Au revoir Erasmus, à bientôt Lille.

Y sí, el momento que nunca pensé que llegaría llegó, y tuve que dar por finalizado mi Erasmus y decir adiós a Lille por un tiempecito, pese a no tener ninguna gana de volver a casa La verdad es que no me apetecía escribir el blog, pero hoy, domingo, me he dado cuenta de que llevaba mi camiseta del Cheval blanc durante mi descanso del trabajo y me he puesto extra melancólica, y con muchas ganas de escribir esto –todo mientras escucho mi lista de clásicos de la música francesa-.

Así que sí, aquí va la entrada que dará final al blog –muy a mi pesar-. El blog que nos ha acompañado todo el Erasmus, aunque sé que faltan muchas historias que me guardo para mí para no asustar a todos mis familiares. Aún recuerdo cuando lo creé y puse una foto cutre de google de portada, con un tema aleatorio y que dije que cambiaría cuando llegara a Lille –y, al final, así se ha quedado todo el año-.

Me costó muchísimo despedirme de Solférino y sus bares que acabé aborreciendo, Masséna y sus discotecas que también acabé aborreciendo, Wazemmes con sus bares y gente cultural, el Cheval blanc nuestra casa de los domingos –donde nos cantaron una canción, nos dedicaron mil más, nos regalaron un disco, acabaron más tarde y terminamos pintarrajeadas con una camiseta-, el marché de los domingos, el Rihad y sus Pizzwich, Bas-Liévin y su personal tan acogedor y simpático como el primer día, Lille 2 (Moulins) junto a Béatrice Depoorter, los porteros que nos aman y el tuerto de la B.U., el R.U. y sus frites faites maison, l’épicerie de la rue Sarrazins y sus cervezas bison de 12 grados, la Grand Place y todo aquello que ha formado parte de mí este año. Lille nos despidió lloviendo, lloviendo mucho, muchísimo, me atrevería a decir que casi más que nunca y partimos en un coche que nos llevó hasta Barcelona haciendo el viaje más random, desorganizado y a la vez de los mejores de mi vida y que recordaré con especial cariño –agradecer a la quejica y le bio-fait maison su compañía de parte de Pingu- . Tras visitar: Étretat, Saint-Malo, Perros-Leguirec, Trégastel, Bourdeaux, Tarbes –CAPITAL DEL MUNDO-, Capbreton, Bayonne, Saint Jean de Luz, Toulouse, los Pirineos, Benabarre y Barcelona; llegué a Murcia –esto fue hace justo una semana-, después de que me cambiaran el tren por dos autobuses, ya que el primero era muy cochambroso y nos dejó tirados en Alcoy.

Pero bueno, ya paso a lo importante:

Dicen que el Erasmus sirve para muchas cosas, por lo general para conocer a muchísima gente, para aprender otro idioma, para aprobar asignaturas sin hacer ni el huevo, para conocer lo que es vivir solo, para hacer orgasmus, para viajar etc… Podría hacer una larguísima lista, pero voy a intentar condensar al máximo lo que ha significado este Erasmus para mí.

Lo primero que quiero hacer es agradecer a todos los que me apoyaron en vivir esta experiencia única, que me ha hecho darme cuenta de que hay que aprovechar al máximo todas aquellas oportunidades que se te presenten, aunque haya dificultades. Pero sobre todo, quiero agradecer a la Marina del pasado que se haya tirado dos veranos trabajando para poder financiarse casi íntegramente toda esta experiencia, porque ha merecido y mucho la pena; al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por su “”””grandiosa”””” ayuda económica; y a la CAF, por ayudarme también económicamente pese a no ser francesa.

Es obvio que la Marina que cogió aquel blablacar un 31 de agosto dirección a Madrid, no es la misma que ahora mismo está escribiendo. He aprendido tantas cosas, pero tantas, de mí misma, de los demás, de mi carrera, de francés y de idiomas randoms, de formas de ver la vida y de la vida misma. He madurado a paso de gigante y he hecho cosas que en la vida pensé que haría; me he rodeado de personas que sé que van a estar conmigo toda mi vida y también me he dado cuenta de qué personas realmente importan; me he sentido muy pequeña, pero a la vez enorme, como si el mundo ya no se me resistiera y pudiera hacerlo todo; he conocido miles de lugares, he viajado muchísimo y no me he cansado –de hecho, lo seguiré haciendo-. Y lo más importante, he sido muy pero que muy feliz, sí que es verdad que quedan cosas por superar pero sólo tengo veinte años.

No me gusta decir que en este Erasmus ha habido momentos malos, pero sí, hubo una temporada bastante dura en la que no era ni yo. Sé que he hecho daño, y yo también sufrí bastante, pero las cosas a veces vienen así y aún habiendo pasado de esta forma creo que lo hice de la manera más correcta.Cada uno se da cuenta de las cosas en su momento y bueno, lo que no te mata te hace más fuerte.

