atardecer, volvimos a las exteriores. Y como hacía tanto frío cuando salías de la piscina podías o bien, morir congelado, o resbalarte con el hielo que había en el suelo; pero pese al frío y a que las toallas no se secaban, ninguna pilló una pulmonía.

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Al final salimos de ahí como si nos hubieran pinchado ocho tranquilizantes y fuimos al hostal a cenar. Esa noche salimos con el grupo latino del hostal, nos juntamos: unos mexicanos, un argentino, un belga random, una americana que hablaba español mejor que yo y se nos unió otra catalana. Fuimos a otro bar de ruinas que nos habían recomendado, pero como nos había gustado más el Szimpla y no había sitio, volvimos a él. Estuvimos un ratillo y volvimos a casa porque estábamos algo cansadas.

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JOUR 3: 23 DE JANVIER

Al día siguiente, tras el gran desayuno del hostal, nos fuimos al Free Walking Tour que bueno… la verdad es que no quedamos muy satisfechas, quizás fue porque había mucha gente, pero al menos vimos toda Buda y nos contaron cosas muy curiosas de la ciudad. Nos llevó por el puente de cadenas, subimos al castillo, vimos el bastión de los pescadores y la catedral; vimos también la parte de Buda desde arriba y la parte del Parlamento.

Después fuimos a comer a un sitio que nos había recomendado el guía que se llamaba Fricy Papa y que por seis euros comimos: un champiñón frito, un plato de goulash con noodles –lo típico de ahí que es una carne estofada muy rica- y un postre, con una copica de vino que es buena para la salud y café. La verdad que Budapest es una ciudad muy barata para comer –el alcohol ,bueno para lo que estamos acostumbradas en Francia, también, aunque no tanto como Polonia-. Así que yendo de viaje low cost también nos podemos permitir el lujillo, que merece la pena.

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Sé que en la foto no parece muy apetitoso, pero lo es.

Así que después de la comida y con la fresca nos fuimos Ariadna, Viqui y yo a hacer un tour por el Parlamento y la orilla del río. La verdad que andamos muchísimo, y de repente EMPEZÓ A NEVAR. Yo, murciana, la primera vez que veía nevar y cuajar –en Lille nevó muy poco en noviembre- y estábamos súper contentas aunque hacía mucho frío.

Después de cenar y jugar al Dixit decidimos que estábamos muertísimas para salir. Pero claro, Ariadna quería y decía que llevábamos diciendo todo el viaje que íbamos a salir el sábado para ahora no ver ni cómo es la fiesta en Budapest… y claro, como soy una maldita liada acabamos bebiendo el vino, haciendo miles de vídeos con los súper efectos de mi móvil y yendo al Instant. Es una discoteca muy guay y grande, con sala de reggae, comercial, techno para metíos y techno más normal. Así que sí, menos mal que salimos, porque mereció la pena. Fue una noche muy random, con muchas risas, bailes raros, techno 24/7 y payicos más raros aún, vamos lo que viene siendo una buena noche.

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Nosotras emocionadas porque se sale

Pero lo mejor de la noche, sin duda, fue llegar al hostal y ver que en la habitación de doce personas, la payica que dormía encima de Marta había decidido que esa noche era fiesta y claro… les acompañamos todo el polvo nosotras, porque ¿para qué parar si acaban de llegar cinco chicas de fiesta? Además después de la fiesta, roncaban al unísono y pese a que Marta hacía el llamamiento de las cabras para que pararan, no funcionaba mucho.

JOUR 4: 24 DE JANVIER

Esa mañana Laura me despertó y, sorprendentemente, pude levantarme llena de vitalidad –aun nos seguimos preguntando el origen de esa vitalidad pese a no dormir y haber salido-. La verdad que creo que fue porque estaba todo nevado y yo me emocioné cual niña de tres años el cinco de enero por la noche.

Empezamos el tour viendo el Parlamento, que no lo habíamos visto de día, el paseo por el Danubio y subiendo a la Citadella húngara. Laura iba con unas botas con una suela más fina que mis zapatillas de andar por casa –porque en Granada van así por Sierra nevada repartiendo romero- y llevaba los pies calados, pero como somos las más recursos se metió los pies en bolsas de plástico y así impidió que se le engangrenaran y los perdiera. La verdad que aún no sé cómo aguantó la subida… bueno, sí lo sé, porque íbamos haciendo un súper reportaje messy photos y super book para las próximas 800 fotos de perfil de Facebook, al más estilo blogger de moda. Pero es que estaba todo tan bonito, y era tan Narnia, que era inevitable no hacerlo.

Ya quitando la coña de las fotos, mereció mucho la pena subir, las vistas son increíbles y el camino es bastante ameno, aunque luego la niebla te fastidie las vistas.

Ya después del gran paseo, volvimos al hostal y nos tomamos una sopa de avecrem con fideos de trozos de spaguetti –todo cogido prestado del hostal- que al estar toda la mañana a menos quince grados nos puso la cara cual tomate y nos sentó algo mal, pero bueno a caballo regalado no le mires el diente y lo que no te mata te hace más fuerte.

Esa tarde-noche la pasamos en el hostal ya que nos íbamos al día siguiente y hacía demasiado frío para salir, además de que estábamos matadas.

JOUR 5: 25 DE JANVIER

Y así fue como un lunes de invierno a las 4:30 am un taxi se olvidó de recogernos, cogimos otro, el hostal nos dio dinero por si costaba más, costó menos y desayunamos gratis en el Burger King.

Luego fuimos a la parte donde se cogen los vuelos low cost –aka la parte comunista de la otra punta del aeropuerto-, donde te dicen que estás en un polígono industrial y te lo crees. Ya después de la peregrinación al avión y el frío del demonio, nos sentamos en nuestro querido Ryanair. Y como siempre, sin haberlo planeado: desperté en Charleroi.

En el aeropuerto despedimos a Marta, que volvía a España, y sí para los que os interese: ¡pudimos volver a Lille en el Flibco! Bonito desenlace inesperado de la historia, ¿verdad? También pudo volver Ariadna, que como le cancelaron el Blablacar, se la jugó a buscar a unos amables franceses que le llevaran.

Y así ha sido nuestro último viaje Erasmus todas juntas –ya que seguro que viajamos más en otra ocasión-, ya que Marta y Viqui han vuelto a casa por el fin del cuatrimestre. Me ha gustado muchísimo que el último fuera en esta ciudad tan bonita, que me ha enamorado y que recomiendo fuertemente a todo el mundo; aunque hiciera muchísimo frío, me ha encantado y la considero como una de las más bonitas de Europa.

Finalmente, decir que me alegro mucho de este viaje, de haberos conocido a todas, de las risas y todo lo que hemos pasado juntas. Cuando te vas de Erasmus dices aquello de: “pero yo con españoles no ¿eh?” y bueno, se pueden hacer amigos de todos lados, porque hay gente increíble en Brasil o en México, pero también la hay en diferentes ciudades en España y sin este Erasmus no las hubiera conocido. Muchísimas gracias a todas y que sepáis que nos quedan grandes reencuentros, el primero en Murcia para que comprobéis que es la mejor del mundo, pero tengo que conocer: Zaragoza, Barcelona, Estepa, Granada y Torrelodones –siempre y cuando Marta conozca a gente allí-.

Lo dicho, me despido con este pasteloso final y volveré muy pronto con otro viaje.

Un besazo enorme.

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Marini

 

 

 

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