Au revoir Erasmus, à bientôt Lille.

Y sí, el momento que nunca pensé que llegaría llegó, y tuve que dar por finalizado mi Erasmus y decir adiós a Lille por un tiempecito, pese a no tener ninguna gana de volver a casa La verdad es que no me apetecía escribir el blog, pero hoy, domingo, me he dado cuenta de que llevaba mi camiseta del Cheval blanc durante mi descanso del trabajo y me he puesto extra melancólica, y con muchas ganas de escribir esto –todo mientras escucho mi lista de clásicos de la música francesa-.

Así que sí, aquí va la entrada que dará final al blog –muy a mi pesar-. El blog que nos ha acompañado todo el Erasmus, aunque sé que faltan muchas historias que me guardo para mí para no asustar a todos mis familiares. Aún recuerdo cuando lo creé y puse una foto cutre de google de portada, con un tema aleatorio y que dije que cambiaría cuando llegara a Lille –y, al final, así se ha quedado todo el año-.

Me costó muchísimo despedirme de Solférino y sus bares que acabé aborreciendo, Masséna y sus discotecas que también acabé aborreciendo, Wazemmes con sus bares y gente cultural, el Cheval blanc nuestra casa de los domingos –donde nos cantaron una canción, nos dedicaron mil más, nos regalaron un disco, acabaron más tarde y terminamos pintarrajeadas con una camiseta-, el marché de los domingos, el Rihad y sus Pizzwich, Bas-Liévin y su personal tan acogedor y simpático como el primer día, Lille 2 (Moulins) junto a Béatrice Depoorter, los porteros que nos aman y el tuerto de la B.U., el R.U. y sus frites faites maison, l’épicerie de la rue Sarrazins y sus cervezas bison de 12 grados, la Grand Place y todo aquello que ha formado parte de mí este año. Lille nos despidió lloviendo, lloviendo mucho, muchísimo, me atrevería a decir que casi más que nunca y partimos en un coche que nos llevó hasta Barcelona haciendo el viaje más random, desorganizado y a la vez de los mejores de mi vida y que recordaré con especial cariño –agradecer a la quejica y le bio-fait maison su compañía de parte de Pingu- . Tras visitar: Étretat, Saint-Malo, Perros-Leguirec, Trégastel, Bourdeaux, Tarbes –CAPITAL DEL MUNDO-, Capbreton, Bayonne, Saint Jean de Luz, Toulouse, los Pirineos, Benabarre y Barcelona; llegué a Murcia –esto fue hace justo una semana-, después de que me cambiaran el tren por dos autobuses, ya que el primero era muy cochambroso y nos dejó tirados en Alcoy.

Pero bueno, ya paso a lo importante:

Dicen que el Erasmus sirve para muchas cosas, por lo general para conocer a muchísima gente, para aprender otro idioma, para aprobar asignaturas sin hacer ni el huevo, para conocer lo que es vivir solo, para hacer orgasmus, para viajar etc… Podría hacer una larguísima lista, pero voy a intentar condensar al máximo lo que ha significado este Erasmus para mí.

Lo primero que quiero hacer es agradecer a todos los que me apoyaron en vivir esta experiencia única, que me ha hecho darme cuenta de que hay que aprovechar al máximo todas aquellas oportunidades que se te presenten, aunque haya dificultades. Pero sobre todo, quiero agradecer a la Marina del pasado que se haya tirado dos veranos trabajando para poder financiarse casi íntegramente toda esta experiencia, porque ha merecido y mucho la pena; al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por su “”””grandiosa”””” ayuda económica; y a la CAF, por ayudarme también económicamente pese a no ser francesa.

Es obvio que la Marina que cogió aquel blablacar un 31 de agosto dirección a Madrid, no es la misma que ahora mismo está escribiendo. He aprendido tantas cosas, pero tantas, de mí misma, de los demás, de mi carrera, de francés y de idiomas randoms, de formas de ver la vida y de la vida misma. He madurado a paso de gigante y he hecho cosas que en la vida pensé que haría; me he rodeado de personas que sé que van a estar conmigo toda mi vida y también me he dado cuenta de qué personas realmente importan; me he sentido muy pequeña, pero a la vez enorme, como si el mundo ya no se me resistiera y pudiera hacerlo todo; he conocido miles de lugares, he viajado muchísimo y no me he cansado –de hecho, lo seguiré haciendo-. Y lo más importante, he sido muy pero que muy feliz, sí que es verdad que quedan cosas por superar pero sólo tengo veinte años.

No me gusta decir que en este Erasmus ha habido momentos malos, pero sí, hubo una temporada bastante dura en la que no era ni yo. Sé que he hecho daño, y yo también sufrí bastante, pero las cosas a veces vienen así y aún habiendo pasado de esta forma creo que lo hice de la manera más correcta.Cada uno se da cuenta de las cosas en su momento y bueno, lo que no te mata te hace más fuerte.

He puesto a prueba a mi hígado en múltiples ocasiones y nunca me ha fallado, he salido de fiesta como nunca, he ido a las fiestas más raras y aleatorias de mi vida, he bailado todos los estilos musicales habidos y por haber y he cantado y chillado sin importarme. No me he perdido ni una fiesta, en contadas ocasiones he rechazado un plan para salir y hemos conseguido que cada noche acabe diferente a la anterior, ya fuera acoplándose a grupos de franceses extraños o montándonos la fiesta solos. Sin duda este párrafo puede resumir mi segundo semestre, el mejor sin duda, ya que el primero fue muy de adaptación.

Un día me sorprendí siguiendo una conversación en francés sin casi esfuerzo y sin “emmm… je ne te comprends pas, tu as dit quoi?”, un día fui a clase y conseguí seguir las clases e incluso tomar apuntes, también escuchaba música francesa y entendía más o menos lo que decía. Vamos, un día me dí cuenta de que AL FIN había aprendido francés, que aunque le había puesto mucho empeño siempre era una lengua que se me atragantaba. Obviamente mi pronunciación destapa que francesa no soy –salvo un día que una francesa me dijo que mi bonjour parecía de una nativa- pero estoy muy contenta con todos los progresos. De hecho, seguro que si mi profesora de francés del instituto me escuchara ahora mismo pensaría que no soy yo.

Me he dado cuenta de lo dura que es la vida de ama de casa, de lo que odio limpiar, y como consecuente que mi habitación estuviera lamentable en múltiples ocasiones; pero eso se solucionaba estando poco en casa, cosa que he cumplido. Mis habilidades culinarias han mejorado muchísimo, obvio es que sigo quemando cosas como sopas de sobre –la base siempre persiste- y mis platos son algo “biocutres”, pero ça va y no he muerto de hambre. Así que bueno, sigo confiando que en un futuro próximo odie algo menos limpiar, que tanta cosa no podía cambiar de golpe. Y aún así he sido muy maripepis y era la reina poniendo lavadoras, secadoras, fregando platos y haciendo la compra en mi querido Auchan.

También he estudiado, menos de lo que haría en Murcia, pero he estudiado. Y oye, que llegar a estudiar en francés tiene su mérito. Y hacerlo bajo la atenta mirada de un tuerto en la biblioteca más aún. Además he aprovechado el tener más tiempo libre: he hecho mucho deporte y he probado algunos nuevos –ahora soy fan del boxeo-, me apunté a un curso de francés y he tenido más tiempo para mí por una vez.

Pero una de las cosas de las que me siento más orgullosa es de que haya conseguido que las tonterías no me afecten, de enfadarme lo justo y necesario, y también de pensar en mí y hacer las cosas para mí. Darme cuenta de que puedo con todo lo que me proponga y de que aún me queda muchísimo por hacer, por viajar, por descubrir y por vivir; además de que tengo que tomarme la vida más tranquila, que parece que tenemos prisa para todo y no es necesario. Lo que ahora mismo no sé es de donde está mi sitio, pero no me preocupa.

Doy gracias por haber elegido Lille, y la volvería a elegir ochenta veces más, por su gente, sus calles, sus bares, su ambiente e incluso su tiempo. No se me ocurre mejor ciudad para haber pasado este Erasmus y aunque me han faltado algunos meses más, también me doy por satisfecha en este punto. Me han faltado cosas que hacer, lo sé, pero porque también sé que voy a volver, no sé cuándo pero volveré.

Y doy gracias por haberme rodeado de las personas de las que me he rodeado, que cada una ha aportado su granito de arena en esta experiencia. Sabéis que os espero en Murcia con el río –el río una mierda-, mi ciudad que he defendido como si no hubiera un mañana durante todo el Erasmus.

Al final siento que he hecho una entrada sin conexión alguna, pero es que he escrito todo tal cual lo iba pensando; al final ha quedado como una mezcla de canción de Alex Ubago y frases de Mr. Wonderful, pero es que estoy muy melancólica. La intención es lo que cuenta y espero haber plasmado lo que ha significado este año para mí.

Muchas gracias a todos los que habéis formado parte de esta experiencia, la que de momento ha sido la mejor de mi vida, porque ¿quién nos dice que lo mejor no está aún por llegar?

Un besazo a todos. Y Francia, nos volveremos a ver muy pronto.

Y sí, esta frase no puede ser más acertada: “Un étranger qui vient dans le Nord pleure deux fois, quand il arrive et quand il repart” 

_DSC6113.JPG

Marini

 

PD: Sé que suena todo muy triste pero vamos, este verano no pinta nada mal y está siendo mucho mejor de lo que pensaba. Así que no estoy sufriendo, que soy muy agonías a veces.

 

 

Anuncios

Las aventuras de Ari y Marina

¡Buenas tardes de nuevo!

Lo primero, para los que no sepáis quién es Ari, Ariadna Roig es una chica de Sabadell que hace el Erasmus en Lille y de la que no me he separado este último mes. Su vida es de libro, si esta entrada tratara sobre su vida os ibais a reír mucho y yo me iba a morir escribiendo.

_DSC1084.JPG

Aquí estamos nosotras wapiximas.

 

 

 

Cuando Paco vino a Lille estuvimos haciendo turismo por Lille, comimos en el Rihad, hicimos un apéro de quesos cervezas y vino con un resultado tramboliko ilustrado por vídeos cantando que sonarán en nuestras bodas, vimos películas catalanas, intentamos ver “Ocho apellidos catalanes” pero era tan truño que nos dormimos, escuchamos canciones de travestis, comimos pollo asado en la Citadelle, fuimos al marché de Wazemmes, nos tumbamos al sol, bebimos long island y nos quisimos muchísimo. Y estas son las visitas que te dan la vida, amigos de muchos años con los que ni la distancia, ni el tiempo ha logrado separaros –Marini la poeta-.

Pues bueno, desde entonces, no me he separado de Ari. Ari llegó en el primer cuatrimestre, pero no fuimos hamijas hasta Budapest, y ya luego vinieron nuestras soirées. Nuestra historia se remonta a un día de febrero que había tandem español-francés en Macondo, y como sabía que yo nunca digo que no a nada, me dijo de ir. Después nos encontramos a una chica que conocimos en le Polygone otra historia que tiene tela- una semana antes y acabamos en el Golden wave con gente muy maja y random; después huimos en bicicleta ambas, Ari de pie pedaleando y yo sentada, pero a los metros nos dimos cuenta de que no funcionaba así que fuimos andando y acabamos en le Boucherie bailando les lacs du Connemara… desde entonces tenemos un largo historial de historias, soirées random y viajes que voy a recordar durante toda mi vida.

IMG_20160212_023541 [60782]

Esta es la foto que retrata la primera noche con nuestro mejor amigo.

Así que quería relataros todas nuestras aventuras de este mes, porque cuando salimos juntas lo único que sé es que no vamos a volver temprano, aunque queramos; y que la noche va a ser random a la par que trambolika.

Empecemos por partes y por orden cronológico:

El fin de semana del 16 de abril, Ari me salvó de una experiencia muy graciosa y decidimos ir al Bplan que es una especie de teatro que cumplía 18 años. No habíamos ido en nuestra vida, pero había que celebrarlo… 18 años no se cumplen todos los días. Y allí nos plantamos, pese a que había poquísima gente, pero nos lo pasamos bastante bien y estuvimos de risicas con la gente de allí, y Vincent que aparecía de vez en cuando. Cuando nos echaron, decidimos ir a Solférino, –no sé por qué siempre acabamos yendo y diciendo que no vamos a volver, no aprendemos-; lo anecdótico es que nos pareció una genialísima idea llevar un contenedor desde Gambetta hasta la puerta del Smile, pero a los dos minutos nos cansamos, pese a que era nuestro hijo. Después de un tour por todos les boîtes abiertos de Masséna, con otra historia que debo relatar: estábamos en la puerta de la Boucherie y el portero se puso a preguntarnos que cuánto eran 18-9, Ari me miró y empezó a reírse, y yo la más matemática dije 2 y empezaron a partirse el culo; lo mejor de todo es que nos dejaron entrar, y que dentro bailamos Legalización de Ska-p. Acabamos en el Smiledonde siempre juramos no volver y siempre volvemos-, pero esta vez hablando con dos tíos profundamente del racismo en Francia y el independentismo catalán. Vamos, lo que se dice una noche muy completa.

IMG_20160416_040126 [57351]

Aquí, paseando a nuestro hijo por las calles de Lille.

