Intermegabus del guasoneo

¡Buenas tardes a todos!

Como estaba viajando poquísimo este mes pues dije: “¿Por qué no ir a Marsella, Lyon y París con Teresa?”. Y así es como comenzó nuestro particular “”interrail francés, en autobús y con demasiadas historias que contar.

Bueno, en realidad, no fue así. Teresa Belén quería venir unos quince días –no vaya a ser que venga menos días y le falten- así que yo la acogí unos diez, y como Bea, una amiga suya, estaba en Marsella quería bajar a verla. Decir que Lille y Marsella están a unos 800 km de distancia, que es carísimo ir y que o te coges un TGV o mueres en el camino. Yo, al principio, le dije que no iba a acompañarla peeeeeeero, –y menos mal que pero porque me llevo historias para hacer ocho entradas de blog- se me ocurrió mirar los desplazamientos con mon chèri Megabus y esto fue lo que encontré (precio para dos personas una semana antes del viaje): Lille-París gratis, sí, gratis porque para qué pagar un Megabus; París-Marsella diez euros, y once horas chulichulis de bus; Marsella-Lyon tres euros; Lyon-Paris gratis; y Paris-Lille gratis. Como veis todo por 13.50€ gastos de gestión incluidos, y claro… ¿cómo voy a decir que no a eso?

Así que Terebe, que es mi gran hamija desde hace ya algunos años, cogió un avión de Poznan a París –y directo a tu corazón- con una mochila como maleta de mano para diez días -aún no sé cómo-; y yo comencé el Intermegabus con dirección a París, donde nos encontraríamos en el metro. Mi autobús tardó más de lo esperado y dejé a Teresa abandonada en Bercy, mientras que la gente pensaba que era una vagabunda y la invitaban a conciertos de David Guetta. Pero la compensé con una gran cena en la súper estación de autobuses compuesta por bocadillos con pan luxury, latas de ensalada mexicana que sólo sabía a vinagre y chocolate con fresas; y así las más aventureras nos subimos en nuestro querido Megabus dirección Marsella… al menos, iba vacío, y las once horas se nos harían algo más cómodas intentando pillar la postura para dormir.

PREMIER ARRÊT: MARSEILLE

El jueves, más guapas y frescas que una rosa, aparecimos en Marsella. Acostumbradas tiempo de Lille y Poznan, allí daban ganas de ir en manga corta, así que empezábamos muy bien. Nos recogió Bea y nos llevó a su casa a dejar las cosas, donde estaba Isa. Desayunamos y comenzamos el turismo.

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Las supervivientes del Megabus

Marsella es una ciudad bastante grande, aunque el centro se puede ver andando, y tiene cosas bonitas que visitar. Además tiene playa bonita y clima mediterráneo, así que ya sólo por eso merece la pena ir. Primero, subimos a la catedral en la que se ve toda Marsella desde arriba, entramos a un museo en el que se veía el puerto, paseamos mucho y fuimos a comer un italiano muy rico que se llama Vapiano. Después fuimos a casa a dormir la siesta, ya que el bus nos había pasado factura –el Megabus, mi droga-.

Esa noche, después de cenar, fuimos a la habitación de unos amigos de Bea e Isa a beber vino. Íbamos a ir a un karaoke pero se nos hizo tarde… una lástima que los marselleses no hayan disfrutado de mi melodiosa voz, pero bueno un plan tranquilo esa noche.

Al día siguiente fuimos a Les Calenques, que es un parque natural en la playa muy bonito donde fuimos muy bloggers y nos hicimos muchas fotos. Hay que hacer un poco de senderismo por caminos un poco trambolikos –donde yo me caí, ¡como no!- pero no es para tanto y merece muchísimo la pena.

Esa noche creo que merece una entrada aparte, o quizás debería no contaros nada… o quizás debería resumirla con palabras clave porque en realidad la ocasión lo merece: botellas de vino, cartas, miles de waterfalls, todas mates de todas, buffalos everywhere, trambolismo extremo, queen victoria, carteras vacías, bolas de billar, el, habibi, cervezas robadas, tienes mucha cara, sofás hechos tarimas, lagunacas nivel extremo, moratones, todo muy random, una dormidita, el english train, la almohada, un bar= dos bares y una casa, salut ma belle al día siguiente, muchísimas risas y cosas a las que aún se les busca explicación. Supongo que no habréis entendido nada, pero también supongo que si Isa, Bea o Teresa están leyendo esto estarán riéndose como yo ahora mismo.

