Las aventuras de Ari y Marina

¡Buenas tardes de nuevo!

Lo primero, para los que no sepáis quién es Ari, Ariadna Roig es una chica de Sabadell que hace el Erasmus en Lille y de la que no me he separado este último mes. Su vida es de libro, si esta entrada tratara sobre su vida os ibais a reír mucho y yo me iba a morir escribiendo.

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Aquí estamos nosotras wapiximas.

 

 

 

Cuando Paco vino a Lille estuvimos haciendo turismo por Lille, comimos en el Rihad, hicimos un apéro de quesos cervezas y vino con un resultado tramboliko ilustrado por vídeos cantando que sonarán en nuestras bodas, vimos películas catalanas, intentamos ver “Ocho apellidos catalanes” pero era tan truño que nos dormimos, escuchamos canciones de travestis, comimos pollo asado en la Citadelle, fuimos al marché de Wazemmes, nos tumbamos al sol, bebimos long island y nos quisimos muchísimo. Y estas son las visitas que te dan la vida, amigos de muchos años con los que ni la distancia, ni el tiempo ha logrado separaros –Marini la poeta-.

Pues bueno, desde entonces, no me he separado de Ari. Ari llegó en el primer cuatrimestre, pero no fuimos hamijas hasta Budapest, y ya luego vinieron nuestras soirées. Nuestra historia se remonta a un día de febrero que había tandem español-francés en Macondo, y como sabía que yo nunca digo que no a nada, me dijo de ir. Después nos encontramos a una chica que conocimos en le Polygone otra historia que tiene tela- una semana antes y acabamos en el Golden wave con gente muy maja y random; después huimos en bicicleta ambas, Ari de pie pedaleando y yo sentada, pero a los metros nos dimos cuenta de que no funcionaba así que fuimos andando y acabamos en le Boucherie bailando les lacs du Connemara… desde entonces tenemos un largo historial de historias, soirées random y viajes que voy a recordar durante toda mi vida.

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Esta es la foto que retrata la primera noche con nuestro mejor amigo.

Así que quería relataros todas nuestras aventuras de este mes, porque cuando salimos juntas lo único que sé es que no vamos a volver temprano, aunque queramos; y que la noche va a ser random a la par que trambolika.

Empecemos por partes y por orden cronológico:

El fin de semana del 16 de abril, Ari me salvó de una experiencia muy graciosa y decidimos ir al Bplan que es una especie de teatro que cumplía 18 años. No habíamos ido en nuestra vida, pero había que celebrarlo… 18 años no se cumplen todos los días. Y allí nos plantamos, pese a que había poquísima gente, pero nos lo pasamos bastante bien y estuvimos de risicas con la gente de allí, y Vincent que aparecía de vez en cuando. Cuando nos echaron, decidimos ir a Solférino, –no sé por qué siempre acabamos yendo y diciendo que no vamos a volver, no aprendemos-; lo anecdótico es que nos pareció una genialísima idea llevar un contenedor desde Gambetta hasta la puerta del Smile, pero a los dos minutos nos cansamos, pese a que era nuestro hijo. Después de un tour por todos les boîtes abiertos de Masséna, con otra historia que debo relatar: estábamos en la puerta de la Boucherie y el portero se puso a preguntarnos que cuánto eran 18-9, Ari me miró y empezó a reírse, y yo la más matemática dije 2 y empezaron a partirse el culo; lo mejor de todo es que nos dejaron entrar, y que dentro bailamos Legalización de Ska-p. Acabamos en el Smiledonde siempre juramos no volver y siempre volvemos-, pero esta vez hablando con dos tíos profundamente del racismo en Francia y el independentismo catalán. Vamos, lo que se dice una noche muy completa.

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Aquí, paseando a nuestro hijo por las calles de Lille.

Al día siguiente bebimos en mi casa Long Island con una conversación profunda  y fuimos al Magazine, que nunca habíamos ido. Dicen que es la mejor discoteca de Lille y a mi me pareció bastante normal, pero también nos dijeron que no había sido el mejor día. Nos hicimos extra amigas del portero porque un hombre se puso a reírse de nuestro acento e intentamos que nos invitaran a una cerveza porque nos sentíamos ofendidas, pero no coló. Pero bueno, ahora el portero tunecino boxeador que también trabaja en Euralille es nuestro amigo. Acabamos cerrando la discoteca con el Libro de la selva de fondo.

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Aquí las reinas cerrando le Magazine.