Al día siguiente bebimos en mi casa Long Island con una conversación profunda  y fuimos al Magazine, que nunca habíamos ido. Dicen que es la mejor discoteca de Lille y a mi me pareció bastante normal, pero también nos dijeron que no había sido el mejor día. Nos hicimos extra amigas del portero porque un hombre se puso a reírse de nuestro acento e intentamos que nos invitaran a una cerveza porque nos sentíamos ofendidas, pero no coló. Pero bueno, ahora el portero tunecino boxeador que también trabaja en Euralille es nuestro amigo. Acabamos cerrando la discoteca con el Libro de la selva de fondo.

IMG_20160417_062331 [57347]

Aquí las reinas cerrando le Magazine.

A la par esa semana yo empecé a estudiar de lunes a viernes en mi querida biblioteca de Lille 2 –mi segunda casa-, además estudiando fuerte, que a veces me pregunto si estoy de Erasmus y todo. Pero así me permitía tener más libertad las últimas semanas del Erasmus que las tengo llenas de exámenes y no quiero quedarme con mal sabor de boca por el final. Espero que este cuatrimestre vaya, como mínimo, igual que el anterior, porque si encima que estoy estudiando me salen peor que los del primer cuatrimestre que no hice ni el huevo, sería preocupante. Veremos las próximas semanas y próximamente en el blog.

Pero bueno, que aquí no he venido a hablar de exámenes, aquí he venido a hablar de soirées random.

El jueves  21 de abril se me ocurrió echar a andar por Ronchin, mi gran barrio, y acabé en el aeropuerto de Lilleque está a unos cuatro o cinco kilómetros de mi casa-. Después comimos en la Citadelle porque hacía muy buen día con la gente de Sciencespo y fui a Tourcoing a dar una charla en un instituto sobre lo maravilloso que es España y el Erasmus. Por la noche no salí –INCREÍBLE- pero es que tenía que ir a una clase que no habíamos ido nunca porque hemos cambiado tres veces de profesor: el primero era un loco que cuando entramos a su clase preguntamos dos veces que qué materia era, porque el hombre estaba hablando de un remix entre los fenicios y “liberté, égalité, fraternité”, y sus apuntes además eran 600 páginas; luego, el segundo, soltó en medio de clase que los Erasmus no hacían nada y que había que cambiar la consideración que se les tenían, así que también tuvimos que huir de él; la tercera nos ha dicho que nos va a tratar como franceses, pero confiemos a que desde entonces haya cambiado de opinión y nos trate como tontitos que somos. Aclaración que ya he hecho el exámen: nos ha tratado como franceses, pero es que la mujer parece que no se entera de nada… espero que tenga algo de consideración al corregir.

Pero el viernes 22 sí que salí, fuimos a la fiesta de despedida de Cristina, ¿que quién es Cristina? Yo la conocí ese día pero vive con las mejicanas, así que fuimos a beber sangría con todos los de Sciencespo y gente random que apareció –gente que como yo, no pintaba allí, pero bueno las fiestas Erasmus son así-. La gente de Sciencespo son las chicas mexicanas y españolas con las que fui de viaje a Luxemburgo, muy buena gente y una argentina y todo aquél que se apunte –las típicas fiestas que parecen la ONU-. El resultado fue cuanto menos tramboliko y acabamos en Masséna comiendo arroz al curry con la mano-el mejor arroz al curry de nuestra vida-. Hicimos un tour de bares, acabando en el Smile de nuevo, y volvimos a casa… Ari en un taxi-bici y yo en mi querido L1 –la reina del bus-.

 

Ese fin de semana era St Jacquelinesanta Santiaga para los amigos- y en Rue de Postes había mucha fiesta. La fiesta no sé exactamente de qué va, pero todo el mundo se pone algo rosa y parece de nuevo el Carnaval de Dunkerque. Estuvimos en Macondo y por alrededores bebiendo cerveza, después aparecieron Zélie –la vecina de Ari- y Marc y fuimos a le Circus. Cuando cerraron decidimos ir a Modjo con una compañía algo extraña, así que huimos hacia Masséna de nuevo. Allí Ari fue preguntando a todo el mundo –sí a todo el mundo– donde podíamos encontrar el arroz al curry del día anterior; pero nunca lo encontramos y seguimos aún en su búsqueda. Hicimos un tour de boîtes, prometiéndonos de nuevo que no volveríamos jamás porque ya estamos cansadas, y acabamos en Networkprometiendo no volver rodeadas de garrulos franceses-.

El domingo tocaba mercado, pese a que llovía, pero era más que necesario cuando tienes el frigorífico vacío. Después fuimos al Cheval blanc, el mejor plan de domingo, y estuvimos con Zélie y sus amigos. Acabamos en Chez Madéleine bailando y así otra vez acaba un domingo random.

_DSC1013

Resumamos el Erasmus en dimanches y esto.

El jueves 28  celebramos en la habitación de Anna su cumpleaños, así que hicimos una petite soirée y nos reímos mucho.

Al día siguiente fue la Gala d’été de Sciencespo Lille. Yo no estudio allí, pero es que Ari y yo no podíamos separarnos este mes, y contamos con que yo me apunto a un bombardeo. Íbamos todas cual salidas de una boda, muy divinas, y aquél que haya visto nuestras fotos de Facebook se habrá quedado extrañado de que nosotras fuésemos tan emperifolladas. Fue en Hospice de Comtesse, un museo que hay en la Rue de la Monnaie –c’est la classe, c’est la qualité-. Estuvimos bebiendo champagne, cerveza y ponche cual reinas, y aunque fue algo sosa y acabó muy pronto, estuvo bien y éramos el alma de la fiesta. También escuchamos a uno diciendo: “ey tío, luego vamos al Smile” y nos reímos mucho, como si ahora el Smile fuese el sitio más bueno de Lille. Después la fiesta continuaba en el Australian bar de la Vieux Lille, pero nosotras nos fuimos a casa de un amigo y bueno… no daré muchos datos de la fiesta porque fue la locura, pero contaré el final de la soirée porque quedará para el recuerdo: Ari tenía que mandar una carta certificada a su casera indicando que se iba de su casa el mes próximo, pero se quedó durmiendo en el sofá y de ahí no había quien la moviese; entonces ahí estaba mamá Marina a las ocho de la mañana tirando de ella para ir a la fucking Poste. Después de ir arrastrándonos a desayunar al Monoprix, encontrarnos la Poste cerrada por reformas, y acabar en Gambetta haciendo cola como si de las rebajas se tratase cantando “pour un flirt avec toi”creo que la gente flipó con eso y nuestra cara de demacradas-; enviamos la carta. Y así es como llegamos a casa a las once de la mañana después de una de las noches más completas de todo el Erasmus. Obviamente al día siguiente fue el día de la marmota máximo.

El domingo 1 era el día del trabajo y no funcionaba ningún transporte público, además en Wazemmesel barrio de Ari, nuestro barrio favorito y la capital de la cultura- era el Festival de la sopa: diferentes asociaciones, y medio Lille prácticamente, hacía una sopa y podías probarlas. Había muchísimo ambiente y un tiempo muy primaveral, así que estaba todo el mundo en la calle. Luego fuimos al Cheval blanc y a la Maison Folie que había conciertos, terminando en chez Madéleine.

Ahora hagamos una pausa para decir que Ainara ha vuelto de Madrid y se ha unido a nuestros planes –ya no estamos tan solas-.

Esta semana comenzó Wazemmes l’accordeon, un festival que si os pilla por aquí está genial, hay un montón de conciertos y ambiente. El miércoles 4 fue el Bal du Cheval Blanc, básicamente fue un concierto de lo que vemos los domingos en un escenario muy grande. Había mucha gente y era un poco agobiante y aunque fue un poco fatídico por distintas razones –nada podrá mejorar el ambiente del cheval los domingos- estuvo bien. Aquí os dejo dos vídeos, en uno salimos al final dándolo todo:

13173497_811399482329256_6006878910330345171_o.jpg

Al día siguiente, que era festivo, fuimos al marché y, aprovechando el buen tiempo, –sí, Lille estaba irreconocible- fuimos a la Citadelle y volvimos al cheval que había más conciertos.

El viernes 6 fuimos a nuestra querida Gare Saint Saveur que había unos cantantes de twist y estuvo bastante bien. Al día siguiente en Wazemmessí, no salimos de ahí- había una especie de tour de conciertos en doce bares diferentes y allí fuimos, acabamos en el cheval como siempre y después fuimos a la Maison Folie, donde había más conciertos.

El domingo 8 comimos en la Citadelleaunque parezca que no el buen tiempo ha durado dos semanas- además con un calor horroroso. Después de un café en nuestra querida calle Marruecosdonde hacen el mejor café y por un euro-, fuimos al parque de Wazemmes y luego al cheval. Apareció un amigo francés (Marc), y después de una historia bastante graciosa, unas cervezas en la plaza, una visita a Modjo y un concierto que estuvo genial en la Madéleine, me fui a casa.

Este último sábado, acompañé a Manolo a urgencias –todo en órden y nada grave- y cuánto tenemos que aprender de los franceses, qué eficiencia y rápidez, en España hubiésemos estado mínimo tres horas esperando. Estuve esperándolo unas tres horas y media cual madre en la sala espera, en la que me hice amiga de un hombre que me contó muchas cosas sobre la situación de los sin hogar en Francia, al rato vino Ari a hacerme compañía y resultaba que el hombre le había ayudado a reparar su bicicleta. Así que comimos galletas con él y ya volvimos a casa, haciendo una compraca en el Lidl. Esa noche estuvimos bailando en la Maison Folie de Wazemmes porque era el bal de clausura de Wazemmes l’accordéon.

Y ya el domingo, pese a que yo pensé en quedarme estudiando, acabamos en el cheval y en la Maison Folie que era el día de Wazemmes villagesí aquí parece que todos los días tiene que haber algo-. Vinieron también Manfredi y sus amigos de Arts et Métiers y lo pasamos bastante bien.

Y bueno, decir que todos los días que no he nombrado ha sido porque he estado estudiando –QUE LOS ERASMUS TAMBIÉN ESTUDIAMOS, POCO, PERO ESTUDIAMOS- que estas semanas la tengo plagadas de exámenes. Pese a que he salido mucho, con organización todo se puede. De hecho ya llevo tres exámenes y he salido gloriosa de todos ellos, así que viva vivaaaa. Lo malo es que Ari no tiene nada que hacer, para un examen que tenía se lo cancelaron, y hemos estado más separadas estas últimas semanas.

Este mes con Ari ha sido uno de  los meses que recordaré con más cariño, ya no sólo porque no nos hemos separado, porque nos hemos reído muchísimo y porque he salido como nunca, sino porque también he aprendido muchas cosas. Supongo que cuando vienes de Erasmus te propones no salir con españoles, aunque lo acabes haciendo, pero te encuentras con gente que sabes que van a formar parte de tu vida –Marina se nos pone romántica-. Pese a que yo, que odio los prejuicios, los tuve y mucho contra Ari; pero ha sido ella la que me ha hecho darme cuenta definitivamente de que no hay que tenerlos. Resulta triste decirlo pero vivimos en un mundo lleno de clichés, aunque queramos negarlo, pero se trata de ir eliminándolos como seaY bueno esto es una de las cosas de las que más me alegro de toda esta experiencia, porque pese a que soy la defensora de la diversidad, algo de prejuicios quedaban, y ahora puedo afirmar que ya no los hay. Toda esta reflexión viene del final de todas estas noches relatadas, influenciadas por las cervezas del norte, en las que hemos acabado melancólicas casi llorando porque no queremos irnos de aquí y porque nos queremos mucho.

Así que terminemos con un pastelosísímo final dándole las gracias a Ari por estas noches, por todo lo que he aprendido con ella y por enseñarme que no importa tener ideas diferentes para llevarte bien con alguien –siempre que sea la fiesta lo que una todo-. También quiero darle las gracias a Wazemmes el barrio cultural, al hombre de la Gare Saint Saveur que nos encontramos en todos lados, a Flavian el teñido de rubio platino que hace la fiesta a otro nivel, a Mike Wazowski, a todos los desconocidos que han bailado con nosotras, y en fin, a todos las personas randoms que nos han acompañado. Sin vosotros, estas noches no hubieran sido lo mismo.

Un besazo y visca Catalonia, desde la espontaneidad y naturalidad que nos define.

_DSC1030

Marini

PD: Se avecinan entradas muy melancólicas y pastelosas –me siento Marina Ubago-, próximamente.

Voyage à Berlin

¡Hola a todos de nuevo –después de tanto tiempo-!

Y aquí viene el último “Voyage à…” del Erasmus –muy pero que muy a mi pesar- sin contar el tour de Francia que haremos para volver a España; y no podíamos haber elegido una ciudad mejor para hacer nuestro último viaje.

SONY DSC

 

Lo primero Berlin es una ciudad diferente, y creo que no hay otra manera de explicarlo. No es una ciudad preciosa, como puede ser Budapest; tiene cosas bonitas como cualquier ciudad –hasta Murcia tiene cosas bonitas- pero creo que a todos nos ha encantado. La gente es un remix de ochenta estilos distintos y todos se respetan, vamos, que puedes ir con rastas hasta el culo, una falda con ochenta colores y flores en la cabeza que los únicos que te miran raro serán los turistas. Bueno, quizás me equivoque pero es la sensación que me ha dado a mí. Luego también la historia ha hecho que haya un contraste bastante notorio e interesante según la zona en la que estés; y como consecuencia la ciudad es muy alternativa y todo es muy pero que muy undergroundde hecho llega un momento que parece que lo tienen todo descuidado aposta para conseguirlo-. Y al final es todo esto lo que conforma el encanto de la ciudad, la fiesta también pero de eso hablaremos más tarde, y los precios, muy bajos para ser una capital europea, y los kebabs y todas las tiendas 24 horas –a ver cuando aprenderá Lille-.