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Ya en nuestro último día de turisteo por Marsella, después de levantarnos y “recordar” la noche, nos fuimos a comer al McDonald’s –pa’ la dieta-, y fuimos paseando a Longchamps, que creo que era lo único más turista que nos quedaba por ver. Es un monumento con un jardín muy bonico donde están el museo de Bellas artes y de Historia natural. Pasamos una tarde de chilling y tras otro paseo por las calles de Marsella y un café, volvimos a casa.

Ya la última noche fue más relax, volvimos a hacer el mismo recorrido que la noche del viernes y después de reirnos –y mucho– y una buena recena del McDonald’s, nos fuimos a dormir.

No hace falta decir que el viaje a Marsella será un viaje que recuerde con muchísimo cariño y con muchísimas risas cuando piense en mi Erasmus. Quiero agradecer a Bea y a Isa el acogerme y decir que saben que tienen su casa en Lille para cuando quieran pasarse por aquí; y bueno que si en el Queen Victoria les ponen problemas, volveremos para poner orden.

DEUXIÈME ARRÊT: LYON

El domingo partimos a Lyon para seguir nuestro gran tour. Para ahorrar de hotel, una buena taiwanesa llamada Sylvia –o Champín según su DNI taiwanés- nos acogería en su casa. La sorpresa fue que nos acogía en su habitación del CROUS y que ella dormiría en el suelo en la habitación de una amiga suya, como siempre los taiwaneses tan sorprendentemente serviciales y simpáticos.

A nuestra llegada fuimos con los amigos de Sylvia a cenar, era una curry night y nos hinchamos a comer comida riquísima. Estuvimos hablando de Taiwan, de España, del Erasmus, de Lyon, de Lille, de los viajes, de la comida etc… fue una noche bastante entretenida donde volví a hablar inglés –aunque ahora parezca más una malformación anglosajona que otra cosa-, y se comprueba la teoría de que los taiwaneses son todos un amor y que te ceban a comer. Lo mejor de la noche fue que Teresa y yo para premiar su hospitalidad hicimos una tortilla de patatas que da tanta pena que creo que después de que publique la foto me retirarán la nacionalidad española, pero que conste que: de sabor estaba bien, la sartén no era la adecuada y había demasiada patata para tan poco huevo.

Al día siguiente salimos temprano para hacer turismo por la ciudad. Lyon es una ciudad grande pero asequible para recorrerla andando, se divide en tres partes gracias a los dos ríos que la cruzan: Ródano Saona, los que se unen al final de la ciudad. De esta manera, empezando por el este tenemos: la parte más residencial de la ciudad, el centro y ya la parte más antigua que es preciosa.

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Y aquí estamos las xuliyas vestidas con los mismos colores porque somos muy gemeliers.

Como nosotras vivíamos al este: recorrimos todas las partes. Cruzamos la place Bellecour y fuimos dirección al Vieux Lyon, subiendo por calles súper monas y parándonos en cada mirador, para acabar en la catedral. Tuvimos bastante suerte porque nos hizo muy buen tiempo y el solecico se agradecía muchísimo. Bajamos por la parte norte de la ciudad haciendo un recorrido por el ayuntamiento, la plaza de la Comedia y la calle comercial; y después de una comida en nuestro querido McDonald’s –en el que ya somos VIPs- dimos un paseo por el Saona, donde pisé una mierda y fue el día con más suerte de mi vida.

La tarde fue tranquila y tras un café en McDonald’s de nuevo, decidimos volver a casa. Nos perdimos muchísimo y aparecimos en la otra punta de la ciudad, pero bueno así vimos la gran universidad de Lyon que la iluminan por la noche y queda de manera que no sabes si es un puticlub o una discoteca.

En nuestro último día en Lyon decidimos ir a París un poco antes, pero el autobusero de Megabus además de que llegó tarde no nos dejó y nos quedamos de turismo por la ciudad. Sylvia nos había recomendado un parque-zoo –como le gustan estas cosas a los franceses- y después de un paseo por la ribera del Ródano y un último por el centro de la ciudad, volvimos a nuestro querido Megabus dirección: París.