A la par esa semana yo empecé a estudiar de lunes a viernes en mi querida biblioteca de Lille 2 –mi segunda casa-, además estudiando fuerte, que a veces me pregunto si estoy de Erasmus y todo. Pero así me permitía tener más libertad las últimas semanas del Erasmus que las tengo llenas de exámenes y no quiero quedarme con mal sabor de boca por el final. Espero que este cuatrimestre vaya, como mínimo, igual que el anterior, porque si encima que estoy estudiando me salen peor que los del primer cuatrimestre que no hice ni el huevo, sería preocupante. Veremos las próximas semanas y próximamente en el blog.

Pero bueno, que aquí no he venido a hablar de exámenes, aquí he venido a hablar de soirées random.

El jueves  21 de abril se me ocurrió echar a andar por Ronchin, mi gran barrio, y acabé en el aeropuerto de Lilleque está a unos cuatro o cinco kilómetros de mi casa-. Después comimos en la Citadelle porque hacía muy buen día con la gente de Sciencespo y fui a Tourcoing a dar una charla en un instituto sobre lo maravilloso que es España y el Erasmus. Por la noche no salí –INCREÍBLE- pero es que tenía que ir a una clase que no habíamos ido nunca porque hemos cambiado tres veces de profesor: el primero era un loco que cuando entramos a su clase preguntamos dos veces que qué materia era, porque el hombre estaba hablando de un remix entre los fenicios y “liberté, égalité, fraternité”, y sus apuntes además eran 600 páginas; luego, el segundo, soltó en medio de clase que los Erasmus no hacían nada y que había que cambiar la consideración que se les tenían, así que también tuvimos que huir de él; la tercera nos ha dicho que nos va a tratar como franceses, pero confiemos a que desde entonces haya cambiado de opinión y nos trate como tontitos que somos. Aclaración que ya he hecho el exámen: nos ha tratado como franceses, pero es que la mujer parece que no se entera de nada… espero que tenga algo de consideración al corregir.

Pero el viernes 22 sí que salí, fuimos a la fiesta de despedida de Cristina, ¿que quién es Cristina? Yo la conocí ese día pero vive con las mejicanas, así que fuimos a beber sangría con todos los de Sciencespo y gente random que apareció –gente que como yo, no pintaba allí, pero bueno las fiestas Erasmus son así-. La gente de Sciencespo son las chicas mexicanas y españolas con las que fui de viaje a Luxemburgo, muy buena gente y una argentina y todo aquél que se apunte –las típicas fiestas que parecen la ONU-. El resultado fue cuanto menos tramboliko y acabamos en Masséna comiendo arroz al curry con la mano-el mejor arroz al curry de nuestra vida-. Hicimos un tour de bares, acabando en el Smile de nuevo, y volvimos a casa… Ari en un taxi-bici y yo en mi querido L1 –la reina del bus-.

 

Ese fin de semana era St Jacquelinesanta Santiaga para los amigos- y en Rue de Postes había mucha fiesta. La fiesta no sé exactamente de qué va, pero todo el mundo se pone algo rosa y parece de nuevo el Carnaval de Dunkerque. Estuvimos en Macondo y por alrededores bebiendo cerveza, después aparecieron Zélie –la vecina de Ari- y Marc y fuimos a le Circus. Cuando cerraron decidimos ir a Modjo con una compañía algo extraña, así que huimos hacia Masséna de nuevo. Allí Ari fue preguntando a todo el mundo –sí a todo el mundo– donde podíamos encontrar el arroz al curry del día anterior; pero nunca lo encontramos y seguimos aún en su búsqueda. Hicimos un tour de boîtes, prometiéndonos de nuevo que no volveríamos jamás porque ya estamos cansadas, y acabamos en Networkprometiendo no volver rodeadas de garrulos franceses-.

El domingo tocaba mercado, pese a que llovía, pero era más que necesario cuando tienes el frigorífico vacío. Después fuimos al Cheval blanc, el mejor plan de domingo, y estuvimos con Zélie y sus amigos. Acabamos en Chez Madéleine bailando y así otra vez acaba un domingo random.

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Resumamos el Erasmus en dimanches y esto.

El jueves 28  celebramos en la habitación de Anna su cumpleaños, así que hicimos una petite soirée y nos reímos mucho.