El viaje fue algo diferente porque venía Paco desde Barcelona, que llevaba mucho tiempo sin verlo y ya lo echaba de menos.

Día 1. Sábado 9 de Abril.

El sábado partí en un blablacar a las 9 de la mañana dirección Charleroi, después de que nos cambiaran el aeropuerto, antes lo cogíamos en Zaventem; tuve suerte porque los mismos del coche cogían tanto mi avión de ida, como el de vuelta. Allí estaba Manolo que había tenido que irse en flibco antes, con suerte a las ocho de la mañana y no a las cinco porque estaban todos completos, y después de pasar ochenta controles y cien militares nos montamos en el avión.

En el aeropuerto nos esperaba Paco y ya fuimos al hostal pagando el metro –primera y última vez porque nos va el riesgo-. El hostal se llamaba Check-in Hostel y estaba justo al lado del Check point Charlie, sí se curran el nombre los alemanes, y era bastante completo por unos diez euros la noche. Esa tarde fuimos a ver el Reichstag y nos sentamos al solamium de la tarde y ya, cuando hacía más fresco, fuimos a ver la Puerta de Brandemburgo.

Volviendo al hostal encontramos un supermercado que se llamaba Ullrich, resulta que además de ser barato, TIENEN REBAJAS EN ALCOHOL. No sé si será el supermercado más barato de la ciudad, pero sólo por eso ya merece la pena ir. Así que volvimos cual mulas con cervezas alemanas –que saben a agua pero vienen en latas de un litro y es gracioso- y licor de hierbas que sabía algo a Jagger por 2.80€, y Manolo como siempre con ochenta bebidas raras –su droga-.

Cabe recalcar que yo en todos los viajes, por miedo a que se produzca un desabastecimiento general de todos los supermercados y muramos de hambre –y para no gastar-, siempre me llevo lo que pillo por casa… que esta vez fue: patatas, cebollas, zanahorias, pastillas de avecrem y naranjas. Luego me llamarán cutre pero nos cenamos unas patatas cocidas al microondas más buenas que todas las cosas –la cutre always wins-.

Por la noche fuimos a la sala común del hostal rodeados de croatas que no paraban de chillar y me ennerviaban. Allí nos confiscaron una botella de licor de hierbas, porque sólo se podía beber vino y cerveza, y luego los luces de nosotros nos sacamos otra y vino un hombre e hizo la cata de nuestro cubata chupándose un dedo, pero nos hicimos los locos “ai don andestán inglish” y ya cerraron la sala común y decidimos ir andando a la zona de fiesta –el metro pa’ las cabras-. El caso que acabamos en East Side Gallery dando una vuelta por los bares alternativos y acabando en una rave al aire libre con un tío rapeando y otro tocando el saxo. Después cogimos un metro para volver a casa mientras unos turcos, o a saber de dónde eran, nos amenizaban el trayecto con sus cánticos.

Día 2. Domingo 10 de Abril.

Este día se supone que venía Terebe, digo se supone porque perdió el Polskibus, pero bueno Terebe te perdonamos por guapa y reina –pero te quedas sin especias de couscous-. Nos despertamos tarde y desayunamos lo que teníamos y café robado del hostal. Se supone que Ari llegaba este día a Berlin –porque tuvo problemas con el vuelo, pero eso es una historia más larga que da para otra entrada-, y nos la encontramos de casualidad en el metro –menos mal porque si no a saber cómo hubiera llegado al hostal-. Después de indicarle donde estaba el hostal, fuimos al East Side Gallery a ver el muro; ya allí después de hacernos fotos xuliyas nos comimos un wiener Schnitzel con patatas servido por una simpatiquííííísima alemana –nótese la ironía-.

Esa tarde ibamos a hacer el free tour, pero como ya íbamos muy tarde -como siempre- acabamos en una cafetería comiendo helado de un euro y bebiendo café. Después fuimos al Mauer Park que los domingos se monta un mercado de pulgas enorme donde comimos currywurst y estuvimos bailando con unos cubanos que tocaban la batería. Había un buen rollo increíble, con niños y todo, gente bebiendo cerveza y todo el mundo dándolo todo.

Ya para volver a casa, pasamos por la isla de los museos y el Berlin dom, y ya en el hostal estuvimos con Chiqui, Urdi, Miguel y Henar que estaban haciendo un viaje por Europa y coincidíamos en el hostal. Nos cenamos una sopa –o infusión de zanahoria con cebolla y jamón- y estuvimos un rato en la sala común. Como al día siguiente queríamos aprovechar, no salimos.

Día 3. Lunes 11 de Abril.

Nos despertamos y fuimos a hacer el free tour –los free tour, nuestra droga-, recorrimos todo el centro histórico con un guía chileno yy un hombre que hacía preguntas algo raras.

SONY DSC

Yo contenta en el memorial de los judíos.

Tras el pateo, el guía nos recomendó un buffet libre vietnamita llamado Lilly’s por 7.80€ y allí que, obviamente, fuimos. Llegamos sobre la una y nos fuimos al cierre casi a las cinco de la tarde, y sí, el sitio era all you can eat all you can takeporque nos llevamos comida para cenar –siempre aprovechando al máximo-; era bastante completo respecto al precio, con sushi, pollo y ternera cocinados de mil tipos –el de coco, mi droga-, sopas, un yogur buenísimo, arroces, fideos etc… Salimos rodando, literalmente, acompañados del guía, que también iba rodando.

Después, el guía, que nos lo encontramos allí, nos llevó al museo del muro que era gratis ese día. Allí hay una panorámica del muro y te cuentan cosas interesantes.

En ese momento nos separamos,  Paco y yo fuimos a la residencia de verano de Hitler, donde nos dimos una vuelta por los jardines ya que resulta que los lunes estaba cerrado. Aunque por el camino tuve que parar porque la comida en mi barriga me impedía seguir andando. Allí nos hicimos fotos como buenos palomos que somos, véase nuestras poses casuals:

Esa noche cenamos en el hostal y nos pusimos a beber en la sala común –pero esta vez escondiendo el licor de hierbas- donde volvió a aparecer el guía, sí, el hombre era omnipresente. Porque ya que estoy aprovecho para contar toda la historia del guía, resulta que el hombre le pidió el móvil a Chiqui para enviarle unas fotos que había hecho del grupo del free tour y para darnos descuentos para esa noche, así que se plantó en el hostal, además de haber comido con nosotros y de haber ido con Ari al East Side Gallery e invitarla a helados; el hombre era majo, pero era inevitable no reírse de con él cuando se ponía a cantar reggaeton solo con melodía de Álex Ubago. Ójala pudiera adjuntar una nota de voz pero era algo así como: “Hoooola bebé, ya que contigo no sirve la laAaAabiAaAa…” y claro como para no llorar de la risa. De vez en cuando hacía algún comentario que como para no reírse tampoco… y bueno, al entrar a la discoteca se puso a perrear de una forma muy extraña y al poco desapareció –PRAY FOR EL CHILENO, IN EL CHILENO WE TRUST-.

Decidimos ir a Matrix, una discoteca que había al lado del East Side Gallery y donde teníamos descuento, pero al entrar nos dimos cuenta que no era más que un Smile berlinés y después de la maravillosa fiesta que nos había prometido Berlin era bastante decepcionante… Así que junto a Ari y Paco decidimos buscar algo mejor, y justo cuando decidimos darnos por vencidos porque era lunes y nadie sabía decirnos nada apareció un hombre que nos pintó la noche de color rosa y nos hizo tener una de las mejores noches de nuestra vida. Primero, fuimos preguntando a la gente por la calle por dónde salir, y al final acabamos en un taxi con un desconocido yendo a Kitkat, una discoteca que jamás olvidaré. En las discotecas de Berlin se puede hacer de todo, sí, tal cual y literalmente, así que podéis imaginaros como fue la noche… Acabamos cerrando la discoteca y volviendo a casa de empalme directos al avión.

Y así llegamos a Charleroi, vestidos de fiesta aún, donde cogimos el Blablacar y a las dos de la tarde estábamos en Lille, pese a que casi no podemos volver porque se dió un piñazo con otro coche justo antes de venir a por nosotros.

Después de una buena recuperación de sueño con mi Paquito en mi grandiosa cama: dormimos una siesta hasta las diez de la noche y luego, nos acostamos a las doce hasta las diez del día siguiente, dimos por finalizado nuestro viaje.

Berlin me ha sorprendido, me ha sorprendido muchísimo, y hemos prometido volver, pronto, y con la misma compañía y con las mismas soirées extra randoms. Porque al final no comí la kartoffensalat, ni falafel, ni delicias vegetarianas –allí parece que todo el mundo lo es, tienen de todo-, ni codillo… Pondré como excusa que no he comido todo eso para volver más pronto que tarde.

Volveré pronto para contar mis últimas aventuras en Lille, que no son pocas, aunque cada vez veo más cerca el fin de esto y me estoy poniendo muy triste.

Un besazo enorme.

SONY DSC

Marini

El reencuentro de las hermanas Rubio Alberca.

¡Buenas tardes a todos!

Estos días están siendo bastante normales puesto que ya quiero disfrutar de Lille los dos últimos meses que me quedan… hay que ver cómo ha pasado el tiempo de rápido y no sabéis la pena que me da, aún no me hago la idea de volver a España y dejar todo esto; así que hay que disfrutar al cien por cien, y eso es prácticamente lo que estoy haciendo.

Desde que escribí, la vida ha transcurrido su curso normal y he ido a clase, a la biblioteca, a mis deportes, he salido, he entrado y todo como siempre. Así que me limitaré a contar tres anécdotas que me pasaron antes de que viniera mi hermana, que es cuando puedo contar qué cosas diferentes hemos hecho:

-Como me propuse ser responsable he estado yendo a clase, pero no paran de pasarme cosas que me lo impiden. Un día fui a Droit des sociétés con mi ordenador para tomar apuntes –para hacerme la chula- y lo encendí con tan mala suerte que la noche anterior se me había ocurrido escuchar la lista de “TODO REGGAETON” de Spotify –que voy de xuliya que no lo escucha pero, al final, como española soy la fan number one- y se había apagado el portátil por falta de batería; así que lo cargué toda la noche pero la lista seguía en play. Por lo que al encenderlo sonó a todo volumen en un amphi de 200 personas aproximadamente esta canción: Por fin te encontré- Cali y El Dandee. Risas porque también se me bloqueó el ordenador y tuve que salir corriendo, literalmente, con el ordenador como si fuera un paquete bomba.

-Esa misma semana y sólo un día después fui a Procédure pénale. Aquí en Lille va un 50% de los alumnos a las clases magistrales –o incluso menos- así que me pareció un poco raro ver a tanta gente en la puerta de la clase. Total que entro, me siento y oigo “rangez tous vos affaires, je vais vous donner l’examen” ; sí, vengo a clase en mi ignorancia y me encuentro que hay un galop d’essaie -lo que viene siendo un parcial de toda la vida pero aquí son unos poéticos-. Así que me levanto y huyo por la puerta como si nada con cara de“no, no yo es que me he confundido de clase”. Como nota aclaratoria diré que no teníamos que hacer ese examen, que sólo nos faltaba eso.

-Un día de estos de Gare Saint Saveurfiesta en casa de Ainara y fiesta en Arts et Métiers; yo me quedé sentada en un banco de Jean Baptiste Lebas esperando a Ariadna. Se me acercó un payico –porque se piensan que una tía sola sentada en un banco está falta de cariño- y se puso a hablarme, yo le pedí amablemente que se fuera y detectó que era española así que me preguntó que de dónde era. Basta decir que siempre que nos preguntan de dónde somos mis amigas son de ciudades conocidas y yo siempre tengo que explicar dónde está Murcia –especificando que no está ni al lado de Salou, ni de Barcelona y que no, no es Andalusía- siempre que no sean frikis del fútbol y conozcan al Real Murcia, o sean de Marruecos/Argelia y hayan pasado por allí para ir a casa o tengan conocidos allí, o hayan trabajado en la huerta, o dé la casualidad que hayan hecho el Erasmus allí y estén enamorados de la ciudad se acaban ahí los casos de la gente que conozca Murcia,salvo un hombre MUY RARO que conocía la catedral-. Así que me limité a decir que era de Madrid. Total que el buen muchacho de Martinique me pregunta si conozco Murcia y yo me quedo con cara de “REALLY?”y resulta que había jugado en el Real Murcia hacia tres años. Casualidades de la vida que le pasan a una a casi dos mil kilómetros de su casa.

Otra cosa excepcional que ha pasado es que está haciendo muy buen tiempo y nada de frío –PARA SER LILLE-; con unos días primaverales y todo, así que la gente se tira a la calle como si no hubiera un mañana y las terrazas se llenan.

Y bueno después de esta gran introducción, paso a contar cómo ha sido la visita de mi hermana Lolailo.

Lolailo llegó una noche de un jueves 24 de marzo mientras yo la esperaba en casa de Jesús de Ceuta con más amigos, Jesús si me lees quiero gritarle al mundo entero que viva Ceuta, que viva tú y que esta entrada te la dedico como fan de mi blog. Después de pasar un rato en su casa y enseñarle un poco el centro de Lille por la noche, nos fuimos a casa.