He puesto a prueba a mi hígado en múltiples ocasiones y nunca me ha fallado, he salido de fiesta como nunca, he ido a las fiestas más raras y aleatorias de mi vida, he bailado todos los estilos musicales habidos y por haber y he cantado y chillado sin importarme. No me he perdido ni una fiesta, en contadas ocasiones he rechazado un plan para salir y hemos conseguido que cada noche acabe diferente a la anterior, ya fuera acoplándose a grupos de franceses extraños o montándonos la fiesta solos. Sin duda este párrafo puede resumir mi segundo semestre, el mejor sin duda, ya que el primero fue muy de adaptación.

Un día me sorprendí siguiendo una conversación en francés sin casi esfuerzo y sin “emmm… je ne te comprends pas, tu as dit quoi?”, un día fui a clase y conseguí seguir las clases e incluso tomar apuntes, también escuchaba música francesa y entendía más o menos lo que decía. Vamos, un día me dí cuenta de que AL FIN había aprendido francés, que aunque le había puesto mucho empeño siempre era una lengua que se me atragantaba. Obviamente mi pronunciación destapa que francesa no soy –salvo un día que una francesa me dijo que mi bonjour parecía de una nativa- pero estoy muy contenta con todos los progresos. De hecho, seguro que si mi profesora de francés del instituto me escuchara ahora mismo pensaría que no soy yo.

Me he dado cuenta de lo dura que es la vida de ama de casa, de lo que odio limpiar, y como consecuente que mi habitación estuviera lamentable en múltiples ocasiones; pero eso se solucionaba estando poco en casa, cosa que he cumplido. Mis habilidades culinarias han mejorado muchísimo, obvio es que sigo quemando cosas como sopas de sobre –la base siempre persiste- y mis platos son algo “biocutres”, pero ça va y no he muerto de hambre. Así que bueno, sigo confiando que en un futuro próximo odie algo menos limpiar, que tanta cosa no podía cambiar de golpe. Y aún así he sido muy maripepis y era la reina poniendo lavadoras, secadoras, fregando platos y haciendo la compra en mi querido Auchan.

También he estudiado, menos de lo que haría en Murcia, pero he estudiado. Y oye, que llegar a estudiar en francés tiene su mérito. Y hacerlo bajo la atenta mirada de un tuerto en la biblioteca más aún. Además he aprovechado el tener más tiempo libre: he hecho mucho deporte y he probado algunos nuevos –ahora soy fan del boxeo-, me apunté a un curso de francés y he tenido más tiempo para mí por una vez.

Pero una de las cosas de las que me siento más orgullosa es de que haya conseguido que las tonterías no me afecten, de enfadarme lo justo y necesario, y también de pensar en mí y hacer las cosas para mí. Darme cuenta de que puedo con todo lo que me proponga y de que aún me queda muchísimo por hacer, por viajar, por descubrir y por vivir; además de que tengo que tomarme la vida más tranquila, que parece que tenemos prisa para todo y no es necesario. Lo que ahora mismo no sé es de donde está mi sitio, pero no me preocupa.

Doy gracias por haber elegido Lille, y la volvería a elegir ochenta veces más, por su gente, sus calles, sus bares, su ambiente e incluso su tiempo. No se me ocurre mejor ciudad para haber pasado este Erasmus y aunque me han faltado algunos meses más, también me doy por satisfecha en este punto. Me han faltado cosas que hacer, lo sé, pero porque también sé que voy a volver, no sé cuándo pero volveré.

Y doy gracias por haberme rodeado de las personas de las que me he rodeado, que cada una ha aportado su granito de arena en esta experiencia. Sabéis que os espero en Murcia con el río –el río una mierda-, mi ciudad que he defendido como si no hubiera un mañana durante todo el Erasmus.

Al final siento que he hecho una entrada sin conexión alguna, pero es que he escrito todo tal cual lo iba pensando; al final ha quedado como una mezcla de canción de Alex Ubago y frases de Mr. Wonderful, pero es que estoy muy melancólica. La intención es lo que cuenta y espero haber plasmado lo que ha significado este año para mí.

Muchas gracias a todos los que habéis formado parte de esta experiencia, la que de momento ha sido la mejor de mi vida, porque ¿quién nos dice que lo mejor no está aún por llegar?

Un besazo a todos. Y Francia, nos volveremos a ver muy pronto.

Y sí, esta frase no puede ser más acertada: “Un étranger qui vient dans le Nord pleure deux fois, quand il arrive et quand il repart” 

_DSC6113.JPG

Marini

 

PD: Sé que suena todo muy triste pero vamos, este verano no pinta nada mal y está siendo mucho mejor de lo que pensaba. Así que no estoy sufriendo, que soy muy agonías a veces.

 

 

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