Al día siguiente fue la Gala d’été de Sciencespo Lille. Yo no estudio allí, pero es que Ari y yo no podíamos separarnos este mes, y contamos con que yo me apunto a un bombardeo. Íbamos todas cual salidas de una boda, muy divinas, y aquél que haya visto nuestras fotos de Facebook se habrá quedado extrañado de que nosotras fuésemos tan emperifolladas. Fue en Hospice de Comtesse, un museo que hay en la Rue de la Monnaie –c’est la classe, c’est la qualité-. Estuvimos bebiendo champagne, cerveza y ponche cual reinas, y aunque fue algo sosa y acabó muy pronto, estuvo bien y éramos el alma de la fiesta. También escuchamos a uno diciendo: “ey tío, luego vamos al Smile” y nos reímos mucho, como si ahora el Smile fuese el sitio más bueno de Lille. Después la fiesta continuaba en el Australian bar de la Vieux Lille, pero nosotras nos fuimos a casa de un amigo y bueno… no daré muchos datos de la fiesta porque fue la locura, pero contaré el final de la soirée porque quedará para el recuerdo: Ari tenía que mandar una carta certificada a su casera indicando que se iba de su casa el mes próximo, pero se quedó durmiendo en el sofá y de ahí no había quien la moviese; entonces ahí estaba mamá Marina a las ocho de la mañana tirando de ella para ir a la fucking Poste. Después de ir arrastrándonos a desayunar al Monoprix, encontrarnos la Poste cerrada por reformas, y acabar en Gambetta haciendo cola como si de las rebajas se tratase cantando “pour un flirt avec toi”creo que la gente flipó con eso y nuestra cara de demacradas-; enviamos la carta. Y así es como llegamos a casa a las once de la mañana después de una de las noches más completas de todo el Erasmus. Obviamente al día siguiente fue el día de la marmota máximo.

El domingo 1 era el día del trabajo y no funcionaba ningún transporte público, además en Wazemmesel barrio de Ari, nuestro barrio favorito y la capital de la cultura- era el Festival de la sopa: diferentes asociaciones, y medio Lille prácticamente, hacía una sopa y podías probarlas. Había muchísimo ambiente y un tiempo muy primaveral, así que estaba todo el mundo en la calle. Luego fuimos al Cheval blanc y a la Maison Folie que había conciertos, terminando en chez Madéleine.

Ahora hagamos una pausa para decir que Ainara ha vuelto de Madrid y se ha unido a nuestros planes –ya no estamos tan solas-.

Esta semana comenzó Wazemmes l’accordeon, un festival que si os pilla por aquí está genial, hay un montón de conciertos y ambiente. El miércoles 4 fue el Bal du Cheval Blanc, básicamente fue un concierto de lo que vemos los domingos en un escenario muy grande. Había mucha gente y era un poco agobiante y aunque fue un poco fatídico por distintas razones –nada podrá mejorar el ambiente del cheval los domingos- estuvo bien. Aquí os dejo dos vídeos, en uno salimos al final dándolo todo:

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Al día siguiente, que era festivo, fuimos al marché y, aprovechando el buen tiempo, –sí, Lille estaba irreconocible- fuimos a la Citadelle y volvimos al cheval que había más conciertos.

El viernes 6 fuimos a nuestra querida Gare Saint Saveur que había unos cantantes de twist y estuvo bastante bien. Al día siguiente en Wazemmessí, no salimos de ahí- había una especie de tour de conciertos en doce bares diferentes y allí fuimos, acabamos en el cheval como siempre y después fuimos a la Maison Folie, donde había más conciertos.

El domingo 8 comimos en la Citadelleaunque parezca que no el buen tiempo ha durado dos semanas- además con un calor horroroso. Después de un café en nuestra querida calle Marruecosdonde hacen el mejor café y por un euro-, fuimos al parque de Wazemmes y luego al cheval. Apareció un amigo francés (Marc), y después de una historia bastante graciosa, unas cervezas en la plaza, una visita a Modjo y un concierto que estuvo genial en la Madéleine, me fui a casa.

Este último sábado, acompañé a Manolo a urgencias –todo en órden y nada grave- y cuánto tenemos que aprender de los franceses, qué eficiencia y rápidez, en España hubiésemos estado mínimo tres horas esperando. Estuve esperándolo unas tres horas y media cual madre en la sala espera, en la que me hice amiga de un hombre que me contó muchas cosas sobre la situación de los sin hogar en Francia, al rato vino Ari a hacerme compañía y resultaba que el hombre le había ayudado a reparar su bicicleta. Así que comimos galletas con él y ya volvimos a casa, haciendo una compraca en el Lidl. Esa noche estuvimos bailando en la Maison Folie de Wazemmes porque era el bal de clausura de Wazemmes l’accordéon.