El viernes hicimos turismo fuerte por el centro y el Vieux Lille como nunca, de hecho pasamos por sitios que yo nunca había pasado y nos hicimos mil fotos cual hermanas bloggers que somos. Después para  seguir nuestro tour chti nos comimos un welsh como nuestra cabeza y luego estuvimos rodando por Lille un rato; luego por la tarde quedamos con una amiga francesa de Lolailo que conoció en Taiwan y que vive aquí. Decir que Lola quedó maravillada de lo bonita que es Lille y que hay cosas que hacer, que no sé que imagen tenía de Lille cuando es la mejor ciudad del mundo mundial.

Para concluir el día le enseñamos la noche lilloise y sus distintos sitios típicos en Masséna y Solferino.

Ya el sábado fuimos a Gantemi nueva segunda casa- y vimos la ciudad, comimos en una friterie y Lola probó los gofres. Esta vez no perdimos el bus, y menos mal, porque esa noche era el cumpleaños de Manfredi y le hicimos una fiesta sorpresa muy bonita. Esa noche Lola se fue temprano a dormir y yo me quedé por ahí, resaltando: QUE NO ME DEJARON ENTRAR A LA LATINA POR IR “”BORRACHA”” pongo comillas porque no iba borracha y porque he entrado en peores condiciones y nunca ha pasado nada. Tampoco nos dejaron entrar en Magnum, pero eso es una historia aparte con la casi pérdida por cuarta vez en un año del móvil relleno de caramelos de Ariadna. Después de una desastrosa noche, volví a casa indignadísima, y para rematar casi tengo que trepar las verjas de la residencia porque Lola no oyó el móvil :’).

El domingo nos despertamos para ir al Marché de Wazemmes, donde Lolailo probó el crêpe árabe de carne hallal y sintió la envidia de tener un mercado tan chuli en Lille. Ese a medio día me invitaron a una comida brasileña por Pascuas en la residencia y después fuimos al Cheval blanc con Ainara, Tenoch, Manfredi y P.A. -que es un amigo de Manfredi de su escuela y el cual el día que lo conocimos ni se inmutaba-. Estuvimos hasta el cierre y luego fuimos a la Gare Saint-Saveur que había fiesta-rave cocainómana de Pascuas también –todo es una buena excusa para celebrar y beber aquí-; para terminar el domingo random acabamos en Arts et Métiers bebiendo cerveza, poniendo reggaeton y haciendo un tour con P.A.-que parecía otro- y un payico llamado Victor como guías.

El lunes fue el día de mormoneo así que fuimos a la Citadelle algo tarde y luego a cenar al gran Rihadvisita obligada aunque hayan disminuido considerablemente el tamaño de los Pizzwich-; después estuvimos un rato en casa de Ainara y ya volvimos a casa.

El martes bien temprano fuimos a Triolo las hermanicas y Manolo a coger un blablacar que nos llevaría a Brujas, pasando por una panadería para comprar pains au chocolat, en la cual le tiré el café al pobre hombre por toda la barra y huimos sin dar explicaciones. Así que pasamos el día del bando allí, viendo la gran ciudad, comiendo en el gran Hema y haciendo un free tour en inglés, porque ningún idioma se nos resiste.

El miércoles comenzó nuestro viaje a la capital francesa: en la que hicimos un tour bastante bastante completo contando con que Lola casi que no había visto nada de París; pese a que nos hizo muy mal tiempo –salir de Lille para que te siga lloviendo- pudimos hacerlo todo, aunque nos faltó que saliera más el sol que así no se disfrutan las ciudades. Para el alojamiento, alquilamos una habitación de éstas con la ducha en medio y unos fuegos portátiles con baño compartido en Airbnb; era un séptimo sin ascensor y para lo que buscábamos estaba bastante bien, salvo porque el vecino tenía un conejo que dejaba libre por el pasillo y Lola moría de miedo y a veces ni podía salir de la habitación-por si el conejo le comía-.

El primer día al llegar hicimos el free tour con un hombre muy salao’ –pero nada como mi futuro marido del free tour del viaje a París con Teresa-, comimos en McDonald’s y viendo que llovía mucho vimos el Musée d’Orsay y el Pompidou, bueno y nos comimos un crêpe con un café muy bueno en un libanés. La gran casualidad del día llegó cuando volviendo a casa oigo “¡¿MARINA?!”, y veo a mi francesa del intercambio en Loches de hace unos cuatro años… reencuentro emotivo e inesperado donde los haya, la verdad que me hizo muchísima ilusión volver a ver a Margaux después de tanto tiempo.

Al día siguiente seguimos nuestra visita en les Invalidesaunque sin gorro de Napoleón-, un paseo por los Champs Élyséesooooooh Champs Élysées- y una comida de estas que te quitan el sentío cuando llevas ocho meses comiendo a lo cutre. Esa tarde vimos Notre Dame por dentro y paseamos por el Quartier latin, perdiéndonos y acabando en una panadería donde compré el mejor pan que me he comido en mi vida.

El viernes nos tomamos un café en Starbucks porque somos bloggers y vamos de ricas, y fuimos a la Óperaque no la recomiendo porque es más bonita por fuera y por dentro no impresiona tanto-; como hacía niebla y no íbamos a subir a la Torre Eiffel, subimos al mirador gratuito de las galerías Printemps de detrás de la Ópera –que no están nada mal tampoco-. Después fuimos a comer al flunch, restaurante que sí que recomiendo ya que comí todas las verduras que quise hasta reventar y fui muy pero que muy feliz, y además es barato –para ser París, no os esperéis que sea un Roalico, aquí de eso no hay-. Después de comer, rodamos hasta la Saint Chapelle que es preciosa y que hay que entrar sí o sí –menores de 26 años de la UE o con visado entramos ¡gratis!-. Para concluir la tarde fuimos a la Torre Eiffel, que ya es la sexta vez que la visito este año y nos hicimos mil fotos –como las otras seis veces que he ido-. Esa noche cenamos con Margaux, cena que me gustó mucho porque llevaba muchísimo sin saber de ella.

Ya en nuestro último día de París, visitamos mi barrio favorito: Montmatre; hicimos un Apéro a la francesa en el Jardin de les Tuilleries y entramos al Louvre. Después Lola partió a Beauvais y yo me fui en mi querido Megabus a Lille. Esa noche con maleta y todo fuimos a casa de un amigo a ver el partido, “”jugar”” al Fifa, hacer el mongolo y beber algo.

Y así terminó el viaje de reencuentro de las hermanas Rubio Alberca. Sé que lo he resumido bastante, pero las fotos hablan por sí solas y decir que lo pasamos muy bien.

Y ya para terminar este resumen de este mes decir que el sábado me voy a Berlin y que viene mi última visita: ¡Paquito! Así que volveré pronto a contaros qué tal.

Un besazo.

SONY DSC

Esta soy yo en una pared que pone te quiero en todos los idiomas porque os quiero mucho a todos seáis de donde seáis jojojo.

 

Marini.

La vie chti, la vie meilleure.

¡Hola a todos y todas!

Aprovechando que ya me he, más o menos, asentado –más menos que más- en Lille y que no tengo más ganas de hacer entradas de: Voyage à; que al final esto parece un blog de viajes alrededor de Europa que Ma vie en la Franceya que nunca estoy al fin y al cabo-.

Pues lo que decía, que estas semanas hemos aprovechado para hacer muchas cosas de aquí y yo os las cuento. Así si en algun momento decidís venir a Nord Pas de Calais tenéis planes chulos; o bueno, también para que mi familia sepa que he estado haciendo estos últimos días y que sigo viva-que al final el blog está para eso-; o para mi yo del futuro, que estará leyendo esto amargada en Murcia para recordar tiempos mejores.

Lo primero, he empezado a ser responsable e ir a la universidad. Aquí somos fantasmas por la facultad y parece que vamos para quedarnos empanados mirando a la pizarra porque no tenemos nada para seguir la clase… pero aún así yo voy y lo intento –Marini no se rinde-. De hecho, el jueves pasado volví a casa a las doce –INCREÍBLE- para ir el viernes a clase, ¿y sabéis lo mejor? Que el profesor no se presentó, pero yo al menos lo intenté. Además voy a intentar empezar a ir a la biblioteca para que no me pille el toro, aunque me pillará.

461180_10153875082237707_2301599131621176678_o

Cuando me creo que voy a ir a la biblioteca.

Lo segundo, como ya dije me he apuntado a miles de deportes y ahora paso más tiempo en las instalaciones deportivas de Lille 2 que en la propia universidad. Los lunes hago musculación, los martes boxeo, los miércoles pilates, los jueves spinning y GAP y los domingos pretendo ir a nadar. Y por si fuera poco, Manolo y yo hemos empezado a salir a correr por Ronchin al más estilo circuitos urbanos; de momento sólo hemos salido dos veces, una de ellas llovía, pero pretendemos seguir con el hábito –en realidad me da a mí que no, pero si un día hace bueno y no empieza a llover o a nevar de repente, prometo salir-. Sí, puede que vuelva hecha una deportista a Murcia o puede que abandone todo esto la semana que viene, pero de momento lo estoy cumpliendo –siempre que estoy en Lille-.

Y ya dejo los deportes y la Universidad a un lado y paso a hablar de las cosas que en realidad interesan: ¿Que qué hemos hecho estos días? De todo un poco: hemos ido a la Gare Saint Saveur, que es una antigua estación convertida en un espacio cultural donde hay un bar-discoteca donde vienen a pinchar y cantar gente guay, y que aunque cierre pronto (a las 12 los domingos, miercoles y jueves, y a la 1-2 los viernes y sábados) está bastante bien y hay ambiente. Además hay una sala de exposiciones y, ahora también, una pista de hielo, a la que fuimos y con las mismas nos volvimos al ver que la edad media eran diez años y que a una niña la tuvieron que rescatar porque no sabía patinar, y no queríamos hacer tanto el ridículo. También hemos ido al Cheval Blanc, del cual ya hablé hace tiempo, que es un bar en el que los domingos se peta, tocan música típica francesa en directo y la gente se vuelve loca –el mejor plan para un domingo vamos-. También hemos hecho cenas en casa de Ainara y exploraciones de la Citadelle, pero esas historias me las guardo para mí, que no hay que contarlo todo todo. Por el resto, hemos ido a la Latina y al Smile como siempre –les estoy empezando a odiar un poquito- y hemos vuelto algún que otro día desfasados a las 7-8 de la mañana después de que nos echaran de la Latina y viendo como la policía secreta se llevaba a dos hombres, o intentando robar una gorra para Manolo por San Valentín en la puerta del Smile –hasta que el portero me pilló y persiguió- para después volver en bicicleta temiendo por nuestra vida. Grandes finales para grandes noches.

Y hablando de grandes finales y días randoms, el domingo 14 fui al Marché de Wazemmes,porque yo soy de las que hace una gran compra mensual en Auchan y luego cada dos semanas voy al mercado cual buena maruja a comprar productos frescos; después fuimos al Cheval Blanc y fuimos a ver a Andrés, que es un mexicano que conocimos en Budapest y había venido a visitar a Chiqui y a Laura; para terminar randomente el día, un amigo francés nos dió dos entradas para ver al Lille LOSC contra el Olympique de Lyon en el Grand Stade Pierre Mauroy. Y nada, pues fuimos –no vaya a ser que nos quede algo por hacer en Lille-, y vivimos la victoria como auténticos lillois, y hasta creo que por fin he entendido qué es un fuera de juego.

IMG-20160222-WA0005 [90988]

El miércoles 23 llegó Pilar en el Flibco de las 23h para pasar unos días en Lille así que he tenido que recorrerme la ciudad de nuevo, y me ha servido de excusa para hacer las cosas de postureo que mi bolsillo sólo se permite cuando tengo visitas. El jueves nos vimos todo el centro de la ciudad, el Vieux Lille, fuimos al Rihad a comer pizzwich –parada obligatoria en el mejor restaurante Lille y del mundo en general, sin magnificar- y merendamos como dos nobles señoras. Esa noche celebramos el cumpleaños de Chiqui en Reeflex con una tortilla como tarta, un photocall y caretas del abuelo y el perro de “UP” –porque a Chiqui le encantan los perros y los abuelitos-. Y después de cerrar la Latina y casi Smile, volvimos a casa hablando con franceses randoms y auto-invitándonos a apéros” a los que nunca iremos.

 

El viernes comimos en el gran moro de los bocadillos, que lo teníamos algo abandonado al pobre, y fuimos a la Citadelle y al zoo, el cual ya tengo demasiado visto. Esa noche hicimos una auténtica cena Chti en Les Compagnons de la Grappe; decir que el sitio era muy bonico aunque el welsh sigue gustándome más en la Chicorée. Esa noche estuvimos explorando la zona de Rue de Postes y Wazemmes, pero volvimos a casa temprano.

El sábado hicimos una escapada romántica a Gante, andamos muchísimo y el tour fue bastante completo. Pero luego nos costó encontrar la estación de autobuses, llegamos con un minuto de retraso y el bus se nos fue en nuestra cara :’)a veces me asombra mi GRAN suerte-. Así que volvimos en tren, y así ya puedo decir que he cogido un tren a Lille Flandres –miremos la parte buena de todo-. Esa noche estuvimos de tranquis en casa probando cervezas belgas.

