Voyage à Berlin

¡Hola a todos de nuevo –después de tanto tiempo-!

Y aquí viene el último “Voyage à…” del Erasmus –muy pero que muy a mi pesar- sin contar el tour de Francia que haremos para volver a España; y no podíamos haber elegido una ciudad mejor para hacer nuestro último viaje.

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Lo primero Berlin es una ciudad diferente, y creo que no hay otra manera de explicarlo. No es una ciudad preciosa, como puede ser Budapest; tiene cosas bonitas como cualquier ciudad –hasta Murcia tiene cosas bonitas- pero creo que a todos nos ha encantado. La gente es un remix de ochenta estilos distintos y todos se respetan, vamos, que puedes ir con rastas hasta el culo, una falda con ochenta colores y flores en la cabeza que los únicos que te miran raro serán los turistas. Bueno, quizás me equivoque pero es la sensación que me ha dado a mí. Luego también la historia ha hecho que haya un contraste bastante notorio e interesante según la zona en la que estés; y como consecuencia la ciudad es muy alternativa y todo es muy pero que muy undergroundde hecho llega un momento que parece que lo tienen todo descuidado aposta para conseguirlo-. Y al final es todo esto lo que conforma el encanto de la ciudad, la fiesta también pero de eso hablaremos más tarde, y los precios, muy bajos para ser una capital europea, y los kebabs y todas las tiendas 24 horas –a ver cuando aprenderá Lille-.

El viaje fue algo diferente porque venía Paco desde Barcelona, que llevaba mucho tiempo sin verlo y ya lo echaba de menos.

Día 1. Sábado 9 de Abril.

El sábado partí en un blablacar a las 9 de la mañana dirección Charleroi, después de que nos cambiaran el aeropuerto, antes lo cogíamos en Zaventem; tuve suerte porque los mismos del coche cogían tanto mi avión de ida, como el de vuelta. Allí estaba Manolo que había tenido que irse en flibco antes, con suerte a las ocho de la mañana y no a las cinco porque estaban todos completos, y después de pasar ochenta controles y cien militares nos montamos en el avión.

En el aeropuerto nos esperaba Paco y ya fuimos al hostal pagando el metro –primera y última vez porque nos va el riesgo-. El hostal se llamaba Check-in Hostel y estaba justo al lado del Check point Charlie, sí se curran el nombre los alemanes, y era bastante completo por unos diez euros la noche. Esa tarde fuimos a ver el Reichstag y nos sentamos al solamium de la tarde y ya, cuando hacía más fresco, fuimos a ver la Puerta de Brandemburgo.

Volviendo al hostal encontramos un supermercado que se llamaba Ullrich, resulta que además de ser barato, TIENEN REBAJAS EN ALCOHOL. No sé si será el supermercado más barato de la ciudad, pero sólo por eso ya merece la pena ir. Así que volvimos cual mulas con cervezas alemanas –que saben a agua pero vienen en latas de un litro y es gracioso- y licor de hierbas que sabía algo a Jagger por 2.80€, y Manolo como siempre con ochenta bebidas raras –su droga-.

Cabe recalcar que yo en todos los viajes, por miedo a que se produzca un desabastecimiento general de todos los supermercados y muramos de hambre –y para no gastar-, siempre me llevo lo que pillo por casa… que esta vez fue: patatas, cebollas, zanahorias, pastillas de avecrem y naranjas. Luego me llamarán cutre pero nos cenamos unas patatas cocidas al microondas más buenas que todas las cosas –la cutre always wins-.

Por la noche fuimos a la sala común del hostal rodeados de croatas que no paraban de chillar y me ennerviaban. Allí nos confiscaron una botella de licor de hierbas, porque sólo se podía beber vino y cerveza, y luego los luces de nosotros nos sacamos otra y vino un hombre e hizo la cata de nuestro cubata chupándose un dedo, pero nos hicimos los locos “ai don andestán inglish” y ya cerraron la sala común y decidimos ir andando a la zona de fiesta –el metro pa’ las cabras-. El caso que acabamos en East Side Gallery dando una vuelta por los bares alternativos y acabando en una rave al aire libre con un tío rapeando y otro tocando el saxo. Después cogimos un metro para volver a casa mientras unos turcos, o a saber de dónde eran, nos amenizaban el trayecto con sus cánticos.

Día 2. Domingo 10 de Abril.

Este día se supone que venía Terebe, digo se supone porque perdió el Polskibus, pero bueno Terebe te perdonamos por guapa y reina –pero te quedas sin especias de couscous-. Nos despertamos tarde y desayunamos lo que teníamos y café robado del hostal. Se supone que Ari llegaba este día a Berlin –porque tuvo problemas con el vuelo, pero eso es una historia más larga que da para otra entrada-, y nos la encontramos de casualidad en el metro –menos mal porque si no a saber cómo hubiera llegado al hostal-. Después de indicarle donde estaba el hostal, fuimos al East Side Gallery a ver el muro; ya allí después de hacernos fotos xuliyas nos comimos un wiener Schnitzel con patatas servido por una simpatiquííííísima alemana –nótese la ironía-.

Esa tarde ibamos a hacer el free tour, pero como ya íbamos muy tarde -como siempre- acabamos en una cafetería comiendo helado de un euro y bebiendo café. Después fuimos al Mauer Park que los domingos se monta un mercado de pulgas enorme donde comimos currywurst y estuvimos bailando con unos cubanos que tocaban la batería. Había un buen rollo increíble, con niños y todo, gente bebiendo cerveza y todo el mundo dándolo todo.