Y ya el domingo, pese a que yo pensé en quedarme estudiando, acabamos en el cheval y en la Maison Folie que era el día de Wazemmes villagesí aquí parece que todos los días tiene que haber algo-. Vinieron también Manfredi y sus amigos de Arts et Métiers y lo pasamos bastante bien.

Y bueno, decir que todos los días que no he nombrado ha sido porque he estado estudiando –QUE LOS ERASMUS TAMBIÉN ESTUDIAMOS, POCO, PERO ESTUDIAMOS- que estas semanas la tengo plagadas de exámenes. Pese a que he salido mucho, con organización todo se puede. De hecho ya llevo tres exámenes y he salido gloriosa de todos ellos, así que viva vivaaaa. Lo malo es que Ari no tiene nada que hacer, para un examen que tenía se lo cancelaron, y hemos estado más separadas estas últimas semanas.

Este mes con Ari ha sido uno de  los meses que recordaré con más cariño, ya no sólo porque no nos hemos separado, porque nos hemos reído muchísimo y porque he salido como nunca, sino porque también he aprendido muchas cosas. Supongo que cuando vienes de Erasmus te propones no salir con españoles, aunque lo acabes haciendo, pero te encuentras con gente que sabes que van a formar parte de tu vida –Marina se nos pone romántica-. Pese a que yo, que odio los prejuicios, los tuve y mucho contra Ari; pero ha sido ella la que me ha hecho darme cuenta definitivamente de que no hay que tenerlos. Resulta triste decirlo pero vivimos en un mundo lleno de clichés, aunque queramos negarlo, pero se trata de ir eliminándolos como seaY bueno esto es una de las cosas de las que más me alegro de toda esta experiencia, porque pese a que soy la defensora de la diversidad, algo de prejuicios quedaban, y ahora puedo afirmar que ya no los hay. Toda esta reflexión viene del final de todas estas noches relatadas, influenciadas por las cervezas del norte, en las que hemos acabado melancólicas casi llorando porque no queremos irnos de aquí y porque nos queremos mucho.

Así que terminemos con un pastelosísímo final dándole las gracias a Ari por estas noches, por todo lo que he aprendido con ella y por enseñarme que no importa tener ideas diferentes para llevarte bien con alguien –siempre que sea la fiesta lo que una todo-. También quiero darle las gracias a Wazemmes el barrio cultural, al hombre de la Gare Saint Saveur que nos encontramos en todos lados, a Flavian el teñido de rubio platino que hace la fiesta a otro nivel, a Mike Wazowski, a todos los desconocidos que han bailado con nosotras, y en fin, a todos las personas randoms que nos han acompañado. Sin vosotros, estas noches no hubieran sido lo mismo.

Un besazo y visca Catalonia, desde la espontaneidad y naturalidad que nos define.

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Marini

PD: Se avecinan entradas muy melancólicas y pastelosas –me siento Marina Ubago-, próximamente.

Voyage à Berlin

¡Hola a todos de nuevo –después de tanto tiempo-!

Y aquí viene el último “Voyage à…” del Erasmus –muy pero que muy a mi pesar- sin contar el tour de Francia que haremos para volver a España; y no podíamos haber elegido una ciudad mejor para hacer nuestro último viaje.

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Lo primero Berlin es una ciudad diferente, y creo que no hay otra manera de explicarlo. No es una ciudad preciosa, como puede ser Budapest; tiene cosas bonitas como cualquier ciudad –hasta Murcia tiene cosas bonitas- pero creo que a todos nos ha encantado. La gente es un remix de ochenta estilos distintos y todos se respetan, vamos, que puedes ir con rastas hasta el culo, una falda con ochenta colores y flores en la cabeza que los únicos que te miran raro serán los turistas. Bueno, quizás me equivoque pero es la sensación que me ha dado a mí. Luego también la historia ha hecho que haya un contraste bastante notorio e interesante según la zona en la que estés; y como consecuencia la ciudad es muy alternativa y todo es muy pero que muy undergroundde hecho llega un momento que parece que lo tienen todo descuidado aposta para conseguirlo-. Y al final es todo esto lo que conforma el encanto de la ciudad, la fiesta también pero de eso hablaremos más tarde, y los precios, muy bajos para ser una capital europea, y los kebabs y todas las tiendas 24 horas –a ver cuando aprenderá Lille-.

El viaje fue algo diferente porque venía Paco desde Barcelona, que llevaba mucho tiempo sin verlo y ya lo echaba de menos.