El domingo paseamos por el Marché de Wazemmes y por el centro de Lille por última vez, con una comida en el Rihad de por medio, en el que decidimos pedir otra cosa que no fuera Pizzwich y, obviamente, nos equivocamos –NUNCA hay que renunciar al Pizzwich, NUNCA-.

Snapchat-1614834886979040280 [90377]

Observen el pizzwich y nunca pidan otra cosa

Y ya por último cerrar la entrada con dos viajes que he hecho esta última semana: estuve tres días en Amsterdam con Laura, Manu y Manolo en el que nos reímos mucho y en el que queda comprobado que el Ouibus, el Ouibus una mierda; y también estuve el sábado pasado en Luxemburgo en una excursión de un día y decir que merece la pena ir algún día de vuestra vida si estáis por aquí cerca –no planear un viaje exclusivamente porque en un día se ve-, ya que la parte sur de la ciudad es preciosa y es una ciudad muy encantadora y así se tacha otro país del mapa.

No podía olvidar contar que he hecho mis primeras lentejas y que me han salido buenísimas, mi madre leerá ahora orgullosa que al fin su hija la nula sabe a hacer cosas en la cocina –en serio, cocino bien y eso me está asustando-, y el otro día hice habichuelas con un remix de lo que tenía en la nevera. Ahora además de cambiarme de Derecho a CAFD, voy a empezar cursos para ser chef. Y bueno, seguro que Manolo me está leyendo y se reirá al leer que cocino bien y pensará que lo magnifico todo y que soy una biocutre que hace mejunges con todo lo que tiene en la nevera para comer… pero es pura envidia, aunque a veces queme sopas de sobre –nunca renunciaré a mis raíces de pésima cocinera-.

Y bueno, esta ha sido mi vida por aquí desde entonces; ahora me toca asentarme de verdad, estudiar y seguir con mis ochenta horas de deportes, sin renunciar a la fiesta ¡que hay tiempo para todo!

Un besazo a todos.

IMG_5744

Marini.

 

 

 

 

Crónicas de un viaje a Copenhague sin gastar un duro.

¡Buenos días!

Dicen que los japoneses con sus métodos de ahorro, son los que menos gastan –en el fondo esta frase me la acabo de inventar- pero creo que no nos habían visto a nosotras…

Y aquí estoy un día más relatando nuestro último viaje, que no pudiendo salir peor, y aún siendo un disappointment como la copa de un pino, tuvo tantas risicas que merecen ser recopiladas. Esta entrada podría ser también una guía sobre cómo sobrevivir sin apenas gasto, así que voy a poner todo lo que nos gastamos y cómo lo gastamos (65-70€),  para que veáis cómo se puede viajar muy barato, que no hace falta ser rica para ir de viaje –aunque si lo fuera tampoco estaría mal-. Como introducción diré que la comida nos la llevamos de Lille para comprar lo mínimo e imprescindible allí, yo llevaba: un kilo de zanahorias y otro de manzanas, un paquete de pan bimbo, jamón york y queso, galletas príncipe de vainilla marca LIDL, chocolate con fresas, ratas, galletas TUC y tres pastillas de avecrem.

Yo ya decidí que debería parar un poquito este mes, que debería disfrutar un poco lo que pago de residencia; pero es que no me puedo resistir a Ryanair y sus ofertas tentadoras… Además el viaje a Copenhague era un viaje que queríamos realmente hacer y cuando vimos que a una semana la ida y vuelta costaba 20€ no pudimos decir que no. Ya sólo quedaban los Flibcos, que con tan poca antelación nos salieron por 28€ ida y vuelta desde Charleroi con una gran noticia: como nuestro vuelo salía a las 7 am, teníamos que coger el autobús de las 3:30am, que iba lleno… y claro, ¿cuál era el autobús de antes? El de las nueve y media de la noche… y así es como tres valientes chulillas pasaron una noche de locura y desenfreno en Charleroi. Durmiendo cual vagabundas en medio del pasillo hasta que un “”buen”” hombre nos despertó a patadas y nos echó, trasladándonos entonces a los bancos del interior.

En el vuelo como siempre, durmiendo, hasta que un niño aterrizando me despertó chillando: “VAAAAAAACA, VAAAAAAACA”. Y allí estábamos en el aeropuerto de Copenhague a las nueve de la mañana. Cogimos un tren que costaba unos 5€ –a robar carteras que no hay pasta para comeeeeh– y aparecimos en la estación central. No pensamos en ningún momento en dejar el equipaje en consigna, así que íbamos cargando con las mochilas y Ari con una maleta –y todo lleno de comida, que Copenhague es muy caro-. Encontramos un café take-away por 1€ y nos compramos uno de la emoción.

Lo primero que hicimos fue un free tour, que sale desde la Plaza del Ayuntamiento a las once de la mañana. Vimos todo el casco histórico y lo más emblemático, y después de unas tres horas y algo nos habíamos liquidado casi toda la ciudad. Comenzamos hablando del Ayuntamiento y la estatua de Carlsberg, y su casa; de Tivoli, que es el parque de atracciones más antiguo de Europa; pasamos por el Palacio de Justicia y la vieja y nueva plaza que se cruzan con la calle comercial más larga de toda Escandinavia; seguimos pasando por lo que fue la casa de Andersen y el Teatro de comedia; y hablamos mucho de lo caro que era todo y las cosas raras que hacen los daneses: como dejar solos los carritos de los bebés, con los bebés dentro, fuera de las tiendas y cafeterías, y entrar y salir como si nada. Pasamos por Nytorvlas típicas casitas de colores donde todo el mundo se hace fotos- e hicimos una parada en el Barissimo, que se ha convertido en nuestra cafetería oficial. Después paseamos hasta el Palacio real y terminamos el tour en la ÓperaEl guía, como siempre: genial, nos contó muchísimas pero muchísimas cosas –nos costó retenerlas todas- y le dimos la generosa propina de 3.33€ cada una.

Tras preguntarle unas cuantas cosas que hacer, nos dirigimos a ver la “”grandiosa”” sirena de Copenhague, y sí, como dicen: una de las grandes decepciones de Europa, porque no tiene prácticamente nada… salvo que bueno, nos la habían pintado tan mal que la vimos hasta grande. Allí no dudamos en hacernos la foto postureo –obviamente sólo íbamos a eso- y comimos al sol, que hacía un día de esos que no se ven en Lille. Os ilustro la situación: Laura con su mochila naranja de Agatha Ruiz de la Prada –la típica que te regalan por la comunión, más grande que tú y se convierte en tu mochila de piscina, aunque nadie la conserva salvo Laura- y un bolso negro grande, abre su bolso y empieza a sacar pan bimbo, pechuga de pavo y queso; Ariadna con una mochila y una maleta que parece un maletín lleno de billetes, abre la maleta rebosante de comida y saca un fuet del Pozo y pan bimbo; yo, con mi viajera mochila vaquera que un día de estos revienta –otra vez- y la mochila de Nord-Pas de Calais con toda la ropa dentro, saco el pan bimbo que no llevo ni un día de viaje y ya está cual acordeón. Y ese ha sido nuestro pan de cada día este viaje.

Esa tarde fuimos por la Citadelle danesa hacia la Catedral, que es muy bonita por cierto, pero lo mejor de la catedral son las sillas donde nos pegamos la mejor siesta de dos minutos de nuestra vida.

Después de una parada en nuestro Barissimo, un paseo por la calle comercial y una parada en McDonald’s con un café gratis por guapas y reinas, fuimos a la estación donde habíamos quedado con Stiffen, un viejito de setenta y cuatro años que nos acogería dos noches.

Yo no he tenido muchas experiencias con Couchsurfing, pero lo de este hombre era flipante: vivía en una casa bastante grande con unas cinco habitaciones, dos baños, una cocina, un salón y un estudio. Como vivía solo, se dedicaba a acoger a couchsurfers y llegaba a tener 16 personas en su casa, así llevaba seis años y habían sido ya 367 personas las que habían pasado por su casa; lo mejor, que el hombre no pedía nada a cambio, ni de hecho utilizaba couchsurfing para viajar. De hecho, si era necesario hasta dormía en un colchón en el suelo en su estudio. Además nos dejó una tarjeta para que los viajes en tren al centro nos salieran a la mitad de precio. Vamos, que su casa era prácticamente un hostal orientado a Couchsurfing y aún nos seguimos preguntando el porqué.

Esa noche estuvimos hablando con unas lituanas y cenamos una rica sopa de avecrem con fideos hechos de trozos de espaguetis y zanahorias, que nos supo a gloria por cierto.

Al día siguiente fuimos al Aldi a comprar algunas cosas, y unos bombones para Stiffen que se había portado genial con nosotras, gastándonos unos 3-4€Bajamos a la ciudad y buscamos una parte que se supone que esta llena de graffitis, pero no vimos nada o si lo vimos no era lo que esperabamos. Paseamos de nuevo por el centro histórico, haciendonos unas cuantas fotos chulillas para nuestros books viajeros, y acabamos comiendo en Nytorv al sol, luego obviamente fuimos a nuestro Barissimo donde nos sentamos a calentarnos en un solarium –también conocido como la barra de la cafetería que daba a la calle donde daba un resol que daba gusto-.

 

Tras nuestra parada, fuimos a Christiania, una ciudad libre dentro de Copenhague al más modo ciudad sin ley, anarquista y donde puedes comprar droga como si fuera el Mercadona, de hecho tienen el hachís expuesto que parece Toblerone. La ciudad está llena de graffitis y casas muy alternativas-hippies, y lo único que te piden es: que no corras y no hagas fotos donde está la droga, y que te lo pases bien; de hecho, los camellos están casi todos detrás de una telilla o con la cara semi-tapada por el tema de la policía secreta. La policía se supone que no puede entrar, pero hacen unas dos redadas al año y la secreta entra para ficharlos y pillarlos por la ciudad de Copenhague, donde la droga está prohibidísima. Por tanto, una ciudad bastante curiosa y muy muy chula, además pese a no haber policía, ni control alguno, no hay inseguridad y muy buen rollo. Pese a que temimos por nuestra vida, por una historia cuanto menos graciosa, las tres aventureras conseguimos escapar y salvar nuestra vida de los gambianos.

Volvimos a casa después de una parada en McDonald’s y otra para sacar cien coronas para darle a Stiffen por el transporte, que nos salió al final por 5€ porque somos un poco chanchulleras y tramposas. Tras volver a casa nos compramos un paquete de Digestive por menos de 1€ para sobrevivir al día siguiente. Cenamos junto a otras españolas que acababan de llegar a casa de Stiffen y una austriaca, y ya después de firmar en el gran cuaderno de los couchs de Stiffen y hacernos la foto de familia, nos fuimos a dormir.

IMG_20160217_232502 [31355]

Al levantarnos el último día estaba todo nevado, y como estábamos muy perezosas nos pasamos toda la mañana haciendo el vago hasta que a la una de la tarde decidimos salir de la casa. Como ya no teníamos la tarjeta de Stiffen, decidimos hacer autostop, pero nadie nos paró y acabamos colándonos en el tren –donde menos mal que no nos pillaron porque son cien euros de multa-. Este ya, último día, lo pasamos dando una última vuelta por la ciudad: fuimos perdiéndonos a un parque donde está el castillo de Rosenburg, el cual se supone que inspiró a Shakespear para escribir Hamlet, y allí comimos. Después de una última parada en el McDonald’s y un encuentro con los Gambettas, volvimos a la estación para coger un tren que nos llevaría al aeropuerto por el precio de 5€

Nuestro avión con destino Charleroi saldría con veinte minutos de retraso, pero llegó puntual. Después nos sentaríamos donde el primer día dormimos para terminar con la poca comida que nos quedaba, y ya cogimos el Flibco que nos llevaría a Lille.

Y así es como termina otro viaje, ¿que qué opinamos de Copenhague? ¡Copenhague una mierda! No, tampoco eso, yo como fiel defensora de la ciudad diré que es muy muy normalilla, no tiene mucho de especial y si vas con las expectativas altísimas –como es nuestro caso- pues te llevas un disappointment. Tiene sus paisajes bonitos, como cualquier ciudad, pero los precios altísimos y el frío no nos han entusiasmado mucho; igualmente decir que Christiania es flipante, y dudo que vuelva a ver algo así por el momento. Además, el estilo de vida danés, la conciencia social y su simpatía te encariña con la ciudad; obviamente allí el niño de tres años y el anciano de noventa habla inglés sin problema. Así que tiene puntos a favor, que no todo es malo, ni muchísimo menos.

Pero, como siempre, destacar las risas y la compañía junto con el estilo ratero que hemos llevado este viaje y el hambre que también nos acompañaba continuamente; todo esto ha hecho que los recuerdo sean bastante buenos y graciosos, pese a que dudo mucho que vuelva a esta ciudad.

SONY DSC

Las reinas de Copenhague

Me llena de orgullo y satisfacción decir que he logrado poner el blog al día y que ya dejaré de dar el follón hasta dentro de un tiempo.

Un besazo enorme.

SONY DSC

Marini.

 

 

 

 

 

Carnaval de Dunkerque

¡Buenas tardes de nuevo!

Lo primero, sigo con el plan de poner el blog al día, porque no quiero abandonar esto.