TROISIÈME ARRÊT: PARIS

Después de unas seis horas en el maldito Megabus, albaricoques en almíbar, bocadillos y búsqueda de novios leoneses que no volveremos a ver: llegamos a París. Nuestro hostal estaba cerca del Canal de San Martín y se llamaba: Elevator Hostel, el precio fue de 15€ por noche, que estando en el centro de París no es nada caro. Además es bastante lujoso y limpio, lo único malo es que no hay cocina y se supone que no puedes meter comida del exterior y no dan ni desayuno, ni toallas –lo que hizo que utilizáramos un jersey como tal-.

Esa noche cenamos tacos de lechuga con ensalada mexicana porque somos las más sanas –y las más cutres- y nos hicimos hamijas de un marroquí de la habitación. En la misma habitación también teníamos a un viejito que vivía ahí –o eso parecía- que tenía un calentador de agua portátil y se hacía sopas, y que miró a Teresa muy muy raro mientras se comía una mandarina; el buen hombre era un poco rarillo, pero majo, nos dio un mapa y nos indicó qué visitar y por donde evitar pasar.

Tras la suculenta cena, decidimos ir a dar una vuelta paseando por el Canal de San Martin hasta République con nuestro nuevo mejor amigo el marroquí del hostal. Estuvimos hablando con él de muchas cosas en francés-inglés y nos perdimos muchísimo, pero como paseo nocturno estuvo bien.

Al día siguiente nos levantamos mínimamente temprano para hacer el free tour, que salía desde Notre Dame y así veríamos toda l’Île de France. La verdad que como siempre digo, los guías suelen ser un amor, lo explican todo genial y sales enamorada de la ciudad; pero esta vez no sólo salimos enamoradas de la ciudad, sino también del guía, lo que tiene como resultado que ahora seamos unas expertas en París y que esté dispuesta a hacer el tour cincuenta veces más –pese a que esté cansada de ir a París y ver la Torre Eiffel y lo de siempre mil veces-. El guía para vuestra información y por si algún día vais a París y hacéis el tour se llama Hugo y es gallego, el hombre se lo curra muchísimo y se merece que le deis una buena propina –le dimos más de lo que solemos dar y todo-. Pero bueno fuera de bromas ya, nos explicó todo lo que viene siendo el centro de París durante unas tres horas y media, que en ningún momento se hicieron pesadas, y te deja más enamorado de París –sí, es posible-.

Terminamos en el Louvre y fuimos por la Place de la Concorde hasta la Torre Eiffel, pasando por el Pont d’Aleixandre III y les Invalideshaciéndonos las ochenta fotos correspondientes-. Luego fuimos al Arco del triunfo y paseamos por los Campos Elíseos para terminar en un Quick donde comimos a las cuatro de la tarde –que ya está bien- ya que había hambre y llovía.

Después de comer fuimos a ver la Torre Eiffel iluminada y fuimos dando un paseo por el Sena al barrio Latino; allí decidimos ir a Montmatre a ver le Moulin Rouge, ya que parece otro de día y de noche y es bonito ver el contraste. Volvimos a casa con la mala suerte que después de no pagar ni un metro en todo el viaje nos multaron en la mierda de parada de metro del hostal y no pudimos escapar de los revisores, COLONEL FABIEN TE AMO.

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Feliz antes de que nos pillaran los fuckings revisores.

Así que esa noche celebramos la multa con unos sándwiches y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, nuestro último día en París, volvimos a Montmatre donde subimos hasta el Sacre Coeurdonde por cierto me encontré con una amiga de la guardería, el mundo es un pañuelo-. Bajamos haciendo el recorrido que haría Amélie y nos comimos una tarta muy rica, para después de ver le Moulin Rouge, esta vez de día. Cogimos el metro y fuimos hasta la Ópera, donde subimos al mirador.

Para terminar nuestra visita fuimos al Louvre; entramos para ver la parte egipcia y de Babilonia –no había tiempo para mucho más- y fuimos a ver la Mona Lisa y la muralla china que la rodea. Comimos en el McDonald’s, donde perdí la tarjeta de crédito, y volvimos al hostal para recoger nuestras cosas e ir al Blablacar en la otra punta de París.

Y ¡cómo no! Llegamos tarde al Blablacar y casi nos dejan en tierra, y ya para rematar hubo un atasco que hizo que llegáramos a Lille tres horas después.