Día 1. Sábado 9 de Abril.

El sábado partí en un blablacar a las 9 de la mañana dirección Charleroi, después de que nos cambiaran el aeropuerto, antes lo cogíamos en Zaventem; tuve suerte porque los mismos del coche cogían tanto mi avión de ida, como el de vuelta. Allí estaba Manolo que había tenido que irse en flibco antes, con suerte a las ocho de la mañana y no a las cinco porque estaban todos completos, y después de pasar ochenta controles y cien militares nos montamos en el avión.

En el aeropuerto nos esperaba Paco y ya fuimos al hostal pagando el metro –primera y última vez porque nos va el riesgo-. El hostal se llamaba Check-in Hostel y estaba justo al lado del Check point Charlie, sí se curran el nombre los alemanes, y era bastante completo por unos diez euros la noche. Esa tarde fuimos a ver el Reichstag y nos sentamos al solamium de la tarde y ya, cuando hacía más fresco, fuimos a ver la Puerta de Brandemburgo.

Volviendo al hostal encontramos un supermercado que se llamaba Ullrich, resulta que además de ser barato, TIENEN REBAJAS EN ALCOHOL. No sé si será el supermercado más barato de la ciudad, pero sólo por eso ya merece la pena ir. Así que volvimos cual mulas con cervezas alemanas –que saben a agua pero vienen en latas de un litro y es gracioso- y licor de hierbas que sabía algo a Jagger por 2.80€, y Manolo como siempre con ochenta bebidas raras –su droga-.

Cabe recalcar que yo en todos los viajes, por miedo a que se produzca un desabastecimiento general de todos los supermercados y muramos de hambre –y para no gastar-, siempre me llevo lo que pillo por casa… que esta vez fue: patatas, cebollas, zanahorias, pastillas de avecrem y naranjas. Luego me llamarán cutre pero nos cenamos unas patatas cocidas al microondas más buenas que todas las cosas –la cutre always wins-.

Por la noche fuimos a la sala común del hostal rodeados de croatas que no paraban de chillar y me ennerviaban. Allí nos confiscaron una botella de licor de hierbas, porque sólo se podía beber vino y cerveza, y luego los luces de nosotros nos sacamos otra y vino un hombre e hizo la cata de nuestro cubata chupándose un dedo, pero nos hicimos los locos “ai don andestán inglish” y ya cerraron la sala común y decidimos ir andando a la zona de fiesta –el metro pa’ las cabras-. El caso que acabamos en East Side Gallery dando una vuelta por los bares alternativos y acabando en una rave al aire libre con un tío rapeando y otro tocando el saxo. Después cogimos un metro para volver a casa mientras unos turcos, o a saber de dónde eran, nos amenizaban el trayecto con sus cánticos.

Día 2. Domingo 10 de Abril.

Este día se supone que venía Terebe, digo se supone porque perdió el Polskibus, pero bueno Terebe te perdonamos por guapa y reina –pero te quedas sin especias de couscous-. Nos despertamos tarde y desayunamos lo que teníamos y café robado del hostal. Se supone que Ari llegaba este día a Berlin –porque tuvo problemas con el vuelo, pero eso es una historia más larga que da para otra entrada-, y nos la encontramos de casualidad en el metro –menos mal porque si no a saber cómo hubiera llegado al hostal-. Después de indicarle donde estaba el hostal, fuimos al East Side Gallery a ver el muro; ya allí después de hacernos fotos xuliyas nos comimos un wiener Schnitzel con patatas servido por una simpatiquííííísima alemana –nótese la ironía-.

Esa tarde ibamos a hacer el free tour, pero como ya íbamos muy tarde -como siempre- acabamos en una cafetería comiendo helado de un euro y bebiendo café. Después fuimos al Mauer Park que los domingos se monta un mercado de pulgas enorme donde comimos currywurst y estuvimos bailando con unos cubanos que tocaban la batería. Había un buen rollo increíble, con niños y todo, gente bebiendo cerveza y todo el mundo dándolo todo.

Ya para volver a casa, pasamos por la isla de los museos y el Berlin dom, y ya en el hostal estuvimos con Chiqui, Urdi, Miguel y Henar que estaban haciendo un viaje por Europa y coincidíamos en el hostal. Nos cenamos una sopa –o infusión de zanahoria con cebolla y jamón- y estuvimos un rato en la sala común. Como al día siguiente queríamos aprovechar, no salimos.

Día 3. Lunes 11 de Abril.