Lo segundo, esto ya no es un viaje –por el momento, que este mes no he parado- y os voy a contar una fiesta que aquí se celebra de una forma bastante particular y donde me lo pasé como una niña pequeña. Se trataba del Carnaval de Dunkerque, que es una ciudad costera al norte de Lille, pero en el mismo Nord Pas de Calais. Este día la gente se disfraza de forma bastante estrafalaria, llena de colores, pelucas, maquillaje y todo lo que pillen de su casa –literal- y salen por las calles de la ciudad, llueva o nieve, borrachísimos –¡cómo no!-. Y claro, nosotros, amantes del carnaval y de toda aquella fiesta que se haga en la calle, no podíamos faltar. Para poneros en situación os animo a que leáis esto con esta canción de fondo.

 

El carnaval dura un mes, desde finales de enero a finales de febrero. Y si lo he entendido bien, los domingos lo montan bien, y dentro de los domingos hay dos fuertes: el domingo de las bandas y los vals, que es al que fui y yo, y el último. He intentado informarme un poco de qué va realmente y tiene muchísima historia, y es de los más famosos de toda Francia, así que además de hablar de la fiesta, intentaré contar un poco cómo va esto –aquí os dejo un enlace en francés por si queréis leerlo, ¡viva wikipedia!-. Supongo que me equivocaré en muchas cosas, pero bueno… lo importante es participar y que lo pasamos muy bien.

En este carnaval puedes ir como quieras, pero siempre maquillado y disfrazado, y a poder ser de la forma más estrafalaria posible. Y puedes unirte a la banda (el pasacalles) cuando quieras, que van cantando y tocando música todo el día.

_DSC0352

Véase la super integración en la banda.

Tuvimos que coger un tren, ya que no había blablacar, a las nueve y media de la mañana. Así que Manolo y yo, resacosos, y abandonando a Teresa a su suerte en Bas-Liévin, huimos a la Gare Lille Flandres bien temprano. En el tren ya nos cruzamos con los primeros que iban al carnaval, que iban ya o borrachos o eso parecían, y entró la policía a echarlos porque no llevaban billete. Nosotros, nos la jugamos comprando un billete con tarifa joven sin tener la tarjeta que creo que es necesaria, pero no pasó ningún revisor. Estuvimos todo el viaje intentando pintarnos la cara como si hubiésemos salido del día del orgullo gay y bueno, algo conseguimos. Ya al llegar, nos reencontramos con el resto mientras nos seguíamos pintando la cara. Aquí os muestro dos make-ups de lo más currados y que próximamente subiré un vídeo a mi canal mostrando: cómo pintar la bandera de Andalucía junto con unos ojos de cajera del Coviran –porque al-Ándalus mi rasa-, y los colores del barça en la frente para un look casual-underground para bajar a comprar el pan:

El resumen del día podría ser: bailar con desconocidos, meternos en ollas y no poder salir, saltar, hacer que nos sabemos todas las canciones francesas, acoplarnos al pasacalles como si fuéramos un nordpascalesiano más… Como se ve en las fotos nos lo pasamos muy bien y mereció muchísimo la pena, además queda comprobado: la gente del norte es la mejor. Es la mejor porque parece que viven borrachos, te integran como si fueras uno más y hacen que te sientas como en casa. Y ya como dato curioso, en el carnaval como llevan las caras pintadas, se saludan con picos y a mi dos franceses me metieron un morreo en la trompa de mi querido disfraz de elefante, pero vamos… lo que me importó.

Tras estar haciendo el canelo por el centro del pueblo, mientras llovía, granizaba y hacían dos grados, fuimos a ver el puerto y después de algunas bajas nos incorporamos: Laura, Ari, Ana y yo al pasacalles. El pasacalles terminaba en la plaza del ayuntamiento donde el alcalde disfrazado salió al balcón y toda la plaza se llenó de gente; entonces, empezaron a tirar arenquesenvasados, menos mal- y la gente cual Bando de la huerta matando por longaniza se tiraba a por ellos, esto es literal: en el vídeo se ve muy bien. Nosotras no conseguimos ninguno, pero una chica nos escuchó hablando español y le hizo a un amigo suyo darnos a probar mientras chillaba: “PROFITAAAR DE LA VIDAAAA”, lo dicho: la gente del Norte es la mejor.

Al final fuimos a descansar al McDonald’s antes de coger el Blablacar, mientras seguíamos bailando con franceses randoms. Así que terminamos el día en la otra punta de Dunkerque, con un frío considerable, después de todo el día bailando y empapadas, con un olor a pescado muerto; pero fue uno de esos días en los que te alegras –aún más si se puede- de haber escogido esta ciudad para hacer el Erasmus y en los que sientes que ya Nord-Pas de Calais ya es más parte tuya. Lo dicho, estoy últimamente muy romántica.

_DSC0245

Por el resto, los días en Lille han transcurrido bastante normales: hemos salido como siempre –rememorando un poco el inicio del Erasmus-, estamos yendo a la universidad y me he apuntado a miles de deportes, así que he empezado a considerar el cambiarme de Derecho a CAFD. No, en serio, no sé a quien pretendo engañar habiéndome apuntado a unas seis horas de deporte semanales. También estos últimos días hemos estado conociendo a muchos franceses, cada cual más raro y guay que el anterior, y nos están enseñando sitios cada cual más raros y guays.

Volveré muy pronto porque me he vuelto a ir de viaje –ooops I did it again- y creo que debería contaros cómo ir a Copenhague y gastarse 65-70€ en tres días, sin morir en el intento.

Un besazo enorme.

_DSC0351

¡ VIVA NORD-PAS DE CALAIS!

Marini.

 

Intermegabus del guasoneo

¡Buenas tardes a todos!

Como estaba viajando poquísimo este mes pues dije: “¿Por qué no ir a Marsella, Lyon y París con Teresa?”. Y así es como comenzó nuestro particular “”interrail francés, en autobús y con demasiadas historias que contar.

Bueno, en realidad, no fue así. Teresa Belén quería venir unos quince días –no vaya a ser que venga menos días y le falten- así que yo la acogí unos diez, y como Bea, una amiga suya, estaba en Marsella quería bajar a verla. Decir que Lille y Marsella están a unos 800 km de distancia, que es carísimo ir y que o te coges un TGV o mueres en el camino. Yo, al principio, le dije que no iba a acompañarla peeeeeeero, –y menos mal que pero porque me llevo historias para hacer ocho entradas de blog- se me ocurrió mirar los desplazamientos con mon chèri Megabus y esto fue lo que encontré (precio para dos personas una semana antes del viaje): Lille-París gratis, sí, gratis porque para qué pagar un Megabus; París-Marsella diez euros, y once horas chulichulis de bus; Marsella-Lyon tres euros; Lyon-Paris gratis; y Paris-Lille gratis. Como veis todo por 13.50€ gastos de gestión incluidos, y claro… ¿cómo voy a decir que no a eso?

Así que Terebe, que es mi gran hamija desde hace ya algunos años, cogió un avión de Poznan a París –y directo a tu corazón- con una mochila como maleta de mano para diez días -aún no sé cómo-; y yo comencé el Intermegabus con dirección a París, donde nos encontraríamos en el metro. Mi autobús tardó más de lo esperado y dejé a Teresa abandonada en Bercy, mientras que la gente pensaba que era una vagabunda y la invitaban a conciertos de David Guetta. Pero la compensé con una gran cena en la súper estación de autobuses compuesta por bocadillos con pan luxury, latas de ensalada mexicana que sólo sabía a vinagre y chocolate con fresas; y así las más aventureras nos subimos en nuestro querido Megabus dirección Marsella… al menos, iba vacío, y las once horas se nos harían algo más cómodas intentando pillar la postura para dormir.

PREMIER ARRÊT: MARSEILLE

El jueves, más guapas y frescas que una rosa, aparecimos en Marsella. Acostumbradas tiempo de Lille y Poznan, allí daban ganas de ir en manga corta, así que empezábamos muy bien. Nos recogió Bea y nos llevó a su casa a dejar las cosas, donde estaba Isa. Desayunamos y comenzamos el turismo.

12642878_10205474954135190_3215089795460732504_n

Las supervivientes del Megabus

Marsella es una ciudad bastante grande, aunque el centro se puede ver andando, y tiene cosas bonitas que visitar. Además tiene playa bonita y clima mediterráneo, así que ya sólo por eso merece la pena ir. Primero, subimos a la catedral en la que se ve toda Marsella desde arriba, entramos a un museo en el que se veía el puerto, paseamos mucho y fuimos a comer un italiano muy rico que se llama Vapiano. Después fuimos a casa a dormir la siesta, ya que el bus nos había pasado factura –el Megabus, mi droga-.

Esa noche, después de cenar, fuimos a la habitación de unos amigos de Bea e Isa a beber vino. Íbamos a ir a un karaoke pero se nos hizo tarde… una lástima que los marselleses no hayan disfrutado de mi melodiosa voz, pero bueno un plan tranquilo esa noche.

Al día siguiente fuimos a Les Calenques, que es un parque natural en la playa muy bonito donde fuimos muy bloggers y nos hicimos muchas fotos. Hay que hacer un poco de senderismo por caminos un poco trambolikos –donde yo me caí, ¡como no!- pero no es para tanto y merece muchísimo la pena.

Esa noche creo que merece una entrada aparte, o quizás debería no contaros nada… o quizás debería resumirla con palabras clave porque en realidad la ocasión lo merece: botellas de vino, cartas, miles de waterfalls, todas mates de todas, buffalos everywhere, trambolismo extremo, queen victoria, carteras vacías, bolas de billar, el, habibi, cervezas robadas, tienes mucha cara, sofás hechos tarimas, lagunacas nivel extremo, moratones, todo muy random, una dormidita, el english train, la almohada, un bar= dos bares y una casa, salut ma belle al día siguiente, muchísimas risas y cosas a las que aún se les busca explicación. Supongo que no habréis entendido nada, pero también supongo que si Isa, Bea o Teresa están leyendo esto estarán riéndose como yo ahora mismo.

12662643_10205481366175487_5218188358611382680_n

Ya en nuestro último día de turisteo por Marsella, después de levantarnos y “recordar” la noche, nos fuimos a comer al McDonald’s –pa’ la dieta-, y fuimos paseando a Longchamps, que creo que era lo único más turista que nos quedaba por ver. Es un monumento con un jardín muy bonico donde están el museo de Bellas artes y de Historia natural. Pasamos una tarde de chilling y tras otro paseo por las calles de Marsella y un café, volvimos a casa.

Ya la última noche fue más relax, volvimos a hacer el mismo recorrido que la noche del viernes y después de reirnos –y mucho– y una buena recena del McDonald’s, nos fuimos a dormir.

No hace falta decir que el viaje a Marsella será un viaje que recuerde con muchísimo cariño y con muchísimas risas cuando piense en mi Erasmus. Quiero agradecer a Bea y a Isa el acogerme y decir que saben que tienen su casa en Lille para cuando quieran pasarse por aquí; y bueno que si en el Queen Victoria les ponen problemas, volveremos para poner orden.

DEUXIÈME ARRÊT: LYON

El domingo partimos a Lyon para seguir nuestro gran tour. Para ahorrar de hotel, una buena taiwanesa llamada Sylvia –o Champín según su DNI taiwanés- nos acogería en su casa. La sorpresa fue que nos acogía en su habitación del CROUS y que ella dormiría en el suelo en la habitación de una amiga suya, como siempre los taiwaneses tan sorprendentemente serviciales y simpáticos.

A nuestra llegada fuimos con los amigos de Sylvia a cenar, era una curry night y nos hinchamos a comer comida riquísima. Estuvimos hablando de Taiwan, de España, del Erasmus, de Lyon, de Lille, de los viajes, de la comida etc… fue una noche bastante entretenida donde volví a hablar inglés –aunque ahora parezca más una malformación anglosajona que otra cosa-, y se comprueba la teoría de que los taiwaneses son todos un amor y que te ceban a comer. Lo mejor de la noche fue que Teresa y yo para premiar su hospitalidad hicimos una tortilla de patatas que da tanta pena que creo que después de que publique la foto me retirarán la nacionalidad española, pero que conste que: de sabor estaba bien, la sartén no era la adecuada y había demasiada patata para tan poco huevo.

Al día siguiente salimos temprano para hacer turismo por la ciudad. Lyon es una ciudad grande pero asequible para recorrerla andando, se divide en tres partes gracias a los dos ríos que la cruzan: Ródano Saona, los que se unen al final de la ciudad. De esta manera, empezando por el este tenemos: la parte más residencial de la ciudad, el centro y ya la parte más antigua que es preciosa.

12647461_10205491133059653_341085384675891541_n

Y aquí estamos las xuliyas vestidas con los mismos colores porque somos muy gemeliers.

Como nosotras vivíamos al este: recorrimos todas las partes. Cruzamos la place Bellecour y fuimos dirección al Vieux Lyon, subiendo por calles súper monas y parándonos en cada mirador, para acabar en la catedral. Tuvimos bastante suerte porque nos hizo muy buen tiempo y el solecico se agradecía muchísimo. Bajamos por la parte norte de la ciudad haciendo un recorrido por el ayuntamiento, la plaza de la Comedia y la calle comercial; y después de una comida en nuestro querido McDonald’s –en el que ya somos VIPs- dimos un paseo por el Saona, donde pisé una mierda y fue el día con más suerte de mi vida.