Ya para volver a casa, pasamos por la isla de los museos y el Berlin dom, y ya en el hostal estuvimos con Chiqui, Urdi, Miguel y Henar que estaban haciendo un viaje por Europa y coincidíamos en el hostal. Nos cenamos una sopa –o infusión de zanahoria con cebolla y jamón- y estuvimos un rato en la sala común. Como al día siguiente queríamos aprovechar, no salimos.

Día 3. Lunes 11 de Abril.

Nos despertamos y fuimos a hacer el free tour –los free tour, nuestra droga-, recorrimos todo el centro histórico con un guía chileno yy un hombre que hacía preguntas algo raras.

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Yo contenta en el memorial de los judíos.

Tras el pateo, el guía nos recomendó un buffet libre vietnamita llamado Lilly’s por 7.80€ y allí que, obviamente, fuimos. Llegamos sobre la una y nos fuimos al cierre casi a las cinco de la tarde, y sí, el sitio era all you can eat all you can takeporque nos llevamos comida para cenar –siempre aprovechando al máximo-; era bastante completo respecto al precio, con sushi, pollo y ternera cocinados de mil tipos –el de coco, mi droga-, sopas, un yogur buenísimo, arroces, fideos etc… Salimos rodando, literalmente, acompañados del guía, que también iba rodando.

Después, el guía, que nos lo encontramos allí, nos llevó al museo del muro que era gratis ese día. Allí hay una panorámica del muro y te cuentan cosas interesantes.

En ese momento nos separamos,  Paco y yo fuimos a la residencia de verano de Hitler, donde nos dimos una vuelta por los jardines ya que resulta que los lunes estaba cerrado. Aunque por el camino tuve que parar porque la comida en mi barriga me impedía seguir andando. Allí nos hicimos fotos como buenos palomos que somos, véase nuestras poses casuals:

Esa noche cenamos en el hostal y nos pusimos a beber en la sala común –pero esta vez escondiendo el licor de hierbas- donde volvió a aparecer el guía, sí, el hombre era omnipresente. Porque ya que estoy aprovecho para contar toda la historia del guía, resulta que el hombre le pidió el móvil a Chiqui para enviarle unas fotos que había hecho del grupo del free tour y para darnos descuentos para esa noche, así que se plantó en el hostal, además de haber comido con nosotros y de haber ido con Ari al East Side Gallery e invitarla a helados; el hombre era majo, pero era inevitable no reírse de con él cuando se ponía a cantar reggaeton solo con melodía de Álex Ubago. Ójala pudiera adjuntar una nota de voz pero era algo así como: “Hoooola bebé, ya que contigo no sirve la laAaAabiAaAa…” y claro como para no llorar de la risa. De vez en cuando hacía algún comentario que como para no reírse tampoco… y bueno, al entrar a la discoteca se puso a perrear de una forma muy extraña y al poco desapareció –PRAY FOR EL CHILENO, IN EL CHILENO WE TRUST-.

Decidimos ir a Matrix, una discoteca que había al lado del East Side Gallery y donde teníamos descuento, pero al entrar nos dimos cuenta que no era más que un Smile berlinés y después de la maravillosa fiesta que nos había prometido Berlin era bastante decepcionante… Así que junto a Ari y Paco decidimos buscar algo mejor, y justo cuando decidimos darnos por vencidos porque era lunes y nadie sabía decirnos nada apareció un hombre que nos pintó la noche de color rosa y nos hizo tener una de las mejores noches de nuestra vida. Primero, fuimos preguntando a la gente por la calle por dónde salir, y al final acabamos en un taxi con un desconocido yendo a Kitkat, una discoteca que jamás olvidaré. En las discotecas de Berlin se puede hacer de todo, sí, tal cual y literalmente, así que podéis imaginaros como fue la noche… Acabamos cerrando la discoteca y volviendo a casa de empalme directos al avión.

Y así llegamos a Charleroi, vestidos de fiesta aún, donde cogimos el Blablacar y a las dos de la tarde estábamos en Lille, pese a que casi no podemos volver porque se dió un piñazo con otro coche justo antes de venir a por nosotros.

Después de una buena recuperación de sueño con mi Paquito en mi grandiosa cama: dormimos una siesta hasta las diez de la noche y luego, nos acostamos a las doce hasta las diez del día siguiente, dimos por finalizado nuestro viaje.

Berlin me ha sorprendido, me ha sorprendido muchísimo, y hemos prometido volver, pronto, y con la misma compañía y con las mismas soirées extra randoms. Porque al final no comí la kartoffensalat, ni falafel, ni delicias vegetarianas –allí parece que todo el mundo lo es, tienen de todo-, ni codillo… Pondré como excusa que no he comido todo eso para volver más pronto que tarde.

Volveré pronto para contar mis últimas aventuras en Lille, que no son pocas, aunque cada vez veo más cerca el fin de esto y me estoy poniendo muy triste.

Un besazo enorme.

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Marini

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Un comentario

  1. Paco Benedito · mayo 3, 2016

    Fantasticooooo!!!!!

    Hola bebeeeeeeee, ojalá volver a revivir, pongamos, ese atragantamiento de la cerveza que me bebía por descojonarme al mismo tiempo.

    Me gusta

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