QUATRIÈME ARRÊT: LILLE

Y así fue como un lluvioso jueves llegamos a mi querida Lille a las nueve de la noche. Le preparé a Teresa un bonito Colin de Alaska -una de mis especialidades- y empezamos a beber en Bas-Liévin con Chiqui y Laura. Como era la fiesta de bienvenida Erasmus, cogimos el autobús dirección el centro. Lo malo fue que Teresa no se había tomado la Biodramina y la pobre se mareó mucho, así que al poco rato tuvimos que volvernos a casa.

Al día siguiente Teresa se quedó recuperándose del viaje en autobús y yo lo invertí en cosas provechosas como ir a Auchan y hacer que voy a la Universidad con Manolo y acabar en un kebab. Tengo que decir que le hice a Teresa el mejor cous-cous de su vida –ahora que soy medio mora- pese a que antes intenté hacerle una sopa de sobre y la quemé, que no puedo renunciar a mis raíces de pésima cocinera.

Esa noche después de beber sola –al más modo viaje de estudios- quedé con Ainara en ir al centro a tomar algo; pero, por cosas de la vida, nos encontramos a Ariadna y a una amiga suya francesa y nos llevaron a un antro muy antro donde tuvimos una noche de lo más random y divertida.

Ya si que hicimos turismo por Lille el sábado, le enseñé a Teresa la Citadelle, le Vieux Lille, la Grande Place, l’Opéra y lo más importante: el Rihad y su gran Pizzwich. El Rihad es un restaurante al que vamos siempre que queremos cenar fuera, en relación calidad-precio no hay otro igual en Lille –ni en el mundo- y tienen el Pizzwich: es una especie de pizza riquííííísima que vale seis euros con patatas fritas y comen dos personas, además todo acompañado de une carafe de l’eauaka una jarra de agua gratis- que por cierto, en Francia no pueden negarse a dártela. De esta manera comes bien y barato en el centro de Lille en un restaurante sin pinta de kebab de mala muerte, además con variedad de platos, pero yo es que soy demasiado fiel al Pizzwich como para variar lo que pido.

Seguimos paseando llegando a la Gare Lille Flandres, siguiendo por la parte comercial de Lille y terminando otra vez en la Grande Place donde quedamos con Ainara. Seguimos hacia Porte de Paris y el ayuntamiento, y fuimos a République donde nos paramos en la Farafina a tomar una cerveza.

reEsa noche fuimos a Le chat qui fume a comer el típico welshcomida obligatoria y más que recomendable aquí en Lille- aunque a mí me gustó más el de la Chicorée. Después se nos unió Manolo para salir un poco esa noche. Nos recorrimos el 80% de los bares de la Vieux Lille y Solférino para tomarnos algo de tranquis, pero estaba todo lleno y acabamos en el Speakeasy tomándonos una cerveza de esas de 10 grados que te dejan tramboliko. Esa noche nos echamos unas buenas risas, ya que era la última de Teresa, y me hicieron un poco de bullying recordando viejas glorias del Erasmus. Acabamos en la Latina y volviendo a casa casi a las cinco de la mañana, recenando un café de la máquina de camino a Bas-Liévin y un cappucino –todo junto, mi droga-, donde decidí que era buena idea hacer rollitos de primavera para la comida del día siguiente.

Y aquí termina nuestros diez días de Interrail francés donde ha habido de todo, tanto bueno como malo, aunque está claro que las risas y los momentazos han hecho que los cincuenta euros de la multa me duelan mucho menos. Un viaje donde ambas pensábamos que íbamos a acabar hartas la una de la otra y que iba a ser mucho más presidio soportarnos, pero está claro que no ha sido así. Voy a recordar con muchísimo cariño este viaje y todo lo que hemos vivido, los paseos hablando francés en los que casi te tiro a la carretera y las LARGAS esperas. Y que está claro que la distancia nunca será un problema para nosotras. Muchas gracias por todo Terebe, y deseando de otro viaje tan xuliyo como éste –aunque sea difícil-.

Hay que ver que melancólica me pongo últimamente con las entradas del blog, a ver si ahora voy a ser una romántica <3.

Un besazo para todos y hasta pronto, que aún tengo muchas cosas que contar.

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Marini.

 

 

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