Nos despertamos y fuimos a hacer el free tour –los free tour, nuestra droga-, recorrimos todo el centro histórico con un guía chileno yy un hombre que hacía preguntas algo raras.

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Yo contenta en el memorial de los judíos.

Tras el pateo, el guía nos recomendó un buffet libre vietnamita llamado Lilly’s por 7.80€ y allí que, obviamente, fuimos. Llegamos sobre la una y nos fuimos al cierre casi a las cinco de la tarde, y sí, el sitio era all you can eat all you can takeporque nos llevamos comida para cenar –siempre aprovechando al máximo-; era bastante completo respecto al precio, con sushi, pollo y ternera cocinados de mil tipos –el de coco, mi droga-, sopas, un yogur buenísimo, arroces, fideos etc… Salimos rodando, literalmente, acompañados del guía, que también iba rodando.

Después, el guía, que nos lo encontramos allí, nos llevó al museo del muro que era gratis ese día. Allí hay una panorámica del muro y te cuentan cosas interesantes.

En ese momento nos separamos,  Paco y yo fuimos a la residencia de verano de Hitler, donde nos dimos una vuelta por los jardines ya que resulta que los lunes estaba cerrado. Aunque por el camino tuve que parar porque la comida en mi barriga me impedía seguir andando. Allí nos hicimos fotos como buenos palomos que somos, véase nuestras poses casuals:

Esa noche cenamos en el hostal y nos pusimos a beber en la sala común –pero esta vez escondiendo el licor de hierbas- donde volvió a aparecer el guía, sí, el hombre era omnipresente. Porque ya que estoy aprovecho para contar toda la historia del guía, resulta que el hombre le pidió el móvil a Chiqui para enviarle unas fotos que había hecho del grupo del free tour y para darnos descuentos para esa noche, así que se plantó en el hostal, además de haber comido con nosotros y de haber ido con Ari al East Side Gallery e invitarla a helados; el hombre era majo, pero era inevitable no reírse de con él cuando se ponía a cantar reggaeton solo con melodía de Álex Ubago. Ójala pudiera adjuntar una nota de voz pero era algo así como: “Hoooola bebé, ya que contigo no sirve la laAaAabiAaAa…” y claro como para no llorar de la risa. De vez en cuando hacía algún comentario que como para no reírse tampoco… y bueno, al entrar a la discoteca se puso a perrear de una forma muy extraña y al poco desapareció –PRAY FOR EL CHILENO, IN EL CHILENO WE TRUST-.

Decidimos ir a Matrix, una discoteca que había al lado del East Side Gallery y donde teníamos descuento, pero al entrar nos dimos cuenta que no era más que un Smile berlinés y después de la maravillosa fiesta que nos había prometido Berlin era bastante decepcionante… Así que junto a Ari y Paco decidimos buscar algo mejor, y justo cuando decidimos darnos por vencidos porque era lunes y nadie sabía decirnos nada apareció un hombre que nos pintó la noche de color rosa y nos hizo tener una de las mejores noches de nuestra vida. Primero, fuimos preguntando a la gente por la calle por dónde salir, y al final acabamos en un taxi con un desconocido yendo a Kitkat, una discoteca que jamás olvidaré. En las discotecas de Berlin se puede hacer de todo, sí, tal cual y literalmente, así que podéis imaginaros como fue la noche… Acabamos cerrando la discoteca y volviendo a casa de empalme directos al avión.

Y así llegamos a Charleroi, vestidos de fiesta aún, donde cogimos el Blablacar y a las dos de la tarde estábamos en Lille, pese a que casi no podemos volver porque se dió un piñazo con otro coche justo antes de venir a por nosotros.

Después de una buena recuperación de sueño con mi Paquito en mi grandiosa cama: dormimos una siesta hasta las diez de la noche y luego, nos acostamos a las doce hasta las diez del día siguiente, dimos por finalizado nuestro viaje.

Berlin me ha sorprendido, me ha sorprendido muchísimo, y hemos prometido volver, pronto, y con la misma compañía y con las mismas soirées extra randoms. Porque al final no comí la kartoffensalat, ni falafel, ni delicias vegetarianas –allí parece que todo el mundo lo es, tienen de todo-, ni codillo… Pondré como excusa que no he comido todo eso para volver más pronto que tarde.

Volveré pronto para contar mis últimas aventuras en Lille, que no son pocas, aunque cada vez veo más cerca el fin de esto y me estoy poniendo muy triste.

Un besazo enorme.

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Marini