La tarde fue tranquila y tras un café en McDonald’s de nuevo, decidimos volver a casa. Nos perdimos muchísimo y aparecimos en la otra punta de la ciudad, pero bueno así vimos la gran universidad de Lyon que la iluminan por la noche y queda de manera que no sabes si es un puticlub o una discoteca.

En nuestro último día en Lyon decidimos ir a París un poco antes, pero el autobusero de Megabus además de que llegó tarde no nos dejó y nos quedamos de turismo por la ciudad. Sylvia nos había recomendado un parque-zoo –como le gustan estas cosas a los franceses- y después de un paseo por la ribera del Ródano y un último por el centro de la ciudad, volvimos a nuestro querido Megabus dirección: París.

TROISIÈME ARRÊT: PARIS

Después de unas seis horas en el maldito Megabus, albaricoques en almíbar, bocadillos y búsqueda de novios leoneses que no volveremos a ver: llegamos a París. Nuestro hostal estaba cerca del Canal de San Martín y se llamaba: Elevator Hostel, el precio fue de 15€ por noche, que estando en el centro de París no es nada caro. Además es bastante lujoso y limpio, lo único malo es que no hay cocina y se supone que no puedes meter comida del exterior y no dan ni desayuno, ni toallas –lo que hizo que utilizáramos un jersey como tal-.

Esa noche cenamos tacos de lechuga con ensalada mexicana porque somos las más sanas –y las más cutres- y nos hicimos hamijas de un marroquí de la habitación. En la misma habitación también teníamos a un viejito que vivía ahí –o eso parecía- que tenía un calentador de agua portátil y se hacía sopas, y que miró a Teresa muy muy raro mientras se comía una mandarina; el buen hombre era un poco rarillo, pero majo, nos dio un mapa y nos indicó qué visitar y por donde evitar pasar.

Tras la suculenta cena, decidimos ir a dar una vuelta paseando por el Canal de San Martin hasta République con nuestro nuevo mejor amigo el marroquí del hostal. Estuvimos hablando con él de muchas cosas en francés-inglés y nos perdimos muchísimo, pero como paseo nocturno estuvo bien.

Al día siguiente nos levantamos mínimamente temprano para hacer el free tour, que salía desde Notre Dame y así veríamos toda l’Île de France. La verdad que como siempre digo, los guías suelen ser un amor, lo explican todo genial y sales enamorada de la ciudad; pero esta vez no sólo salimos enamoradas de la ciudad, sino también del guía, lo que tiene como resultado que ahora seamos unas expertas en París y que esté dispuesta a hacer el tour cincuenta veces más –pese a que esté cansada de ir a París y ver la Torre Eiffel y lo de siempre mil veces-. El guía para vuestra información y por si algún día vais a París y hacéis el tour se llama Hugo y es gallego, el hombre se lo curra muchísimo y se merece que le deis una buena propina –le dimos más de lo que solemos dar y todo-. Pero bueno fuera de bromas ya, nos explicó todo lo que viene siendo el centro de París durante unas tres horas y media, que en ningún momento se hicieron pesadas, y te deja más enamorado de París –sí, es posible-.

Terminamos en el Louvre y fuimos por la Place de la Concorde hasta la Torre Eiffel, pasando por el Pont d’Aleixandre III y les Invalideshaciéndonos las ochenta fotos correspondientes-. Luego fuimos al Arco del triunfo y paseamos por los Campos Elíseos para terminar en un Quick donde comimos a las cuatro de la tarde –que ya está bien- ya que había hambre y llovía.

Después de comer fuimos a ver la Torre Eiffel iluminada y fuimos dando un paseo por el Sena al barrio Latino; allí decidimos ir a Montmatre a ver le Moulin Rouge, ya que parece otro de día y de noche y es bonito ver el contraste. Volvimos a casa con la mala suerte que después de no pagar ni un metro en todo el viaje nos multaron en la mierda de parada de metro del hostal y no pudimos escapar de los revisores, COLONEL FABIEN TE AMO.

12642797_10205531443187381_3073705941928381576_n

Feliz antes de que nos pillaran los fuckings revisores.

Así que esa noche celebramos la multa con unos sándwiches y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, nuestro último día en París, volvimos a Montmatre donde subimos hasta el Sacre Coeurdonde por cierto me encontré con una amiga de la guardería, el mundo es un pañuelo-. Bajamos haciendo el recorrido que haría Amélie y nos comimos una tarta muy rica, para después de ver le Moulin Rouge, esta vez de día. Cogimos el metro y fuimos hasta la Ópera, donde subimos al mirador.

Para terminar nuestra visita fuimos al Louvre; entramos para ver la parte egipcia y de Babilonia –no había tiempo para mucho más- y fuimos a ver la Mona Lisa y la muralla china que la rodea. Comimos en el McDonald’s, donde perdí la tarjeta de crédito, y volvimos al hostal para recoger nuestras cosas e ir al Blablacar en la otra punta de París.

Y ¡cómo no! Llegamos tarde al Blablacar y casi nos dejan en tierra, y ya para rematar hubo un atasco que hizo que llegáramos a Lille tres horas después.

QUATRIÈME ARRÊT: LILLE

Y así fue como un lluvioso jueves llegamos a mi querida Lille a las nueve de la noche. Le preparé a Teresa un bonito Colin de Alaska -una de mis especialidades- y empezamos a beber en Bas-Liévin con Chiqui y Laura. Como era la fiesta de bienvenida Erasmus, cogimos el autobús dirección el centro. Lo malo fue que Teresa no se había tomado la Biodramina y la pobre se mareó mucho, así que al poco rato tuvimos que volvernos a casa.

Al día siguiente Teresa se quedó recuperándose del viaje en autobús y yo lo invertí en cosas provechosas como ir a Auchan y hacer que voy a la Universidad con Manolo y acabar en un kebab. Tengo que decir que le hice a Teresa el mejor cous-cous de su vida –ahora que soy medio mora- pese a que antes intenté hacerle una sopa de sobre y la quemé, que no puedo renunciar a mis raíces de pésima cocinera.

Esa noche después de beber sola –al más modo viaje de estudios- quedé con Ainara en ir al centro a tomar algo; pero, por cosas de la vida, nos encontramos a Ariadna y a una amiga suya francesa y nos llevaron a un antro muy antro donde tuvimos una noche de lo más random y divertida.

Ya si que hicimos turismo por Lille el sábado, le enseñé a Teresa la Citadelle, le Vieux Lille, la Grande Place, l’Opéra y lo más importante: el Rihad y su gran Pizzwich. El Rihad es un restaurante al que vamos siempre que queremos cenar fuera, en relación calidad-precio no hay otro igual en Lille –ni en el mundo- y tienen el Pizzwich: es una especie de pizza riquííííísima que vale seis euros con patatas fritas y comen dos personas, además todo acompañado de une carafe de l’eauaka una jarra de agua gratis- que por cierto, en Francia no pueden negarse a dártela. De esta manera comes bien y barato en el centro de Lille en un restaurante sin pinta de kebab de mala muerte, además con variedad de platos, pero yo es que soy demasiado fiel al Pizzwich como para variar lo que pido.

Seguimos paseando llegando a la Gare Lille Flandres, siguiendo por la parte comercial de Lille y terminando otra vez en la Grande Place donde quedamos con Ainara. Seguimos hacia Porte de Paris y el ayuntamiento, y fuimos a République donde nos paramos en la Farafina a tomar una cerveza.

reEsa noche fuimos a Le chat qui fume a comer el típico welshcomida obligatoria y más que recomendable aquí en Lille- aunque a mí me gustó más el de la Chicorée. Después se nos unió Manolo para salir un poco esa noche. Nos recorrimos el 80% de los bares de la Vieux Lille y Solférino para tomarnos algo de tranquis, pero estaba todo lleno y acabamos en el Speakeasy tomándonos una cerveza de esas de 10 grados que te dejan tramboliko. Esa noche nos echamos unas buenas risas, ya que era la última de Teresa, y me hicieron un poco de bullying recordando viejas glorias del Erasmus. Acabamos en la Latina y volviendo a casa casi a las cinco de la mañana, recenando un café de la máquina de camino a Bas-Liévin y un cappucino –todo junto, mi droga-, donde decidí que era buena idea hacer rollitos de primavera para la comida del día siguiente.

Y aquí termina nuestros diez días de Interrail francés donde ha habido de todo, tanto bueno como malo, aunque está claro que las risas y los momentazos han hecho que los cincuenta euros de la multa me duelan mucho menos. Un viaje donde ambas pensábamos que íbamos a acabar hartas la una de la otra y que iba a ser mucho más presidio soportarnos, pero está claro que no ha sido así. Voy a recordar con muchísimo cariño este viaje y todo lo que hemos vivido, los paseos hablando francés en los que casi te tiro a la carretera y las LARGAS esperas. Y que está claro que la distancia nunca será un problema para nosotras. Muchas gracias por todo Terebe, y deseando de otro viaje tan xuliyo como éste –aunque sea difícil-.

Hay que ver que melancólica me pongo últimamente con las entradas del blog, a ver si ahora voy a ser una romántica <3.

Un besazo para todos y hasta pronto, que aún tengo muchas cosas que contar.

SONY DSC

Marini.

 

 

Voyage à Budapest

¡Buenas noches mis followers!

Después del viaje a Ámsterdam, tocaba otro viaje planeado desde hacía ya algún tiempo: BUDAPEST. Ariadna encontró unos vuelos muy baratos para enero –por 20€ l’aller-retour– y el flibco de ida nos salió por cinco euros. Y aunque el de vuelta costaba once, Laura y yo –como somos unas xuliyas– cogimos el de una hora y media antes, con la gran incertidumbre de saber si el conductor nos dejaría subir o no, el desenlace está al final de la historia, puede ser que sigamos en Charleroi o de camino en peregrinación a Lille.

JOUR 1: 21 DE JANVIER

A las 6 de la mañana, cinco valientes y somnolientas mozas se montaban en el Flibco dirección Charleroi, mientras que otra lo hacía en Blablacar.

El vuelo fue muy bien –cómo no iba durmiendo– y en dos horas estábamos en el aeropuerto de Budapest. Luego cogimos un autobús que nos llevó a un centro comercial, pasando por los campos húngaros, y allí cogimos un metro que nos llevó a otro sitio guiados por un viejito adorable, finalmente cogimos un metro que nos llevó a la plaza Oktogon donde estaba nuestro hostal. Hay que decir que fue el único billete que pagamos en todo el viaje porque somos unas malotas.

El hostal se llamaba Avenue hostel y estaba genial genial, muy céntrico por 6.90€ la noche en una habitación de doce personas. Además con esa gran cantidad venía incluido: desayuno, toallas, ropa de cama, manzanas, café y té gratis todo el día y la cocina y los baños muy limpios. Después de comer en el McDonald’s fuimos a dar un paseo, acabando en la Plaza de los héroes. Allí vimos uno de los mejores atardeceres de mi vida, dimos un paseo por el castillo y nos refugiamos en el museo –porque hacían unos menos diez grados y estábamos en proceso de congelación-. 

Esa noche cenamos en el hostal y conocimos a dos mozuelos chileno y argentino y quedamos en ir con ellos a un bar de ruinas que se llama Szimpla a tomar algo. Los bares de ruinas están en el Barrio judío y son los típicos que tienen cada cosa de su padre y de su madre –a lo Republika en Murcia pero a lo bestia-. Este bar es el más típico, pero también fue el que más nos gustó, tiene bastantes salas y hay cachimbas, futbolines, vino, cerveza barata etc…

12549129_10208999118963144_820041071662083128_n

Lo mejor es que no estábamos jugando, pero viva el postureo y las caras de concentración.

JOUR 2: 22 DE JANVIER

Esa mañana nos levantamos temprano para ir al Balneario Széchenyi que son las típicas termas a las que todo el mundo va cuando va a Budapest. Son bastante grandes y hay una parte exterior –con el agua ardiendo y que da un gusto que te mueres cuando fuera hacen menos diez grados- y una parte interior -que huele bastante mal y dan un poco de grimilla algunas piscinas-. El precio son unos trece euros y te da derecho a estar todo el día haciendo la ameba ahí.

Así que allí fuimos la Panyagua y yo a ver qué se cocía -y nunca mejor dicho-, y nos topamos con un compañero de habitación mexicano que al final se hizo nuestro más amigo y viene a Lille la semana que viene. Al rato vinieron el resto y comenzamos a explorar todas las piscinas: entramos a las piscinas interiores, en las que había muchas con temperaturas diferentes, a las saunas –que había una con menta que parecía eso el paraíso Vik VapoRub- y al baño turco. El problema es que entre que olía demasiado a humedad y había algunas con el agua verde, pero había un par que estaban bastante bien. Ya, pasamos el día rodeadas de abuelitos húngaros, gente random con gorros de pelo en las piscinas y una mujer con la cara muy rara.

Por la tarde, para ver atardecer, volvimos a las exteriores. Y como hacía tanto frío cuando salías de la piscina podías o bien, morir congelado, o resbalarte con el hielo que había en el suelo; pero pese al frío y a que las toallas no se secaban, ninguna pilló una pulmonía.

IMG_20160122_174133 [27295].jpg

Al final salimos de ahí como si nos hubieran pinchado ocho tranquilizantes y fuimos al hostal a cenar. Esa noche salimos con el grupo latino del hostal, nos juntamos: unos mexicanos, un argentino, un belga random, una americana que hablaba español mejor que yo y se nos unió otra catalana. Fuimos a otro bar de ruinas que nos habían recomendado, pero como nos había gustado más el Szimpla y no había sitio, volvimos a él. Estuvimos un ratillo y volvimos a casa porque estábamos algo cansadas.

12509372_10208999113683012_3972368621860782348_n

JOUR 3: 23 DE JANVIER

Al día siguiente, tras el gran desayuno del hostal, nos fuimos al Free Walking Tour que bueno… la verdad es que no quedamos muy satisfechas, quizás fue porque había mucha gente, pero al menos vimos toda Buda y nos contaron cosas muy curiosas de la ciudad. Nos llevó por el puente de cadenas, subimos al castillo, vimos el bastión de los pescadores y la catedral; vimos también la parte de Buda desde arriba y la parte del Parlamento.

Después fuimos a comer a un sitio que nos había recomendado el guía que se llamaba Fricy Papa y que por seis euros comimos: un champiñón frito, un plato de goulash con noodles –lo típico de ahí que es una carne estofada muy rica- y un postre, con una copica de vino que es buena para la salud y café. La verdad que Budapest es una ciudad muy barata para comer –el alcohol ,bueno para lo que estamos acostumbradas en Francia, también, aunque no tanto como Polonia-. Así que yendo de viaje low cost también nos podemos permitir el lujillo, que merece la pena.

IMG_20160123_151221 [27296]

Sé que en la foto no parece muy apetitoso, pero lo es.

Así que después de la comida y con la fresca nos fuimos Ariadna, Viqui y yo a hacer un tour por el Parlamento y la orilla del río. La verdad que andamos muchísimo, y de repente EMPEZÓ A NEVAR. Yo, murciana, la primera vez que veía nevar y cuajar –en Lille nevó muy poco en noviembre- y estábamos súper contentas aunque hacía mucho frío.

Después de cenar y jugar al Dixit decidimos que estábamos muertísimas para salir. Pero claro, Ariadna quería y decía que llevábamos diciendo todo el viaje que íbamos a salir el sábado para ahora no ver ni cómo es la fiesta en Budapest… y claro, como soy una maldita liada acabamos bebiendo el vino, haciendo miles de vídeos con los súper efectos de mi móvil y yendo al Instant. Es una discoteca muy guay y grande, con sala de reggae, comercial, techno para metíos y techno más normal. Así que sí, menos mal que salimos, porque mereció la pena. Fue una noche muy random, con muchas risas, bailes raros, techno 24/7 y payicos más raros aún, vamos lo que viene siendo una buena noche.

IMG-20160212-WA0043 [28767]

Nosotras emocionadas porque se sale

Pero lo mejor de la noche, sin duda, fue llegar al hostal y ver que en la habitación de doce personas, la payica que dormía encima de Marta había decidido que esa noche era fiesta y claro… les acompañamos todo el polvo nosotras, porque ¿para qué parar si acaban de llegar cinco chicas de fiesta? Además después de la fiesta, roncaban al unísono y pese a que Marta hacía el llamamiento de las cabras para que pararan, no funcionaba mucho.

JOUR 4: 24 DE JANVIER

Esa mañana Laura me despertó y, sorprendentemente, pude levantarme llena de vitalidad –aun nos seguimos preguntando el origen de esa vitalidad pese a no dormir y haber salido-. La verdad que creo que fue porque estaba todo nevado y yo me emocioné cual niña de tres años el cinco de enero por la noche.

Empezamos el tour viendo el Parlamento, que no lo habíamos visto de día, el paseo por el Danubio y subiendo a la Citadella húngara. Laura iba con unas botas con una suela más fina que mis zapatillas de andar por casa –porque en Granada van así por Sierra nevada repartiendo romero- y llevaba los pies calados, pero como somos las más recursos se metió los pies en bolsas de plástico y así impidió que se le engangrenaran y los perdiera. La verdad que aún no sé cómo aguantó la subida… bueno, sí lo sé, porque íbamos haciendo un súper reportaje messy photos y super book para las próximas 800 fotos de perfil de Facebook, al más estilo blogger de moda. Pero es que estaba todo tan bonito, y era tan Narnia, que era inevitable no hacerlo.

Ya quitando la coña de las fotos, mereció mucho la pena subir, las vistas son increíbles y el camino es bastante ameno, aunque luego la niebla te fastidie las vistas.

Ya después del gran paseo, volvimos al hostal y nos tomamos una sopa de avecrem con fideos de trozos de spaguetti –todo cogido prestado del hostal- que al estar toda la mañana a menos quince grados nos puso la cara cual tomate y nos sentó algo mal, pero bueno a caballo regalado no le mires el diente y lo que no te mata te hace más fuerte.

Esa tarde-noche la pasamos en el hostal ya que nos íbamos al día siguiente y hacía demasiado frío para salir, además de que estábamos matadas.

JOUR 5: 25 DE JANVIER

Y así fue como un lunes de invierno a las 4:30 am un taxi se olvidó de recogernos, cogimos otro, el hostal nos dio dinero por si costaba más, costó menos y desayunamos gratis en el Burger King.

Luego fuimos a la parte donde se cogen los vuelos low cost –aka la parte comunista de la otra punta del aeropuerto-, donde te dicen que estás en un polígono industrial y te lo crees. Ya después de la peregrinación al avión y el frío del demonio, nos sentamos en nuestro querido Ryanair. Y como siempre, sin haberlo planeado: desperté en Charleroi.

En el aeropuerto despedimos a Marta, que volvía a España, y sí para los que os interese: ¡pudimos volver a Lille en el Flibco! Bonito desenlace inesperado de la historia, ¿verdad? También pudo volver Ariadna, que como le cancelaron el Blablacar, se la jugó a buscar a unos amables franceses que le llevaran.

Y así ha sido nuestro último viaje Erasmus todas juntas –ya que seguro que viajamos más en otra ocasión-, ya que Marta y Viqui han vuelto a casa por el fin del cuatrimestre. Me ha gustado muchísimo que el último fuera en esta ciudad tan bonita, que me ha enamorado y que recomiendo fuertemente a todo el mundo; aunque hiciera muchísimo frío, me ha encantado y la considero como una de las más bonitas de Europa.

Finalmente, decir que me alegro mucho de este viaje, de haberos conocido a todas, de las risas y todo lo que hemos pasado juntas. Cuando te vas de Erasmus dices aquello de: “pero yo con españoles no ¿eh?” y bueno, se pueden hacer amigos de todos lados, porque hay gente increíble en Brasil o en México, pero también la hay en diferentes ciudades en España y sin este Erasmus no las hubiera conocido. Muchísimas gracias a todas y que sepáis que nos quedan grandes reencuentros, el primero en Murcia para que comprobéis que es la mejor del mundo, pero tengo que conocer: Zaragoza, Barcelona, Estepa, Granada y Torrelodones –siempre y cuando Marta conozca a gente allí-.

Lo dicho, me despido con este pasteloso final y volveré muy pronto con otro viaje.

Un besazo enorme.

IMG-20160212-WA0047 [28771]

Marini

 

 

 

Voyage à Ámsterdam

¡Buenos días!

Ahora llega el momento en que Marina os presenta una entrada cada día porque no quiere abandonar le blog y tiene mucho, pero mucho que contar.

Lo primero, LO HE APROBADO TODO, y con una media de siete. Así que estoy bastante contenta, ya que va a bajarme la media española, pero no tanto como pensaba y además porque los exámenes no me salieron del todo bien, así que a ver que nos depara el segundo cuatrimestre.

Como sabéis por mi anterior entrada, el quince de enero –por fin- terminé los exámenes. Y como quería celebrarlo por todo lo alto, después de una cena en Moulins y un cieguillo bastante gracioso, partimos a Ámsterdam en un autobús a las 4:40 de la mañana.

Día 1: 16 de Enero

El viaje no sé ni cómo fue ya que me dormí a las 4:41 y desperté nada más llegar, así que digamos que bien. A nuestra llegada nos sorprendió un frío –del demonio- que nos acompañaría todo el viaje y que me recuerda que debería de dejar de hacer viajes al norte e irme al sur-que soy de Murcia, eso no lo puedo olvidar-.

Nos dirigimos a la Centraal Station en tranvía para ir al hostal, que estaba bastante bien situado, así que por primera vez en la vida llegamos sin problemas. Como era muy temprano dejamos las maletas en la consigna y nos fuimos de turisteo, llovía y pseudo nevaba así que fuimos a desayunar a Hema –aunque llegamos tarde a la oferta de 2€ el desayuno-. Nos dirigimos hacia la Plaza Damn donde descubrimos que había free tour y en español. Así que nos unimos a un grupo de unas treinta personas, con un guía de Albacete que fue a aprender inglés y al final se acabó quedando. Como siempre los free tour son la mejor opción para conocer las ciudades, aunque nuestro presupuesto siempre es ajustado y cuando vas a darles la voluntad que te piden te miran con cara extraña. El tour duró unas tres horas y media –el hombre se lo curró pero bien- y aunque ya había estado en Ámsterdam, aprendí muchísimas cosas. Así que si algún día vais que os toque el guía de Albacete, porque no me acuerdo ya de su nombre, que aprendes muchísimas cosas y te recomiendan cosas muy guays.

SONY DSC

Después del tour fuimos al Mercadona holandés, que se llama: Albert Heijna comprarnos la comida. Y esa tarde nos echamos una buena siesta rodeadas de indios en nuestra bonita habitación, ya que la noche había sido dura y queríamos salir algo por la noche.

Por la noche se nos unió Manfredi al viaje, y después de cenar lo que nos había sobrado de la comida, fuimos al Barrio rojo, aquel sitio que lo ves de noche y de día y parecen sitios totalmente diferentes. Después de buscar varios bares donde quedarnos y no encontrar sitio, acabamos haciendo un tour por los Bulldogs en el que estuvimos: en dos bares-coffeshop y una discoteca-coffeshop. Y después de unas buenas risas, de hablar sobre el tour de los kebabs de Manolo, del Rihad y de cosas que ya no recuerdo, volvimos a nuestro querido hostal con un frío del demonio.

Día 2: 17 de Enero

Nos despertamos y fuimos a desayunar a nuestro querido Albert. Después de cruzar la ciudad, pararnos en mil escaparates y hacernos otras cuantas fotos llegamos al Mercado de las flores . Y después fuimos al Vondelpark, un parque céntrico donde se respira paz y te dan ganas de hacer footing, y donde curiosamente y para respetar que es el parque hippie de la ciudad, se puede hacer el amor al aire libre –y también mirar-. Allí, con los patos y a la fresca, comimos.

Después de comer fuimos a tomarnos un café y al Reijkmuseum a verlo por fuera y hacernos la típica foto postureo, ya que los museos en esta ciudad son carísimos. Y como no, acabamos en nuestro querido Bulldog, pero otro más grande, tomando un café y algo más. Allí nos echamos más risicas y terminamos la tarde bastante bien.

12633704_943930229032714_4634050691466703507_o

Casi nos subimos a las letras pero nos pasabamos de postureo

 

Como acabamos sobre las 21h y hacía bastante frío, volvimos al hostal y ya pasamos la noche ahí-aunque siempre quedará la historia en la que Marta se caía de la cama de lo ciega que iba y que yo dormí con un negraco-. Estuvimos hablando con nuestros vecinos los indios un rato y nos fuimos a dormir.

Día 3: 18 de Enero

Nos levantamos y fuimos a desayunar a la recepción, ya que había que hacer el check-out y toda la pesca. Mientras Marta solucionaba que había perdido el DNI, nos quedamos de chilling en el hostal rodeados de la gente extraña que parecía que vivía ahí y el café y té gratis.

Después volvimos a las calles de las tiendas que nos había enseñado el guía el primer día, ya que era lo último que nos quedaba por ver, y a subir a un mirador que está dentro de una especie de área comercial. Subir es gratis y se ve todo muy bonito, ya que las casas de Ámsterdam son bajas, y como no había gente nos quedamos sentados un rato al sol.

SONY DSC

Ya para terminar nuestro viaje volvimos al Barrio rojo para verlo bien de día, ya que como he dicho antes: parece otro. Y después de comer en la orilla de un canal, entramos a la Universidad de la Marihuana –sí, existe, y está llena de libros e investigaciones- donde hay un hombre que lo sabe todo, y le puedes preguntar lo que quieras. Nos recomendó unos cuanto coffeshops menos turísticos, y fuimos a despedir Ámsterdam como se merece a uno que se llamaba Green garden que estaba decorado al más estilo al-ándalus e indio todo junto. Y lo dicho, más risas.

SONY DSC

Después de una cena en nuestro querido Burger King con la oferta de menú a dos euros, cogimos el Megabus que nos llevaría de vuelta a Lille. Donde volvimos a casa en bici y con la maleta, porque somos unos deportistas natos.

Sin duda Ámsterdam es una ciudad que por mucho que la visites y aunque sea pequeña, siempre da gusto volver. No sé si es el encanto de los canales, la personalidad de su gente, sus calles que parece que han salido de un cuento o un conjunto de todo; pero es verdad que no todo son drogas y putas, aunque es algo que le da un toque diferente y curioso a la ciudad.

Así que bueno, otro viaje para el recuerdo -aunque nos volvamos a ver en 19 días- y muchísimas risas.

Un besazo y volveré pronto, que aun queda por contar Budapest y el Intermegabus.

Marini.